Fordstable: historia de una ciudad americana (I)

Así se veía una ciudad media americana cuando te acercabas desde el campo.

La Ciudad que caminaba

 

 

En una ocasión escribí acerca de cómo Estados Unidos aprobó la increíblemente ambiciosa “National Land Ordinance”. El país quedó dividido en una rigurosa retícula uniforme, preparado para que cualquier arriesgado inversor, granjero u obrero industrial hiciesen crecer una ciudad en cualquier lugar. Gracias al cine o al turismo tenemos una idea (a veces poco rigurosa) de cómo ha acabado el proceso urbanizador americano, cómo es una ciudad de allí. Sabemos que no son como las ciudades europeas pero… ¿Cómo era la ciudad original americana? ¿Cómo vivía la gente en aquellos tiempos?

Antes de las infinitas alfombras de suburbios con viviendas clónicas y surcadas por enormes autopistas hacia un downtown poblado de rascacielos, llenos de vida durante el día y siniestros durante la noche ¿existió otro tipo de ciudad? ¿Por qué y como se han convertido en lo que son ahora?

Vamos a descubrirlo en las siguientes entradas. Acompañadme en la historia de Fordstable, un pequeño enclave fundado por emigrantes europeos. No es un lugar real, claro, pero nos será útil como ciudad metafórica.

Las ciudades americanas tipo de la época era, en origen, muy sencillas. No siendo una avanzadilla de la metrópolis como otras ciudades coloniales del mundo nos podemos olvidar de encontrar en su núcleo una gran catedral, una universidad o grandes edificios públicos. La ciudad americana es, ante todo, una herramienta. Un medio para un fin, bien sea enriquecerse o simplemente buscar una vida mejor, pero no un fin en si mismo.

Fordstable es poco más que un pueblo pequeño, situada junto al hermoso río Minewattou en el interior de Westsylvania, un joven estado que no tiene ni veinte años de existencia. El río, caudaloso y ancho, probablemente es parte de un sistema fluvial que desemboca en alguna de las grandes arterias de América: el Ohio, el Mississippi, el Missouri, el Tennessee… quién sabe. Lo cierto es que casi todas las ciudades americanas de esta época han sido fundadas junto a un río, un canal o uno de los grandes lagos. El agua es el medio de transporte principal, como ha sido a lo largo de toda la historia.

Obreros preparan el transporte de materiales de construcción a través del río Minewattou

Fundada en origen como puesto avanzado de tala de madera para un fuerte cercano, en los últimos años ha atraído nuevos colonos de la costa. Gracias al río los colonos han conseguido desarrollar una próspera industria de exportación de madera, o quizá pieles. Además los granjeros de los alrededores transportan las cosechas que las infinitas y fértiles llanuras les proporcionan para distribuirlas por el país. Los molinos consiguen energía barata, las grandes gabarras transportan los cereales rápidamente y toda la ciudad arroja sus deshechos aquí. El río es la razón de ser de Fordstable. Y la introducción en 1816 de una línea de barcos de vapor en el Minewattou que lo comunica directamente con un río mayor y a través de él a los grandes puertos de la costa ha supuesto el último impulso que la ciudad necesitaba para empezar a crecer a toda velocidad.

Fordstable unos años después de su fundación, apenas un puñado de casas.

Junto a la orilla brotan los barracones de almacenamiento, las instalaciones portuarias, las viviendas de los estibadores. Es una zona ajetreada y sucia, con malos olores y enfermedades, pero convenientemente cercana a los trabajos más sencillos de realizar y de conseguir para cualquier forastero recién llegado. Y no son pocos, pues el país vive una verdadera migración masiva de personas hacia el interior desde que sus fronteras se abrieran hace unos años. Muchos de estos trabajadores viven en pequeñas casuchas entre estos edificios industriales y gastan su jornal en tabernas en el mismo barrio.

Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou

Aunque el tamaño de la ciudad es pequeño los planes urbanísticos, predeterminados por las leyes “por defecto” prevén ya el crecimiento futuro a lo largo de una aburrida cuadrícula sin características especiales.

Lugar propuesto para la plaza central y ayuntamiento de Fordstable. La zona del río está completamente edificada salvo las tierras comunales.

Un par de manzanas detrás del puerto viven los dueños de los negocios, los mayoristas de bienes, los comerciantes. A salvo de los olores pero no demasiado lejos de sus empresas en una época todavía sin coches, están ahorrando para construir entre todos el primer edificio de cierta entidad, un mercado o sala de cambios donde poder reunirse a acordar contratos cada año. El ayuntamiento de la ciudad no tiene aún edificios propio así que el pequeño grupo de empleados que gestiona los asuntos de la ciudad a tiempo parcial alquilara unas oficinas en ese edificio en cuanto pueda.

Han pasado un par de años y alrededor de este mercado están apareciendo ahora pequeños comercios de prestamistas privados y una pequeña oficina del First Bank, primero pero en absoluto último banco en abrir en Fordstable. En su fachada han construido una modesta réplica en madera de las columnas griegas de la sede central en Philadelphia, un recurso bastante cutre pero suficiente para impresionar a una población mayormente de nivel cultural bajo. Apenas diez años después será derribado y sustituido por un edificio mucho mayor y, ahora si, de piedra.

La sede del First Bank, todo un alarde de poderío.

Ningún turista visitaría Fordstable si no es bajo amenaza pero sin embargo desde hace unos meses se está construyendo un gran hotel en el centro. Y es que a los hombres de negocios que viene para realizar grandes tratos con mayoristas se les quedan cortas las posadas que jalonan Main Street. Nadie lo habría dicho hace cinco años y sin embargo antes de navidad habrá otros dos en construcción. Son el verdadero corazón de la vida pública de la incipiente burguesía.

El Hotel Redmont House, recién inugurado en estilo Clásico-horterizante

No se ha escatimado en lujos en el Redmont House Hotel y cada semana se celebran ahora bailes y fiestas en su enorme sala central. Ya hay una masa crítica suficiente de familias adineradas, hijos de la primera generación de colonos de la ciudad. Hace apenas 40 años que se fundó la ciudad y sin embargo ya cuenta con 18.000 habitantes, la mitad de los cuales han llegado en los últimos diez años.

El Hotel Redmont House por dentro. No nos sorprende que sea el punto de reunión de la burguesía.

Y cuando no están de fiesta están pensando donde reinvertir sus beneficios, siempre con un sentimiento de ansiedad provocado por la idea de que no está permitido parar, hay grandes negocios por hacer y otro los hará y te barrerá del mapa a la mínima que pienses que puedes parar y bajarte de la rueda. Algunos hablan de intentar traer a la ciudad ese nuevo invento que se extiende por la costa Este, el ferrocarril. Se podría hacer mucho dinero con eso, especialmente si se confirman los planes del Gobierno para construir un nuevo canal que facilitará el transporte marítimo.

Y además de hoteles y bancos están abriendo por todos lados tabernas. Montones de tabernas. Son los verdaderos lugares de reunión de los habitantes, las ágoras de la ciudad. Sus dueños compran en el mercado cercano, o quizá en el gran mercado del Heno que se ha abierto en el borde de la ciudad, demasiado grande como para ocupar una parcela central.

Main Street a mediados del siglo XIX. Aún tomada por carros tirados por caballos y gente andando.

Tampoco resulta sorprendente que la gente prefiera pasar tiempo en ellas, pues en su casa no están precisamente a gusto. El precio del suelo se dispara con el crecimiento de la población y las parcelas se dividen y subdividen hasta el infinito. Las clases más bajas de amontonan en viviendas enanas a razón de una familia por habitación, a menudo sin ventanas; y cada jueves llega un nuevo barco desde la costa con más gente. Muchos de ellos no hablan nada de inglés, sólo alemán o checo y no es raro encontrar carteles en estos idiomas en las calles.

Cartel en checo para promocionar la venta de viviendas entre los inmigrantes del este
Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou
Malviviendo en un patio interior, el escalón más bajo entre las viviendas baratas

Los bloques en la ciudad americana son muy grandes y tienen siempre callejones interiores (recordad la imagen típica del callejón neoyorkino con sus salidas de vapor), y algunos han construido barracas en ellos. Se produce así una curiosa estratificación social, donde los más adinerados viven junto a la calle y los pobres hacia el interior de las manzanas, y similar división entre plantas bajas y altas. Sin embargo, nadie vive demasiado lejos: casi todo el mundo aún va andando a trabajar y la distancia lo es todo.

Callejuela de una ciudad americana cualquiera, lleno de detritus y basura.

Los barrios nuevos no son muy originales y siguen el patrón copiado de los ingleses de casas pareadas, lo que allí llaman “terraces”, con diferentes calidades y diseños. Para algunos la monótona repetición de casas iguales es aburrida y vulgar, para otros una buena metáfora del espíritu democrático del país. En el barrio de los comerciantes se acaba de terminar una nueva urbanización de estas casas adornadas con columnas de mármol y fachadas neoclásicas y se han vendido a velocidad record. Pero también las hay para ciudadanos con menos posibles.

A lo largo del siglo este tipo de vivienda se convertiría en uno de los más frecuentes, el edificio de dos pisos con una vivienda en cada uno y compartiendo pareces con infinitos vecinos clónicos.

Más allá de esto la verdad es que la ciudad no tiene muchos puntos de interés: no es Estados Unidos un país con grandes monumentos o barrios históricos y en la mayoría de ciudades lo único que adorna las calles son los árboles de sombra plantados en ellas. En Fordstable aún tardará el ayuntamiento 5 años más en construir un edificio propio para su uso, que financiará vendiendo un trozo (otro más) de las tierras comunales que el proyecto original de la ciudad reserva a cada municipio del país (tanto para espacios públicos como para autofinanciarse en una época en la que los impuestos son bajos y muy difíciles de recaudar)

La plaza pública en la zona acomodada. No tiene edificios de gran porte todavía.

Ahora que Fordstable está creciendo la gente se está acostumbrando a llamar a la zona cercana al Minewattou “Downtown” y a la parte alta, “uptown”, nombres que terminarán asociándose con el centro de negocios. Y más allá del uptown encontramos los últimos lotes de tierra vendidos, zonas agrícolas con granjas cuyos propietarios esperan a que la ciudad crezca un poco más para vender sus terrenos a buen precio y pegar un “pelotazo”

Fordstable está en plena ebullición y en los siguientes diez años ganará otros 40.000 habitantes, pasando la marca simbólica de los 100.000. Ya es más grande que muchas ciudades europeas pero aún así todo tiene un aspecto “provisional”, fruto de la velocidad de crecimiento que no ha permitido aún que la ciudad desarrolle una “patina” de antiguedad.

La ciudad crece de acuerdo al plan. Muchas de las tierras vacías sin urbanizar aún pertenecen al ayuntamiento.

Con tan importante masa crítica se está convirtiendo también en un punto clave para el transporte de ganado porcino y cereales desde las ricas tierras del interior hacia la insaciable y hambrienta costa este y los comerciantes de la ciudad, enriquecidos y convertidos ya en la clase dominante, saben cuál es el siguiente paso lógico, uno que puede dar unos beneficios espectaculares.

Plan urbanístico de Fordstable, sólo los lotes más cercanos al río se han dividido y urbanizado.

Costará mucho esfuerzo, inversiones inmensas y probablemente más de un soborno pero el objetivo lo merece y ya estamos en 1860, la ciudad va tarde al negocio de moda: el ferrocarril debe llegar a Fordstable.

En apenas sesenta años el pequeño pueblo se ha convertido en una enorme ciudad con una agitada vida comercial y una población siempre creciente. No es una ciudad bonita y la desigualdad es palpable pero lo cierto es que no falta trabajo y siempre pasan cosas. La clase adinerada está empezando a desarrollar una cierta conciencia de si mismos y están construyendo los primeros edificios públicos y mansiones monumentales, y crecen las voces alertando para tomar medidas higiénicas y urbanas para prevenir los cada vez más frecuentes brotes de pestes y enfermedades en los que la gente cae como chinches.

Pero la ciudad está llegando al límite físico de lo que una ciudad cuyos habitantes se desplazan caminando o en carro puede crecer. Y eso impide muchos buenos y lucrativos negocios, tanto a las fábricas de muebles que necesitan más trabajadores y que se están instalando en el borde de la ciudad como a los promotores inmobiliarios, los dueños de tierras o proveedores de servicios.

Preparaos porque la primera convulsión en las ciudades americanas está al caer: apartaos paseantes, el progreso llega, y llega sobre raíles de acero.

Una de las avenidas principales de Fordstable, ajetreada y plagada de comercios

La ordenación del Nuevo Mundo – y IV

La serie que termina aquí hoy comenzó con una introducción aquí y los primeros emocionantes pasos aquí, después de la cual continuamos con la tercera parte aquí

La cuadratura del círculo

Él grupo de representantes enviados a Columbus, capital de Ohio, está contento. La Asamblea General, órgano legislador del estado, ha dado el visto bueno para lo planes de remodelación de la ciudad. Importantes hombres de negocios y especuladores profesionales brinda en algún salón de la todavía diminuta ciudad, fundada apenas veinte años antes y que no pasa de los 3000 habitantes. Corre el año 1837 y acaba de ser constituida la “Compañía para la cuadratura de Circleville”. El principal obstáculo para el desarrollo de la ciudad desaparecerá pronto y el futuro sólo puede deparar un crecimiento espectacular para la ciudad, o al menos eso cuentan a cualquiera que quiere escucharles.

A la mañana siguiente recorrerán los cuarenta kilómetros que les separan de su ciudad y acabarán con la principal seña de identidad y, para ellos, terrible lacra, que tiene la ciudad: sus calles.

Nos referimos a esto, claro:

Plano original de Circleville en 1836, con su inusual diseño

Realmente Circleville es un caso excepcional, una de las pocas ciudades en el efervescente desarrollo urbano de Estados Unidos que no ha sido fundada en base a una retícula ortogonal tan aburrida como rigurosa. Su fundador quiso hacer algo original, con el juzgado como centro de la ciudad y un boulevard noble alrededor. Menudo disparate. Encarece los costes de los edificios al no poder hacer paredes rectas, se desperdicia espacio y los solares son más difíciles de vender. Pronto todo ello será historia. Como historia fue Circleville, por otro lado. Nunca en el siguiente siglo llegó siquiera a los 10.000 habitantes, pero seguramente a esos empresarios no les importó. Hicieron sus negocios, recogieron beneficios y buscaron la siguiente oportunidad. Eso es Estados Unidos: el paraíso de la especulación urbanística.

Circleville una vez triunfó la mediocridad. Personality not found

La fiebre del ladrillo

Ya hemos descrito el sistema de reparto de las inmensas extensiones de tierra virgen americana. El modelo de colonización del país propiciado por la Ley de Ordenación es completamente diferente a todos los ocurridos en la historia. Hasta entonces la colonización siempre ha pivotado alrededor de la fundación de ciudades. Desde las colonias griegas hasta las ciudades españolas fundadas por toda América, la ciudad es un punto de control y comercio a partir del cuál se extiende el control del territorio. Ya no, no aquí.  Las directrices de la ley de Jefferson y la firme decisión de no ejercer ningún control sobre el libre albedrío de los ciudadanos para decidir donde o como establecerse se hacen notar.

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perspectiva de Topeka, soporífera capital de Kansas

Aparecen ciudades a intervalos regulares cada día. Partiendo de la normas tan sencillas como contundentes establecidas por Jefferson, tramas urbanas clónicas crecen de la noche a la mañana. El mundo es un lienzo en blanco y es imposible saber a priori que lugar se convertirá en una metrópoli y que lugar morirá en diez años. Si habéis leído “La ciudad de los prodigios”, de Eduardo Mendoza, quizá recordéis los capítulos dedicados a la especulación urbanística en el Ensanche barcelonés. Los rumores sobre la ubicación de paradas de ferrocarril o servicios disparan o hunden el valor de terrenos.

En este caso es exactamente igual, pero a escala país. El Gobierno de Washington está comprometido a mantener la más estricta neutralidad en este proceso, por lo cual su inversión es entre reducida y nula (tampoco es como si tuviesen dinero para hacer nada). Dejado al libre mercado, las ciudades son la jungla. Sobre el papel cualquier parcela es igual que otra y la malla cuadriculada de las ciudades es garantiza el valor de cada una, pero en la práctica eso es imposible. Simplemente llamar a una calle “Main” y a otra “Market” ya crea un centro. Basta que un inversor construya el primer hotel en cualquier lugar para que el terreno a su alrededor se dispare.

La igualdad, por tanto, no existe. Lo que si quedará de esta época es un urbanismo increíblemente pobre y simplón, y una ausencia total de cualquier clase de amenidades, desde museos hasta parques públicos, plazas o boulevares. Un parque en un lugar de la ciudad sería destinar impuestos de un ciudadano a mejorar la vida de otro, y alteraría el valor del terreno. Más bien, los terrenos vacíos se venden rápidamente al mejor postor sin reservar nada: lo que no venda la administración actual lo venderá la siguiente, así que mejor hacer caja hoy. Hasta el 60% de los presupuestos de estas ciudades de frontera venían en esos momentos de la venta de tierras.

Es sorprendente que tampoco a los inversores privados les pareciese una manera interesante de atraer clientes el construir parques, teatros y otros entretenimientos. En los archivos históricos encontramos las publicidades de la época, que insisten en terrenos “saludables” y en el “crecimiento potencial”.

La inspiración para estas ciudades es casi siempre Philadelphia, urbanísticamente una ciudad mediocre de la que su fundador estuvo a punto de renunciar porque no estaba consiguiendo los beneficios económicos esperados. La influencia es tal que hasta los nombres de las calles se copiaron en sucesivas ciudades.

El mapa de una obsesión: calles anchas para evitar incendios. No hay más ideas.

En lo que si se gastó un considerable esfuerzo fue en labores de alteración de la topografía.

A fuerza de pico y pala, millones de toneladas de tierra y roca cambiaron de lugar en la búsqueda de parcelas más planas, más fáciles de vender. Es posible que cuando habéis leído el ambicioso pero ingenuo plan de reparto hayáis pensado: en las llanuras infinitas del Midwest, pase, pero… ¿las Rocosas? Eso ya es otra cosa. Y sin embargo se hizo. Los topógrafos siguieron su recorrido, implacables, alterando sus líneas sólo para adaptarse a la curvatura de la Tierra, tan grande es la escala de la empresa.

Y en las ciudades el territorio es violentado con saña también. Manhattan, por ejemplo, una ciudad que quienes hayan visitado recordarán plana pero que en su momento tuvo más de 500 colinas, 100 kilómetros de arroyos, decenas de pantanos… Un territorio rico y unos ecosistemas complejos, todo ello aplanado sin piedad. Podéis explorar la isla con este mapa: Mannahatta

diagrama con los cambios sobre el territorio de Manhattan: rellenos, desmontes y terraplenes
Superposición de la trama urbana sobre el variado territorio original de la isla

 

No es el único caso, evidentemente, aunque tampoco tenemos que citarlos todos. Los rellenos de terrenos en Boston, las montañas aplanadas. O San Francisco, un paisaje natural extraordinario que fue miserablemente ignorado para superponerle una trama ortogonal absurda. Sólo cientos de películas después hemos llegado a encontrar cierta belleza en estos diseños monótonos y sin personalidad.

mapa de San Francisco sobre la topografía de la península, diseñado por un tabernero

Conclusiones

Es cierto que las grandes metrópolis americanas se convirtieron en ciudades vibrantes, emocionantes, donde todo podía encontrarse y todo podía pasar, pero desde luego no es una característica que le deban a su urbanismo sino a la increíble vitalidad y progreso económico de su época. Todo cambiaría a partir de los años 40-50, con la decadencia de las ciudades americanas, pero eso debe ser contado en otra ocasión.

Por ir terminando, espero que quede una idea general de cómo las bases para todo esto que he contado vienen directamente de la Ley de Ordenación Nacional. Toda la historia urbana de Estados Unidos deriva de una serie de principios ideológico-filosóficos combinados con el reconocido carácter pragmático y ante todo comercial de sus ciudadanos.

El mar a tu espalda y el horizonte infinito enfrente. Litografía de F.F. Palmer

Dos elementos principales fueron el caldo de cultivo necesario: por un lado un gobierno central con unas ideas extremadamente ambiciosas inspiradas por la necesidad de recursos pero también por unas ideas filosóficas fuertes como la libertad individual, la independencia de sus ciudadanos y la renuncia expresa y decidida a controlar su comportamiento.

Por otro, una población creciente, numerosa, volcada hacia la idea de progreso material a todo coste, con grandes ambiciones, poderoso individualismo y creencia absoluta en la bondad del mercado sobre el gobierno. Millones de personas deseando desembarazarse de todo lo antiguo combinadas con un ambiente de especulación y crecimiento como nunca el mundo ha visto, descontando quizá la China moderna.

El resultado de este proceso y estas ideas es el fondo ideológico de esa nación: el Destino Manifiesto, la idea de que América es el país elegido y que tiene una Misión sobre la Tierra. Una idea que a los descreídos europeos nos suena extraña o incluso ridícula, pero sin la cual es imposible entender la historia de Estados Unidos. Quizá otro día hablaremos de ella.

Westward Ho! Mural de Emanuel Leutze. La era del optimismo.

 

La ordenación del Nuevo Mundo – III

Hutchins map Ohio 1764
Mapa de las tierras de Ohio antes del reparto, en 1764, dibujado por Hutchins

Si te has perdido las anteriores entradas puedes encontrar la introducción aquí y los primeros emocionantes pasos aquí

El hombre del tiralíneas

La cabeza de María Antonieta rodó por la Place de la Révolution el 16 de octubre de 1793. Ajusticiada por Tribunal Revolucionario acusada de alta traición, no creo que sus últimos pensamientos fueran muy positivos hacia ninguna clase de revuelta, revolución o movimiento popular. Y sin embargo, sólo cuatro años antes otros revolucionarios había dedicado el nombre de una ciudad a esta misma mujer como forma de agradecerle su apoyo.

Hablamos de la Revolución Americana y la ciudad es Marietta, un pueblecito situado en el espacio que dejan entre si el Río Muskingum y el Arroyo del Pato cuando se unen al Río Ohio. Nada nos llevaría nunca a hablar de este remoto lugar si no fuese porque se trata precisamente del primer asentamiento permanente de Estados Unidos después de su independencia, y el primer paso en la colonización de los vastos territorios más allá de Virginia.

T. Hutchins
Hutchins en sus andanzas por el mundo. O un agrimensor cualquiera, claro, porque es un grabado.

Fue un hombre llamado Thomas Hutchins quién tuvo la responsabilidad de aplicar el sistema que había promovido y ayudado a diseñar Jefferson y que fue aprobado en 1785 en la Land Ordinance.

El sistema, a grandes rasgos, consistía en lo siguiente: partiendo de un meridiano principal y de una línea base se dividiría la tierra en cuadrados de exactamente 6 millas de largo (algo menos de 10km). Cada uno de estos cuadrados sería un “township” y se dividiría a su vez en 36 “secciones” de una milla cuadrada.

 

Mapa meridianos base
Mapa con los meridianos y líneas base de referencia

Por último, y exceptuando unas secciones reservadas para el gobierno y la famosa sección 16 reservada para la escuela pública, estas podrían dividirse en cuartos, y estos cuartos una última vez en cuartos. Cuando en el futuro se le prometieran tierras a los colonos recién llegados se les asignarían precisamente uno de estos cuartos, casi 65 hectáreas de terreno.

Este sistema tenía como antecedentes anteriores experimentos a pequeña escala de la época en la que Hutchins era aún un asistente. En 1764, por ejemplo, ya se habían propuesto asentamientos de 640 acres para proteger la frontera, y en 1779 Jefferson ya pensaba en dividir las poblaciones en sectores para asignar educación pública.

Land Ordinance 1785
Fantástico diagrama explicando la ley de 1785

Lo reconozco, explicado así uno puede quedarse un poco frío. Que bien, oye, dividieron la tierra en cuadraditos. Mil palabras para decir esto.

Pero si lo pensáis bien, el proyecto es verdaderamente grandioso. Para empezar hablamos de tierras casi completamente desconocidas, al menos para el hombre blanco. Bosques, montañas, ríos desconocidos… y tribus de indígenas locales probablemente enfadados y dispuestos a defender su territorio. Ser topógrafo era mucho más emocionante, y peligroso, en aquella época.

El proyecto, además, destaca por ignorar completamente la geografía. En un territorio plano es relativamente sencillo trazar un cuadrado, pero si cae en un monte o un barranco la cosa se complica. Pero no se detuvieron ante nada. En septiembre de 1786 Hutchins y sus hombres clavaban el mojón que marcaba el final de la primera zona, los Seven Ranges. No todo el proceso lo llevaría a cabo el estado, porque al fin y al cabo esto es USA, y compañías privadas harían sus propios levantamientos, pero respetando en general los principios de la ley.

Esquema con el tipo de parcelación con ambos sistemas

Un país, un mercado

 

¿Era necesario?

Varios son los propósitos que busca Jefferson impulsando este proceso, algunos de ellos ideas muy potentes.

Lo primero de ellos es la financiación. Como hemos dicho, el gobierno no tiene un duro pero tiene mucha tierra, y cada acre de los marcados de esta manera pretendía ser vendido a un precio mínimo de 1$ por acre, en efectivo. Pero claro, estamos hablando de vender cuadrados sobre el papel. Y comprar un cuarto de sección no era poco dinero para la época. Y la mejor manera de favorecer la compra por parte de inversores es, precisamente, dar unas reglas claras y garantías.

Sabiendo que todos los terrenos eran iguales, tendrían acceso a las mismas cosas y que no serían favorecidos por el gobierno de ninguna manera, pronto los inversores y especuladores tanto americanos como internacionales empezarían una loca carrera de compra de tierras con la esperanza de revalorizarlas pronto.

Pero además, Jefferson sabe que la joven República es frágil. No podrá reclamar todo el territorio que considera que le pertenece por derecho si no lo ocupa y ejerce control efectivo. Sabe que los franceses, los españoles y los rusos no renunciarán fácilmente a colonizar el continente. Con esta estrategia pretende enviar a miles de granjeros de las ya agotadas tierras de la costa hacia el interior. Además, pronto surgirá la posibilidad de recompensar a los veteranos de la guerra de independencia con tierras, al más puro estilo Cayo Mario. La historia no se repite, pero a veces rima.

Y desde un punto más “filosófico”, y Jefferson debía ser un tipo que pensaba bastante, no podemos olvidar que aunque alguno ahora crea que es pura propaganda realmente pretenden construir una nación de hombres libres. Y para él el mejor representante de una “hombre libre” es el que se conocía como “yeoman Farmer”, un antiguo término inglés para referirse al pequeño granjero con tierras propias que en la mitología inglesa es la base de su sistema igualitario y de la democracia.

En el fondo Jefferson no dejaba de ser un gran creyente en la bondad natural del hombre, cercano seguidor de Locke y Rousseau y creía que liberado del hambre y el trabajo forzoso surgirían las mejores virtudes de las personas.

Hombres libres e independientes, con suficientes medios para mantenerse a sí mismos sin la ayuda de nadie, para formar una nación libre e independiente. Como mínimo habremos de reconocerle nobles intenciones al hombre.

Yeoman, el ideal del granjero libre que haría a América el país de la libertad

El resultado no se hace esperar: la frontera avanza a toda velocidad hacia el oeste, las ciudades y pueblos aparecen y desaparecen de la noche a la mañana y la especulación más loca se desata sobre esas tierras. Así nació Ohio, que pasaría de los 45.000 habitantes de 1801 a más 4 millones en apenas un siglo, que se pasa rápido.

La carrera hacia el Oeste acababa de empezar.

Quizá alguno todavía no se termina de creer lo de la enorme influencia de esta ley. Es sólo medir y cuadricular terrenos, dicen. Para esos escépticos tendremos la próxima entrada.

La ordenación del Nuevo Mundo – II

Esta historia es la continuación de lo que habíamos empezado aquí

El otro lado del río

 

 

Desde la pujante ciudad de Brownsville, en Pennsylvania, salen cada día grupos de colonos y expedicionarios ávidos de nuevas tierras. La población está creciendo muy rápido y mucha gente viene y va cada día, es un lugar emocionante, en la frontera de la República.

Siendo la primera ciudad accesible al cruzar los Apalaches y confortablemente situada a la orilla del río Monongahela, que enlaza con el Ohio, está destinada a convertirse en un gran puerto para la colonización del Oeste.

La risueña Brownsville en 1950

¡Y menudo Oeste! Nada menos que el “Territorio del Noroeste”, una extensión más grande que Francia, prácticamente desconocida y con un potencial agrícola increíble. Gran Bretaña había decidido que le salía más caro intentar retener las colonias americanas que limitarse a intentar venderles todo lo que pudieran fabricar y desde el tratado de París decenas de miles de hectáreas habían cambiado de manos. El joven gobierno se encontró con la colosal tarea de inventarse un país completamente nuevo. Miles de bocas hambrientas siguen llegando al país cada día ante la promesa de tierras y libertad, y las áreas costeras de Virginia y Nueva Inglaterra hace tiempo que están ocupadas. ¿Cómo se gestiona esto?

El territorio del Noroeste antes de su ordenación

El gobierno de la República, además, está como quien dice en pañales. No tiene realmente capacidad de ejercer poder efectivo sobre el territorio que controla ni medios económicos. Prácticamente ni se sabe cuánta gente vive allí, no hablemos ya de conseguir que pagaran impuestos.

De esta manera llegaron a una conclusión similar a la que llegaron los ayuntamientos españoles de la época de la burbuja y recurrieron a su principal recurso: el territorio. Y si en el caso de los ayuntamientos el juego consistía en recalificar abandonados terrenos rurales, aquí se trató de vender parcelas a todo aquel que las quisiese: colonos europeos, inversores ingleses, especuladores, agricultores americanos que habían agotado sus tierras con el cultivo intensivo de tabaco…

Y amigos, ya os digo yo que no era un recurso escaso. 675.000 km² para empezar, y con eso no estamos ni cerca de llegar al otro lado del continente. Y más allá del territorio del Noroeste… ¿quién sabe qué habrá? Y aquí entra en juego Thomas Jefferson, un nombre que encontramos en casi todas las cosas que tienen importancia en esa época.

Se trató si duda de un hombre extraordinario, culto, formado en multitud de campos, ambicioso y con muchas ganas de hacer cosas. Llegaría a ser presidente y es unánimemente reconocido como uno de los mejores, hasta el punto de que cuando Kennedy recibió al a cuarenta y nueve premios Nobel en la afirmó que era la “mayor reunión de talento en la Casa Blanca en la historia, exceptuando cuando Jefferson cenaba solo”.

Jefferson con el guapo subido después de explorar chorrocientosmil kilómetros

No tenemos tiempo ni la intención de explicar su vida pero si podemos comentar sus planes para ese nuevo e inmenso territorio que ahora controlaban.

Y es que Jefferson sabía que si querían formar el “Imperio de la Libertad” con el que soñaban iban a tener que trabajar duro. Y lo primero era ejercer este dominio del territorio del que hablábamos, para lo cual normalmente tiene que vivir gente en él.

Hemos visto que gente no iba a faltar, pues las guerras, las revoluciones y el hambre seguirían expulsando a los huérfanos de Europa durante decenios, pero alguien tenía que poner orden en todo esto.

Y eso precisamente fue lo que hizo la “Land Ordinance” de 1785, la ley de ordenación de territorio más ambiciosa de la historia y, en mi opinión, una de las leyes con mayores consecuencias jamás promulgada en Estados Unidos.

 

La loca aventura de los agrimensores continúa aquí

Mapa USA Jefferson
Plano de Jefferson en 1784, haciendo cábalas como quien juega al Age of Empires

La ordenación del Nuevo Mundo – I

Cuestiones de lindes

 

“Y habiéndose tomado por ello la derecera por los rumbos de las calles, se midió desde la barranquilla donde bate el agua del río, la tierra adentro, la legua de largo que señaló y dio el fundador para el dicho égido, y se puso un mojón junto al camino real que va al Monte Grande. Y acabada la dicha legua, se puso otro mojón, que vino a caer en frente del Corral viejo de las Vacas. Y en este estado quedó por ser tarde.”

 

Mas claro agua, ¿no?

Así ha sido y son aún una considerable parte de las descripciones de lindes y mojones en las tierras de medio mundo. Si algún topógrafo esta leyendo esto le serán sin duda familiares descripciones que hablan de “el árbol que plantó Pepe después de la guerra”, o “la piedra con forma de vaca bajo la cual se ha enterrado a modo de testigo una moneda de 2 reales”.

Son frases casi sagradas, por las que se muere y se mata en un “no me toques las lindes” antiguo como el ser humano. Siglos de historia, herencias, compras y ventas y aventuras varias han creado un paisaje tortuoso con terrenos y campos de formas curiosísimas.

Y durante siglos más o menos ha funcionado este sistema de “hitos y lindes”. E incluso cuando se comenzó la colonización del Nuevo Mundo se trajeron estas tradiciones y los agrimensores llenaron libros y libros de registro con frases por el estilo. Pero en el siglo XVIII, en la novísima República que ahora conocemos como Estados Unidos, algo iba a cambiar.

Enfrentado a un reto único y sin precedentes un hombre, armado con la razón y con una idea muy clara de lo quería conseguir cambiaría totalmente las antiguas tradiciones. Hablamos, claro, de Thomas Jefferson.

En seguida pondremos un poco de contexto.

 

puedes continuar con esta historia aquí

 

Abel Map, primer mapa de los Estados Unidos después de su independencia, 1784