Fordstable: historia de una ciudad americana (IV)

Puedes encontrar la historia de Fordstable desde su establecimiento como un puesto avanzado maderero aquí y su posterior consolidación como la gran ciudad de West Sylvania aquí. Los hermosos años de la City Beautiful que la embellecieron se cuentan aquí.

Así era el acceso a la Fordstable en tren en 1937

CAPÍTULO IV: LA CIUDAD ORDENADA

 

Durante todos estos años en los que la ciudad cambiaba a la vista de todos añadiendo hermosos monumentos, arboledas y avenidas se desarrollaba en un segundo plano otra revolución urbanística. Una mucho menos vistosa, nacida entre papeles en despachos y completamente distinta a la imagen heroica del arquitecto-artista embelleciendo la ciudad para orgullo de sus ciudadanos. En los años de crecimiento veloz de la ciudad durante la década de los 20 llegaron a la ciudad empezaron a cobrar fuerza una serie de ideas.

Veréis, Estados Unidos es un país con un ritmo y una velocidad muy particulares. Frecuentemente se comporta como una sociedad conservadora, aislacionista, celosa de sus tradiciones y suspicaz ante al cambio. A la vez es una sociedad dinámica donde surgen movimientos culturales y se inventan cosas nuevas todo el tiempo. Y cuando la sociedad decide adoptar un cambio a menudo lo abraza a una velocidad sensacional.

Algo así sucedió con lo que se dio en llamar “planificación urbanística racional” y en particular con una de sus herramientas, el “zoning”. Hija del positivismo y el racionalismo, tuvo sus primeros desarrollos en Europa, en particular en Alemania y en Suecia. Pero lo que en Europa fue una herramienta dentro de un conjunto de estrategias más complejas en Estados Unidos se adoptó con pasión como solución a todos los problemas.

Hasta entonces los planes urbanísticos, cuando había habido alguno, no habían cambiado mucho desde tiempos de la Grecia clásica. Ejes, perspectivas, órdenes, geometría, composición de fachadas. El arte y la proporción eran el criterio principal pero después podías encontrarte un poco de todo. Burnham no era muy diferente en el fondo de Sixto V en la Roma del siglo XVI o Hipódamo de Mileto en el V a.C.

Pero la nueva ciencia había llegado y muchos decían que la ciudad había sobrepasado todas esas técnicas antiguas. Lo que en tiempos antiguos habría sido una gran metrópolis ahora se daba por todas partes. La gente iba y venía todo el tiempo, el ferrocarril y los tranvías cruzaban las ciudades. Incluso el coche, aunque al principio tímidamente, empezaba a ganar espacio. Simplemente no era suficiente con poner a un artista a pintar fachadas bonitas. La ciencia debía hacerse cargo.

La ciudad racionalista moderna.

La primera comisión de urbanismo había abierto en Connecticut en 1907. En 1909 empezaba el primer curso de planificación urbana en Harvard y se celebraba la primera Conferencia Nacional de Planeamiento. En los años 20 se convirtió en un movimiento imparable y ampliamente discutido en las escuelas: planificadores, ingenieros, expertos en salud pública, trabajadores sociales. Como hemos dicho antes el país había crecido tanto que ya era imposible gobernarlo con las ideas de la República Agraria que sus Padres Fundadores habían concebido y se estaba llevando a cabo un proceso de burocratización y racionalización del Estado, y esta era sólo una de sus vertientes.

El planeamiento científico bebía de muchas fuentes y prometía muchas cosas. Utopístas, socialistas, comunistas y otros ideólogos veían la solución a los problemas de la vivienda obrera, el transporte, las condiciones de vida. Otros creían tener la herramienta para regular el tráfico y los flujos en la ciudad. Algunos simplemente se dieron cuenta de que ese movimiento iba a ganar y quisieron estar en el lado ganador. En lo que si estuvieron todos de acuerdo es en que harían falta más datos, más estudios, más estadísticas. Los departamentos de planeamiento pasaron a ser personal permanente. El “planeamiento integral” que abarcarse saneamiento, tráfico, vivienda, comercio, ocio, todo; no sólo era posible sino que era necesario.

La ciudad planificada de Partizanske, Eslovaquia, 1938
Propuestas tempranas y radicales de ciudad racional moderna.

Y la campaña contra el City Beautiful empezó: Benjamin Marsh, nacido en Bulgaria, escribió el primer libro americano sobre urbanismo, “An Introduction to City Planning: Democracy’s Challenge and the American City”, donde defendía el modelo de Frankfurt y hacía un potente alegato por el zoning, los impuestos al suelo y el control municipal de terrenos sin desarrollar. Fundó el influyente Comité de Congestión de la Población en Nueva York y empezó a atacar el City Beautiful argumentando que era un movimiento cegado por la estética, socialmente primitivo y poco eficaz. Hizo campaña con fervor por todo el país. No lo tuvo todo fácil, especialmente porque la gente de negocios no veía muy bien la idea de los impuestos del suelo, pero su visión quedó fuertemente implantada y cambió totalmente la forma de planificar.

La solución del CCP para la congestión en Nueva York: todo el mundo en viviendas unifamiliares.

 

 

UN PROBLEMA COMPLEJO, UNA SOLUCIÓN SENCILLA

 

En 1909 Los Angeles promulgó el primer plan moderno que utilizaba el zoning como instrumento. Y en los años 20 el 60% de la población urbana vivía ya bajo algún tipo de forma de zoning. Un éxito arrollador, sin precedentes.

¿Iba Fordstable a librarse de este movimiento? Por supuesto que no. Ya en 1922 la Universidad de West Sylvania tenía su propia escuela de planeamiento, con profesores formados en la ilustre Nueva York. Iluminados con las posibilidades, hicieron grandes esfuerzos por ilustrar a los funcionarios y a los inversores en la ciudad de en qué consistían las nuevas tendencias. Porque muchos se preguntaban lo que quizá os preguntáis algunos. Y es que esto del zoning… ¿qué es?

Pues es muy sencillo, en realidad. Consiste simplemente en asignar a una parcela o solar un uso concreto. La división más básica es “industrial-comercial-residencial”, pero lo normal es que haya muchos subtipos según densidad: varios tipos de residencial, usos de industria, otros usos como equipamiento o parque o aparcamiento… Además, se usan a menudo otras restricciones como alineamientos de fachada, alturas máximas y (esta volverá luego) tamaño mínimo de parcelas.

Se supone que iba a permitir ordenar las ciudades en una época de crecimiento bestial y super veloz, a la vez que dotaría de estabilidad y seguridad a las inversiones en patrimonio. Vaya gracia construirte una casa y que mañana al lado abran un matadero de ganado, ¿no?

Pero desde su primerísimo uso se pudo intuir otra de las motivaciones (no la única, claro) que ayudó a su éxito. En la pequeña ciudad de Modesto, en California, se legisló en 1885 la prohibición de las “lavanderías industriales” en el lado de las vías de tren que daba a la ciudad. Se argumentó entre otras cosas el ruido y los prejuicios para la salud pública. Sin embargo es difícil obviar un aspecto: esas lavanderías estaban regentadas por inmigrantes chinos. ¿Casualidad? Lo veremos más adelante.

Pescadores chinos en Monterrey, California

Unos años después la batalla en Nueva York fue doble. En 1915, bajo la enorme presión por aumentar el valor del suelo en plena especulación galopante se construyó el Equitable building. 170 metros de edificio, 38 plantas, 110.000 metros de superficie, el mayor de su tiempo, ocupando una manzana entera de la ciudad. Proyectando 28.000 metros cuadrados de sombra, condenando a su vecino, el Singer building, a estar en sombra permanente hasta la planta 27. Y eso fue demasiado. La ciudad protestó amargamente, los ciudadanos lamentaban las calles sombrías y encañonadas, los propietarios vieron bajar tremendamente el valor de las plantas bajas de los edificios. La polémica, inflada por los periódicos, llevó a instaurar las famosas normas de “retrocesos” de los edificios altos, que deben irse escalonando a medida que ascienden para permitir pasar la luz.

El Equitable Building
Las famosas y sombrías envolventes que delimitaban ahora el volumen de los rascacielos.

La otra parte de la batalla urbana se dio nada menos que en la quinta avenida. Sus millonarios habitantes y las lujosas tiendas veían como las prósperas fábricas textiles de alrededor de la 7ª avenida, cerca de Bryant Park se expandían más y más hacia el este, con sus hordas de trabajadores inmigrantes de aspecto zarrapastroso. Durante años habían recurrido a las amenazas y los sobornos para limitar esta expansión pero el zoning les dio la herramienta definitiva. Se prohibirían usos industriales en ese área y punto. Problema resuelto.

Taller textil en el Garment District

Pero la victoria no llegó sin lucha. Muchos propietarios denunciaron ante los tribunales diciendo que las leyes de zoning limitaban el uso libre de la propiedad privada y además suponían una reducción de su valor, por lo que era sería inconstitucional. (la constitución sostiene que el gobierno no puede requisar propiedad o valor sin indemnización). No era un tema irrelevante, desde luego.

Los periódicos se lanzaron encantados a la campaña de pánico prometiendo un Nueva York sombrío y caótico.

Y en Fordstable se dio uno de los casos más sonados. La New Scottish Woolen Company había crecido fabricando uniformes para la primera guerra mundial y se había fusionado con otras fábricas hasta formar la poderosa Woolen Limited Corporation. Pero cuando quisieron comprar nuevos terrenos a la orilla del río, expandiéndose peligrosamente cerca de la Tales’ Avenue donde vivía la clase alta, esta decidió que ya era suficiente. El ayuntamiento aprobó rápidamente un nuevo planeamiento para esa zona, que pasó a ser residencial, y la Woolen lo llevó a los tribunales.

Después de unos primeros éxitos a nivel estatal, argumentando requisación de propiedad, limitación de libertad y segregación, la cosa llegó al Tribunal Supremo. Pero ah, allí cambió la cosa. La conclusión del Fordstable vs. Woolen fue que la compañía no podía probar que hubiese realmente una pérdida de capital, pues esta aseveración se basaba en la especulación, y que el “zoning” era un instrumento legítimo siempre que se usase para el bien general.

No fue una decisión exenta de polémica. El juez George Sutherland, autor de la decisión, es uno de los jueces supremos que más veces ha sido rebatido después. Durante su carrera se dedicó a tumbar con ahínco toda ley vagamente progresista, entre ellas las que querían limitar el trabajo infantil, luchar contra la legislación del New Deal o definir a los nativos americanos como “no blancos” y por lo tanto no aptos para obtener la ciudadanía estadounidense. Un tipo simpático.

El plan aprobado por el distrito de Tales para impedir que la orilla del río se vendiese como terreno industrial

 

EL TRIUNFO DEL ORDEN

 

El zoning se extendió a los suburbios pero, a diferencia de cómo se usa en Europa, donde lo normal es que cada parcela tenga su propio código, en EE.UU. lo habitual es designar zonas enteras, de nuevo con el argumento de que legislar sobre parcelas concretas sería un intervencionismo gubernamental intolerable. Así las grandes ciudades americanas y sus suburbios se parecen a una versión algo más compleja del Sim City, con zonas toscamente repartidas en 3 o 4 usos.

Las zonas con mejor acceso a lagos y ríos, mejores vistas y mejores comunicaciones fueron rápidamente designadas como residenciales con características concretas: tamaños mínimos de parcela muy grandes, prohibición de las viviendas plurifamiliares, etc. En la práctica esto servía para hacer una separación por clase: cuando la densidad de un barrio es muy baja lo único que se puede hacer es viviendas caras. Quien no pueda permitirse la compra y mantenimiento de una vivienda de 300 metros cuadrados con jardín propio y sin transporte público, no podrá vivir ahí. De esta manera no hace falta prohibir explícitamente a nadie vivir en un lugar.

Todo el flanco oeste de Fordstable recibió este tipo de planeamiento. En una época además en la que la crisis y la Gran Depresión habían llevado a la ciudad a elevar impuestos y disminuir servicios, la clase media-alta empezó a mudarse a los suburbios. El mantenimiento de los edificios se retrasaba lo máximo posible y los apartamentos se subdividían para alojar a obreros que podían pagar cada vez menos alquiler. Del campo seguía llegando gente a la que la Gran Depresión estaba golpeando duramente, buscando ganarse un jornal en alguna de las fábricas que quedaban abiertas.

Los distritos centrales envejecieron mal y perdieron soporte fiscal al quedarse con los ciudadanos más pobres, que no podían irse a los suburbios o que tenían que ir a las fábricas junto al río. El fenómeno empezó a generar lentamente un efecto “bola de nieve” y se fue generando lentamente un anillo periférico con mejores viviendas y un centro más deteriorado y sucio, del que quien podía huía. Poco a poco se empezaron a consolidar verdaderos “ghettos negros” con los habitantes de las zonas rurales de West Sylvania cuyos padres habían emigrado al norte durante la Guerra Civil y “ghettos chinos” con los emigrantes que habían llegado a construir el ferrocarril.

El tejido urbano que se había ido formando el último siglo se estaba deshaciendo.

El zoning había llegado como solución a todos los problemas urbanos, u instrumento útil y flexible que protegería el valor de las inversiones, la propiedad privada y la libertad.

Perspectiva de Fordstable una vez terminada la Station Tower, mediados de los años 30

La realidad es que el zoning fue la herramienta que vino a consolidar una tendencia ya existente en la sociedad americana, que es la de la segregación. En la literatura de la época se ve claramente el desprecio a toda forma de alojamiento colectivo. Los edificios de pisos son “parásitos” construidos para sacar provecho del paisaje y el ambiente residencial de un barrio.

El Tribunal Supremo se había dejado influenciar por ese supuesto cientifismo que ilustraba lo peligroso que podría llegar a ser tener un comercio al lado de tu casa, llegando a usar literalmente testimonios dudosos de un doctor que dijo que una tienda de alimentación podría atraer moscas que causasen enfermedades a los niños y por tanto no deberían permitirse cerca de zonas de vivienda. Desgraciadamente todos estos ejemplos sólo muestran lo fácil que ha sido, y que siempre será, usar la fachada de la “ciencia y la razón” para ocultar prejuicios, racismo y segregación.

La Segunda Guerra mundial supondría un alivio económico de unos años pero la verdad es que sólo retrasó algún tiempo un proceso que ya era imparable. Cuando llegó la posguerra, aunque el país parecía de nuevo próspero y poderoso, el modelo urbano ya era inevitablemente diferente. Fordstable iba a atravesar los treinta años más desesperanzadores de su historia.

Llegaba el tiempo de Suburbia.

 

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