Fordstable: historia de una ciudad americana (III)

Puedes encontrar la historia de Fordstable desde su establecimiento como un puesto avanzado maderero aquí y su posterior consolidación como la gran ciudad de West Sylvania aquí

CAPÍTULO II: LA CIUDAD BLANCA

 

Esa mañana de octubre el teniente de alcalde Walter Ladzinski estaba inusualmente nervioso. Le habían encargado un discurso en la inuguración de la feria por el asunto de Marianne y el Smithsonian. Marianne era una locomotora, la primera que había circulado en Fordstable, y la habían bautizado así en honor a un grupo de inversores franceses que había sido crucial en la compra de los terrenos de la estación central. Ahora el museo la incluiría en su colección y el diría algunas palabras. Tampoco era un evento importante, sólo una más de las inauguraciones de los muchos pabellones que cubrían Jackson Park, pero hablaría justo después del gobernador de West Sylvania y esperaba hacer un buen papel para usarlo como excusa para aproximarse a varios grupos de inversores que asistirían al evento. El Alcalde, que ya había ido a la feria en mayo para la verdadera inauguración, se había negado a hacer el largo viaje de nuevo.

Lo que más nervioso le ponía era el idioma, claro, pues aunque llevaba ya casi 20 años en América todavía arrastraba un fuerte acento polaco que cualquiera notaba sin esfuerzo. Había abandonado su nombre original, Władysław, en el registro del puerto cuando llegó al país, pero algunas cosas nunca cambiaban. Su mujer, que aunque también tenía origen polaco había nacido ya en Fordstable, trataba de animarlo.

La Expo de Chicago

Al final la cosa fue mejor de lo esperado, apenas trastabilló en un par de palabras y recibió calurosas felicitaciones. Vino mucha más gente de lo esperado pero quizá eso no debía sorprenderle ¡Había tanta gente! Más de setecientas mil personas se concentraron ese día en los dos recintos. La asistencia había ido creciendo cada día y ahora que quedaba menos de un mes para su cierre el público se precipitaba. Nadie quería perderse el que ya el acontecimiento del siglo, todos querían descubrir las maravillas de la técnica y subirse a la rueda de Ferris.

La rueda de Ferris, pensada para impresionar y ser un símbolo como lo fue la torre Eiffel

América, en ese año de 1893, giraba alrededor de Chicago.

Aunque para muchos no es más que una efeméride más, una línea en un libro de texto cuando se habla de la “época de las grandes Exposiciones Universales”, es difícil sobrevalorar la exposición universal de Chicago. La de París nos ha dejado la torre Eiffel, las de Barcelona son bien conocidas en España, pero… ¿Cómo fue la feria de Chicago?

Pues la verdad es que fue una cosa asombrosa. Conseguida después del éxito de París y argumentada con el 400 aniversario del descubrimiento de América por los europeos, se organizó a velocidad record en apenas dos años, partiendo de la nada más absoluta (ni siquiera tenían terrenos elegidos).

Muchas cosas se mostraron al público por primera vez allí. El primer cine comercial o la primera cinta de transporte de personas. Las hamburguesas y la soda se convirtieron en una comida popular en ese momento. Hubo exposiciones de material bélico y de horticultura, muchos vieron las primeras orquídeas allí. Hubo un pabellón multirreligioso y tres réplicas a escala real de las carabelas de Colón, construidas en España y enviadas hasta Chicago.

Las réplicas de los barcos de Colón, rumbo a Chicago.

Frank Lloyd Wright acudió y descubrió un mundo nuevo en el pabellón japonés que allí se había levantado y un expositor construyó una réplica a escala del puente de Brookling con pastillas de jabón.  El edificio de manufacturas y artes liberales aún sería el tercero más grande del mundo si siguiera en pie, y como el resto de edificios fue pintado con pintura en spray especialmente inventada para la ocasión. Las grandes compañías eléctricas pujaron por ser suministradoras de la feria, siendo Westinghouse con su corriente alterna la que lo logró. En su edificio se exhibieron varios inventos de Tesla. Un pabellón entero fue dedicado a mujeres artísticas y diseñado por Sophia Hayden, nacida en Chile y primera arquitecta licenciada en el MIT.

Sophia Bennett, primera arquitecta del MIT
El Palacio de las Artes Mecánicas, uno de los mayores edificios del planeta.

Veintisiete millones de personas visitaron la feria, un record impresionante en un país que tenía 63 millones de habitantes. Si, a París habían ido 35 millones, pero contaban con todo el continente Europeo alrededor. Pero… ¿viajar hasta América? Eso sólo estaba al alcance de unos pocos. Chicago tuvo que movilizar a todo el país para triunfar, y bien que lo consiguió. La gente sabía que estaba viendo el futuro. América no sería lo mismo después de esto.

El estilo de los grandes edificios públicos bebería directamente de esta Exposición
El pabellón de las Mujeres en la expo

Pero aunque de la exposición hay mil cosas fascinantes que contar nos interesa especialmente un aspecto. Y es que sobre todas las otras cosas en los visitantes predominó una sensación de asombro, de grandiosidad proporcionada por el conjunto arquitectónico-urbanístico de la exposición.

Dos titanes fueron los principales responsables, autores del concepto urbano y del paisajismo, ayudados por una multitud de otros arquitectos para el diseño de pabellones y edificios. Frederick Law Olmsted, quizá el paisajista más famoso de América, diseñador de Central Park, Prospect park, el conjunto de las cataratas del Niágara o el cinturón Esmeralda de Boston, fue el encargado del paisajismo y la jardinería.

Daniel Burnham, por otro lado, pues el encargado del planeamiento urbano y de la dirección arquitectónica. Cómo mínimo os sonará el Flatiron de NYC pero es sin duda alguna uno de los arquitectos más influyentes de la historia de USA. Ahora veremos por qué.

 

El Flatiron Building

 

CITY BEAUTIFUL

 

Walter se despertó con el cambio de velocidad del tren cuando este empezó a frenar. Se acercaban por fin a la ciudad y la velocidad debía ser mucho menor pues las vías pasaban muy cerca de las viviendas en la periferia. Era un día nublado y deprimente y el paisaje no ayudaba en absoluto. Fila tras fila de grandes bloques de ladrillo sucio y ennegrecido, los famosos Tenements, pasaban por delante de las ventanas, las calles sin asfaltar y gente por todas partes vendiendo cualquier baratija en tenderetes o simplemente tirada por las esquinas.

Las enfermedades y plagas aún golpeaban lo insalubres barrios obreros.

Allí no había ningún ciudadano respetable, los “afortunados” que contaban con un trabajo estaban a estas horas haciendo su turno en alguna de las fábricas enormes o en los mataderos que habían crecido en las afueras aprovechando el precio de los terrenos que los coches de línea hacían ahora accesibles a los trabajadores. En la calle solo había niños pequeños, mujeres y ancianos mutilados supervivientes de la guerra civil. El panorama era desolador y Walter recordó una de las conferencias a las que había asistido en Chicago ocho años atrás de un joven arquitecto del despacho del señor Burnham. Se arrepentía ahora de no haberle invitado a la ciudad para que explicase las nuevas ideas.

Desgraciadamente la crisis del 93, que se había llevado por delante al anterior alcalde dejándole a él la responsabilidad de hacer algo con el casi 19% de parados que llegó a haber en la ciudad, hizo que se olvidaran rápidamente todas esas cosas.

Los terribles Tenements donde se hacinan los obreros junto al tren.

Ahora, sin embargo, las cosas marchaban bien de nuevo. Terminaba la época que ahora conocemos como “Gilded Age” y los grandes industriales que habían hecho inmensas fortunas alrededor del tren, el acero, los vapores o el ganado pensaban nuevos usos para su capital.

La verdad es que Walter recordaba los días de la Feria con alegría. La visión de la magnífica “Ciudad Blanca”, como habían llamado a la exposición por el color de sus edificios, había sido una visión de belleza y armonía como no se había conocido antes en el país. Una sociedad que no existía apenas cien años antes, donde muchas ciudades no tenían ni ayuntamiento y los edificios más grandes eras sedes de banco de cartón piedra parecía estar alcanzando por fin su madurez. Es verdad que las formas de los edificios eran todas calcos de la escuela de Bellas Artes de París pero la escala y el poderío eran netamente americanos.

Fordstable quería eso, merecía eso. Grandes avenidas arboladas con cúpulas blancas en el horizonte, un paseo junto al río donde no oliese a descomposición y excrementos de cerdo. Un parque de verdad y no el marjal húmedo que sólo era parque en el plano que colgaba de la sala de actos.

Era un sueño grandilocuente, que podía parecer demasiado ambicioso. Sin embargo la circunstancias se habían combinado de la mejor manera posible y como siempre que se combinaban visión e interés, surgía la inspiración. El Commerce Club, que apoyaba a Burnham y le estaba financiando un secretísimo plan urbanístico para Chicago en el que llevaba años trabajando, hacía giras por todo el país a bordo de un vapor, promoviendo sus intereses con maquetas y hermosas ilustraciones.

El ambicioso plan para Chicago de Burnham, al que la ciudad debe su belleza.

Cuando pararon en Fordstable, parada obligada como capital económica regional, fueron acogidos con entusiasmo. Las reuniones fueron fructíferas y la ciudad terminó encargando una propuesta de reforma urbana increíblemente ambiciosa. El mismo despacho de Burnham se ocuparía así que Walter no cabía en sí de gozo.

Ni siquiera había sido difícil conseguir financiación. Los millonarios de la ciudad buscaban desde hacía años algo más allá del dinero, buscaban distinción, prestigio. Y no se puede pretender pasar por una persona distinguida cuando la calle paralela a la tuya está plagada de muertos de hambre apiñados en edificios horrorosos. Además, sería seguro un enorme negocio. Las obras públicas siempre lo son y estas tendrían un alcance enorme. Sólo con la revalorización de los terrenos alrededor del pantano cuando lo desecasen y de la orilla del río se harían fortunas.

Esto se repitió en ciudades a lo largo de todo el país. Filadelfia, San Francisco, Denver, Baltimore, Cleveland, Seattle, todas tenían ambiciosos planes en marcha. A la cabeza de todas ellas, Washington y sus planes para recuperar la dignidad del Mall.

Una generación entera de arquitectos educados al gusto francés pero moldeados en Estados Unidos llenaron el país de capitolios, bibliotecas, plazas, monumentos y avenidas. Cass Gilbert, Carrère & Hastings, Arthur Brown Jr… suficientes como para que algún historiador optimista lo haya llamado “el Renacimiento Americano”.

Por todo el país hubo ambiciosas propuestas de embellecimiento. El proyecto final del ayuntamiento tendría una torre más baja.

Cuando después de un año de trabajo en una oficina de Nueva York fue presentado el “The Group Plan of the Public Buildings of the City of Fordstable” la expectación era máxima.

Por supuesto Fordstable, aún siendo una gran ciudad, no era Filadelfia ni Chicago. El plan urbanístico finalmente presentado tenía una escala mucho menor que las de estas pero aún así suponía una buena cantidad de cambios.

La operación principal era la desecación de la laguna y su sustitución por un parque de estilo inglés. Una nueva avenida que llevaría el nombre de Oak Avenue uniría el nuevo parque con la zona central, lo cual implicaría importantes derribos y expropiaciones. Aprovechando la operación se construiría un nuevo ayuntamiento en estilo neoclásico y un teatro justo en frente.

Además se preveía un enorme espacio vacío pretenciosamente bautizado como “Mall” en imitación al de Washington alrededor del cual podrían construirse museos y edificios públicos, todos ellos con la misma altura y en estilos homogéneos. Al final de él, junto al río, una nueva estación sustituiría la antigua de ladrillos.

Propuesta para el nuevo “Mall” de Fordstable
Panorámica extraída del plan general para Fordstable de Burnham

Por último pero no menos importante se renovarían los bancos, farolas y mobiliario urbano de la zona central, se soterrarían las marañas de cables telegráficos y eléctricos y se pavimentarían las zonas que aún tenían carreteras de tierra prensada utilizando la técnica del macadán que tan buenos resultados daba. Además, se plantarían árboles de sombra por todas partes, pues estaba demostrado que eran la manera más económica de aumentar el prestigio y valor de las calles.

Además de inversores privados, que estaban deseosos de hacer buen negocio construyendo alrededor de parque, la ciudad esperaba pagar las importantes obras con la venta de los últimos terrenos públicos que le quedaban del plan original de principios de siglo.

No todas las propuestas llegaron a completarse, claro. La estación nunca se llegó a construir por problemas económicos de la compañía y el parque en seguida se convirtió básicamente en un reducto para ricos, rodeado de las mansiones más caras y alejado de la gente corriente. Pero por otro lado el valor de los terrenos se disparó y las principales industrias de la ciudad empezaron a construir oficinas alrededor de la nueva plaza central. El límite de alturas propuesto, que se suponía que iba a permitir que las cúpulas de los edificios públicos resaltaran sobre el conjunto, nunca fue respetado y en los siguientes veinte años se construyeron todos los rascacielos que el mercado de la ciudad podía soportar.

Así se publicitaban las nuevas viviendas en las zonas recientemente urbanizadas de la ciudad

 

LOS AÑOS DEL CHAMPAGNE

 

La ciudad siguió creciendo a buen ritmo a lo largo de los “felices años veinte”, parecía que no tenía fin. Hasta que llegó el crack del 29.

Y sirva la historia de los hermanos Garth como ejemplo de algo que se repitió por todo el país.

Provenientes de una familia de origen alemán, dedicada al carbón vegetal en los bosques de Westsylvania, los dos hermanos se habían metido en el negocio inmobiliario construyendo una exclusiva urbanización en las afueras de la ciudad. Habían conseguido los terrenos muy baratos porque se encontraban muy lejos del centro pero sabían perfectamente que nunca lograrían venderlos sin un buen transporte público y decidieron construir una modesta línea del centro a su promoción. Cuando una de las compañías que poseían terrenos necesarios se negó a vender a ningún precio no les quedó otra opción que compra la propia compañía.

Así entraron en el negocio del ferrocarril.

Además de muy ricos se hicieron famosos. En diez años se hicieron con el control de más de veinte líneas de tren, salían en los periódicos como “los chicos maravilla”. Ellos fueron los que querían construir una gran estación de ferrocarril en el centro y en los terrenos que compraron se construyó parte de la nueva plaza central.

Propuesta para la nueva estación central de Fordstable que los Garth nunca llegaron a construir.

Lanzados a lo grande, amantes del riesgo y con los bancos a su favor, se implicaron en lo inmobiliario y pretendieron construir “la estación más espectacular a este lado de los Apalaches”. Junto a la estación construirían el mayor hotel de la ciudad, un centro comercial, apartamentos y una torre de oficinas completamente fuera de escala, la Station Tower, proyectada para tener más de 50 plantas y 230 metros.

Ya estaba casi terminada cuando llegó el 29. El súbito hundimiento del mercado destrozó la compañía, cuyos cimientos eran las deudas y el apalancamiento. La riqueza de los hermanos Garth, valorada en 3.000 millones de dólares de la época (casi 45.000 millones hoy en día) pasó en cuestión de semanas a ser de 3000 $. Ninguno viviría más de siete años después de esto.

¿Qué dejaron detrás de si estos hermanos, ejemplo de casos similares en cientos de ciudades americanas a diferentes escalas? A primera vista no dejaron un mal legado: un elegante barrio residencial en las afueras, un transporte público mejor consolidado, una torre elegante en el centro y un enorme centro comercial. Eran edificios hermosos, proyectados según las modas del momento pero construidos para durar y que le dan un toque de distinción al área.

Pero también hay sombras. La ruina y las deudas que dejaron atrás quebraron más de un banco y destruyeron las inversiones de mucha gente, causando gran daño a la economía de la ciudad. El enorme barrio residencial de lujo que construyeron atrajo y absorbió a gran parte de la clase media-alta y alta, haciendo que las calles céntricas que habían sido tradicionalmente burguesas perdiesen valor. Unido a la ruina de muchas familias hizo que muchas de las mansiones de Tales’ Avenue acabaran convertidas en hoteluchos mediocres y destartalados.

Mansión abandonada y a la venta en Tales’ Avenue

Por último, el enorme complejo de la Station Tower, abandonado y sin terminar con vallas de obra y socavones, distorsionó el centro de la ciudad durante años. Incluso cuando se pudo terminar lo cierto es que su diseño cambiaba totalmente las reglas de juego urbano hasta entonces. Todo se podía hacer en ese complejo, desde echar una carta al buzón hasta comprar un traje, alquilar oficinas o pedir un crédito. Era una ciudad relativamente grande pero sin el poderío suficiente para que esto no resultase dañino para el comercio del centro de la ciudad. Muchos comercios que cerraron sus puertas en la crisis no volvieron a abrir. Y el método de inversión y promoción inmobiliaria en USA cambió para siempre. Cada vez más iría desapareciendo el tejido mixto y heterogéneo que existía en las ciudades y sería sustituido por zonas uniformes, uso residencial, uso comercial, etc. Grandes edificios, grandes complejos optimizados para el beneficio pero más áridos para la ciudad, que perdió el micro tejido que la hacía viva y excitante.

Station Tower, imagen del proyecto.

El siglo XIX, con todos sus desmanes y su corrupción política y económica había servido para crear las bases de la economía americana, el acero y el ferrocarril, la carne y el trigo. El país ahora tenía de todo y funcionaba. El siglo XX, en cambio, sería de consolidación, de homogeneización. La Corporación dominó sobre la pequeña empresa, las cadenas de tiendas tomaron las ciudades y se uniformizaron leyes. La gran burocracia pública tomo forma para poder manejar un país de escala continental. El país había cambiado radicalmente una vez más.

Fordstable: historia de una ciudad americana (I)

Así se veía una ciudad media americana cuando te acercabas desde el campo.

La Ciudad que caminaba

 

 

En una ocasión escribí acerca de cómo Estados Unidos aprobó la increíblemente ambiciosa “National Land Ordinance”. El país quedó dividido en una rigurosa retícula uniforme, preparado para que cualquier arriesgado inversor, granjero u obrero industrial hiciesen crecer una ciudad en cualquier lugar. Gracias al cine o al turismo tenemos una idea (a veces poco rigurosa) de cómo ha acabado el proceso urbanizador americano, cómo es una ciudad de allí. Sabemos que no son como las ciudades europeas pero… ¿Cómo era la ciudad original americana? ¿Cómo vivía la gente en aquellos tiempos?

Antes de las infinitas alfombras de suburbios con viviendas clónicas y surcadas por enormes autopistas hacia un downtown poblado de rascacielos, llenos de vida durante el día y siniestros durante la noche ¿existió otro tipo de ciudad? ¿Por qué y como se han convertido en lo que son ahora?

Vamos a descubrirlo en las siguientes entradas. Acompañadme en la historia de Fordstable, un pequeño enclave fundado por emigrantes europeos. No es un lugar real, claro, pero nos será útil como ciudad metafórica.

Las ciudades americanas tipo de la época era, en origen, muy sencillas. No siendo una avanzadilla de la metrópolis como otras ciudades coloniales del mundo nos podemos olvidar de encontrar en su núcleo una gran catedral, una universidad o grandes edificios públicos. La ciudad americana es, ante todo, una herramienta. Un medio para un fin, bien sea enriquecerse o simplemente buscar una vida mejor, pero no un fin en si mismo.

Fordstable es poco más que un pueblo pequeño, situada junto al hermoso río Minewattou en el interior de Westsylvania, un joven estado que no tiene ni veinte años de existencia. El río, caudaloso y ancho, probablemente es parte de un sistema fluvial que desemboca en alguna de las grandes arterias de América: el Ohio, el Mississippi, el Missouri, el Tennessee… quién sabe. Lo cierto es que casi todas las ciudades americanas de esta época han sido fundadas junto a un río, un canal o uno de los grandes lagos. El agua es el medio de transporte principal, como ha sido a lo largo de toda la historia.

Obreros preparan el transporte de materiales de construcción a través del río Minewattou

Fundada en origen como puesto avanzado de tala de madera para un fuerte cercano, en los últimos años ha atraído nuevos colonos de la costa. Gracias al río los colonos han conseguido desarrollar una próspera industria de exportación de madera, o quizá pieles. Además los granjeros de los alrededores transportan las cosechas que las infinitas y fértiles llanuras les proporcionan para distribuirlas por el país. Los molinos consiguen energía barata, las grandes gabarras transportan los cereales rápidamente y toda la ciudad arroja sus deshechos aquí. El río es la razón de ser de Fordstable. Y la introducción en 1816 de una línea de barcos de vapor en el Minewattou que lo comunica directamente con un río mayor y a través de él a los grandes puertos de la costa ha supuesto el último impulso que la ciudad necesitaba para empezar a crecer a toda velocidad.

Fordstable unos años después de su fundación, apenas un puñado de casas.

Junto a la orilla brotan los barracones de almacenamiento, las instalaciones portuarias, las viviendas de los estibadores. Es una zona ajetreada y sucia, con malos olores y enfermedades, pero convenientemente cercana a los trabajos más sencillos de realizar y de conseguir para cualquier forastero recién llegado. Y no son pocos, pues el país vive una verdadera migración masiva de personas hacia el interior desde que sus fronteras se abrieran hace unos años. Muchos de estos trabajadores viven en pequeñas casuchas entre estos edificios industriales y gastan su jornal en tabernas en el mismo barrio.

Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou

Aunque el tamaño de la ciudad es pequeño los planes urbanísticos, predeterminados por las leyes “por defecto” prevén ya el crecimiento futuro a lo largo de una aburrida cuadrícula sin características especiales.

Lugar propuesto para la plaza central y ayuntamiento de Fordstable. La zona del río está completamente edificada salvo las tierras comunales.

Un par de manzanas detrás del puerto viven los dueños de los negocios, los mayoristas de bienes, los comerciantes. A salvo de los olores pero no demasiado lejos de sus empresas en una época todavía sin coches, están ahorrando para construir entre todos el primer edificio de cierta entidad, un mercado o sala de cambios donde poder reunirse a acordar contratos cada año. El ayuntamiento de la ciudad no tiene aún edificios propio así que el pequeño grupo de empleados que gestiona los asuntos de la ciudad a tiempo parcial alquilara unas oficinas en ese edificio en cuanto pueda.

Han pasado un par de años y alrededor de este mercado están apareciendo ahora pequeños comercios de prestamistas privados y una pequeña oficina del First Bank, primero pero en absoluto último banco en abrir en Fordstable. En su fachada han construido una modesta réplica en madera de las columnas griegas de la sede central en Philadelphia, un recurso bastante cutre pero suficiente para impresionar a una población mayormente de nivel cultural bajo. Apenas diez años después será derribado y sustituido por un edificio mucho mayor y, ahora si, de piedra.

La sede del First Bank, todo un alarde de poderío.

Ningún turista visitaría Fordstable si no es bajo amenaza pero sin embargo desde hace unos meses se está construyendo un gran hotel en el centro. Y es que a los hombres de negocios que viene para realizar grandes tratos con mayoristas se les quedan cortas las posadas que jalonan Main Street. Nadie lo habría dicho hace cinco años y sin embargo antes de navidad habrá otros dos en construcción. Son el verdadero corazón de la vida pública de la incipiente burguesía.

El Hotel Redmont House, recién inugurado en estilo Clásico-horterizante

No se ha escatimado en lujos en el Redmont House Hotel y cada semana se celebran ahora bailes y fiestas en su enorme sala central. Ya hay una masa crítica suficiente de familias adineradas, hijos de la primera generación de colonos de la ciudad. Hace apenas 40 años que se fundó la ciudad y sin embargo ya cuenta con 18.000 habitantes, la mitad de los cuales han llegado en los últimos diez años.

El Hotel Redmont House por dentro. No nos sorprende que sea el punto de reunión de la burguesía.

Y cuando no están de fiesta están pensando donde reinvertir sus beneficios, siempre con un sentimiento de ansiedad provocado por la idea de que no está permitido parar, hay grandes negocios por hacer y otro los hará y te barrerá del mapa a la mínima que pienses que puedes parar y bajarte de la rueda. Algunos hablan de intentar traer a la ciudad ese nuevo invento que se extiende por la costa Este, el ferrocarril. Se podría hacer mucho dinero con eso, especialmente si se confirman los planes del Gobierno para construir un nuevo canal que facilitará el transporte marítimo.

Y además de hoteles y bancos están abriendo por todos lados tabernas. Montones de tabernas. Son los verdaderos lugares de reunión de los habitantes, las ágoras de la ciudad. Sus dueños compran en el mercado cercano, o quizá en el gran mercado del Heno que se ha abierto en el borde de la ciudad, demasiado grande como para ocupar una parcela central.

Main Street a mediados del siglo XIX. Aún tomada por carros tirados por caballos y gente andando.

Tampoco resulta sorprendente que la gente prefiera pasar tiempo en ellas, pues en su casa no están precisamente a gusto. El precio del suelo se dispara con el crecimiento de la población y las parcelas se dividen y subdividen hasta el infinito. Las clases más bajas de amontonan en viviendas enanas a razón de una familia por habitación, a menudo sin ventanas; y cada jueves llega un nuevo barco desde la costa con más gente. Muchos de ellos no hablan nada de inglés, sólo alemán o checo y no es raro encontrar carteles en estos idiomas en las calles.

Cartel en checo para promocionar la venta de viviendas entre los inmigrantes del este
Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou
Malviviendo en un patio interior, el escalón más bajo entre las viviendas baratas

Los bloques en la ciudad americana son muy grandes y tienen siempre callejones interiores (recordad la imagen típica del callejón neoyorkino con sus salidas de vapor), y algunos han construido barracas en ellos. Se produce así una curiosa estratificación social, donde los más adinerados viven junto a la calle y los pobres hacia el interior de las manzanas, y similar división entre plantas bajas y altas. Sin embargo, nadie vive demasiado lejos: casi todo el mundo aún va andando a trabajar y la distancia lo es todo.

Callejuela de una ciudad americana cualquiera, lleno de detritus y basura.

Los barrios nuevos no son muy originales y siguen el patrón copiado de los ingleses de casas pareadas, lo que allí llaman “terraces”, con diferentes calidades y diseños. Para algunos la monótona repetición de casas iguales es aburrida y vulgar, para otros una buena metáfora del espíritu democrático del país. En el barrio de los comerciantes se acaba de terminar una nueva urbanización de estas casas adornadas con columnas de mármol y fachadas neoclásicas y se han vendido a velocidad record. Pero también las hay para ciudadanos con menos posibles.

A lo largo del siglo este tipo de vivienda se convertiría en uno de los más frecuentes, el edificio de dos pisos con una vivienda en cada uno y compartiendo pareces con infinitos vecinos clónicos.

Más allá de esto la verdad es que la ciudad no tiene muchos puntos de interés: no es Estados Unidos un país con grandes monumentos o barrios históricos y en la mayoría de ciudades lo único que adorna las calles son los árboles de sombra plantados en ellas. En Fordstable aún tardará el ayuntamiento 5 años más en construir un edificio propio para su uso, que financiará vendiendo un trozo (otro más) de las tierras comunales que el proyecto original de la ciudad reserva a cada municipio del país (tanto para espacios públicos como para autofinanciarse en una época en la que los impuestos son bajos y muy difíciles de recaudar)

La plaza pública en la zona acomodada. No tiene edificios de gran porte todavía.

Ahora que Fordstable está creciendo la gente se está acostumbrando a llamar a la zona cercana al Minewattou “Downtown” y a la parte alta, “uptown”, nombres que terminarán asociándose con el centro de negocios. Y más allá del uptown encontramos los últimos lotes de tierra vendidos, zonas agrícolas con granjas cuyos propietarios esperan a que la ciudad crezca un poco más para vender sus terrenos a buen precio y pegar un “pelotazo”

Fordstable está en plena ebullición y en los siguientes diez años ganará otros 40.000 habitantes, pasando la marca simbólica de los 100.000. Ya es más grande que muchas ciudades europeas pero aún así todo tiene un aspecto “provisional”, fruto de la velocidad de crecimiento que no ha permitido aún que la ciudad desarrolle una “patina” de antiguedad.

La ciudad crece de acuerdo al plan. Muchas de las tierras vacías sin urbanizar aún pertenecen al ayuntamiento.

Con tan importante masa crítica se está convirtiendo también en un punto clave para el transporte de ganado porcino y cereales desde las ricas tierras del interior hacia la insaciable y hambrienta costa este y los comerciantes de la ciudad, enriquecidos y convertidos ya en la clase dominante, saben cuál es el siguiente paso lógico, uno que puede dar unos beneficios espectaculares.

Plan urbanístico de Fordstable, sólo los lotes más cercanos al río se han dividido y urbanizado.

Costará mucho esfuerzo, inversiones inmensas y probablemente más de un soborno pero el objetivo lo merece y ya estamos en 1856, la ciudad va tarde al negocio de moda: el ferrocarril debe llegar a Fordstable.

En apenas sesenta años el pequeño pueblo se ha convertido en una enorme ciudad con una agitada vida comercial y una población siempre creciente. No es una ciudad bonita y la desigualdad es palpable pero lo cierto es que no falta trabajo y siempre pasan cosas. La clase adinerada está empezando a desarrollar una cierta conciencia de si mismos y están construyendo los primeros edificios públicos y mansiones monumentales, y crecen las voces alertando para tomar medidas higiénicas y urbanas para prevenir los cada vez más frecuentes brotes de pestes y enfermedades en los que la gente cae como chinches.

Pero la ciudad está llegando al límite físico de lo que una ciudad cuyos habitantes se desplazan caminando o en carro puede crecer. Y eso impide muchos buenos y lucrativos negocios, tanto a las fábricas de muebles que necesitan más trabajadores y que se están instalando en el borde de la ciudad como a los promotores inmobiliarios, los dueños de tierras o proveedores de servicios.

Preparaos porque la primera convulsión en las ciudades americanas está al caer: apartaos paseantes, el progreso llega, y llega sobre raíles de acero.

Una de las avenidas principales de Fordstable, ajetreada y plagada de comercios

 

Puedes saber como continúa la historia de nuestra pequeña ciudad y si sobrevivirá a los retos del agitado siglo XIX con su continuación aquí

Ciudades coloniales europeas en Asia

 

 

El fenómeno colonial en Oriente

A principios del siglo XV comenzó a desarrollarse en Europa un creciente interés por los territorios lejanos de Oriente. Un importante impulso expansionista llevó a las diferentes naciones a buscar sus propias rutas hacia el este, buscando enriquecerse y agrandar los territorios de cada país. Siguiendo el camino abierto por los portugueses, las otras coronas europeas exploraron, comerciaron y se establecieron a lo largo y ancho de toda Asia, en una agresiva campaña que llevo a la forja de grandes imperios coloniales que abarcaban centenares de colonias y que llegaría a su fin en un proceso de descolonización, muchas veces traumático, llevado a cabo a lo largo del siglo XX.

Las legendarias riquezas de más allá del Mediterraneo atrajeron a muchos, cada uno por un camino diferente. Ya fuese bordeando África, cruzando Persia, conquistando la Estepa o circunnavegando el globo, la apuesta fue decidida.

Este intenso movimiento dejó en las tierras descubiertas una profunda huella a todos los niveles allí donde los europeos se establecieron, llevando su lengua, su cultura y sus estructuras sociales. La actuación de los colonizadores no fue siempre igual y desde nuestros códigos morales en muchas ocasiones sería francamente reprobable, cuando no criminal.

Pero ya fuese para conquistar, evangelizar, guerrear o para huir de un mundo cruel buscando una nueva vida, la magnitud de los cambios que comenzaron es difícil de exagerar. Aquí y allá se fundaron ciudades, se construyeron fuertes y castillos o se conquistaron núcleos ya existentes. Como nexo entre estos dos mundos estas colonias reflejan todas las peculiaridades de este período.

Echemos un breve vistazo panorámico a ver que nos encontramos.

Para entender el desarrollo de fenómeno colonizador, es preciso trazar una somera perspectiva del contexto histórico, social y económico de la Europa de la época.

La relación comercial de Oriente con Occidente data de tiempos ancestrales, pero en los últimos siglos estas rutas estaban siendo monopolizadas por las naciones musulmanas. Entre los siglos XIII y XIV las invasiones mongolas dotaron de una precaria estabilización a las grandes extensiones de terreno de Asia central y abrieron el comercio. Los viajes de Marco Polo, aunque en ninguna forma los primeros, despertaron interés por las lejanas tierras de Catay.

Sin embargo, en el siglo XV varios acontecimientos iban a cambiar la situación radicalmente. En el este, un Imperio Otomano en auge toma Constantinopla en 1453, cerrando las rutas comerciales europeas y difundiendo importantes cantidades de conocimientos clásicos debido a los estudiosos bizantinos emigrados. Esto contribuirá al desarrollo del renacimiento, y permitirá a los europeos hacerse una idea de los conocimientos geográficos de griegos y romanos.

Paralelamente, en la península Ibérica está llegando a su fin la reconquista después de ocho siglos, lo cual deja a los conquistadores en una situación “ociosa”, en la que se resuelve continuar la reconquista de la manera más lógica: extendiéndose por el norte de África. Mezcla de conquista, empresa comercial, evangelización y aventura, la huella que dejó la naciente nación española en 100 años excede en mucho lo que se podría esperar de un territorio con más bien poca población.

Nuevas tecnologías en la construcción de navíos y en los instrumentos de navegación permiten aventurarse en mares exteriores.

La corona de Portugal como la de Castilla y la de Aragón trazan planes de expansión, que toman rumbos diferentes en cada caso.

Así es como los navegantes portugueses, encabezados por Enrique el Navegante, llegan a Azores y a Madeira y comienzan a explorar la costa africana. Buscando el paso marítimo a Oriente dejaron atrás el cabo Bojador en 1434, y en 1487 Bartolomé Díaz dobló el Cabo de Buena Esperanza.

En 1498, Vasco da Gama tocaba tierras Indias, dando comienzo a la historia del Colonialismo europeo en Oriente.

 

El Imperio Portugués: pioneros en Oriente

La Corona de Portugal comenzó sus exploraciones a lo largo del siglo XV con pretextos como la evangelización de los infieles, y también la expansión del comercio y el descubrimiento de nuevos territorios. Exploró toda la costa africana a lo largo del siglo, fundando colonias y explotaciones. En 1498 Vasco da Gama llegó a la India, al territorio que hoy forma el estado de Kerala.

Así, el primer emplazamiento europeo en Asia fue Cochín, fundada en 1502. A partir de ahí, exploraron y colonizaron Madagascar, Ceilán o el resto de lo que luego sería conocido como India portuguesa.

A lo largo de todo este siglo XVI, los portugueses controlaron y monopolizaron el comercio en Oriente y se expandieron en consecuencia, dando lugar a muchas colonias y emplazamientos distribuidas por toda Asia, desde las que ejercieron su dominio durante el siglo XVI, hasta el declive del imperio y la pérdida de muchas de estas.

Las ciudades portuguesas

La expansión de Portugal tiene un fin meramente comercial, así que la historia de los asentamientos portugueses es una historia de lugares de intercambio.

Estos se realizaban, fundamentalmente, de tres maneras: directamente desde los barcos hasta el puerto, mediante los puestos comerciales que mantenían en muchas colonias, o en la propia ciudad en los casos en los que la presencia portuguesa en tierra era relevante. El largo camino de descubrimientos a los largo de África no había resultado fácil pues este continente presenta en amplias zonas una costa muy compleja, con junglas impenetrables en esa época para los europeos, escasos puertos naturales y densa población local hostil.

De esta manera, la mayoría de las ciudades portuguesas fueron simples puntos de reabastecimiento para la flota, feitorias o fuertes militares para mantener el control de una zona. En general, el esfuerzo urbano es mínimo en tanto a labores de planificación y edificación, siendo Goa la excepción a esto último.

A grandes rasgos se confirma el hecho de que las naciones europeas tendía a desarrollar en las colonias los mismos sistemas que regían en la metrópolis de origen. En este caso, Lisboa es una ciudad que conserva un trazado medieval durante mucho tiempo, sin ninguna reforma durante el período renacentista. No fue hasta el terremoto de 1755, que destruyó toda la ciudad y mató a cerca de 90 000 personas, que la ciudad se plantearía la construcción de un barrio siguiendo directrices modernas: calles rectilíneas, plazas… todo bajo las órdenes del Marqués de Pombal.

Lisboa antes del terremoto. Un follón de ciudad.

 

Goa

En 1510, Alfonso de Alburquerque derrotó a las tropas de los gobernantes del estado de Goa y tomó posesión de la región para controlar el comercio de especies. Con el tiempo, Goa se desarrollaría y sería la capital de las posesiones portuguesas de ultramar.

Como consecuencia de esta importancia dentro del imperio, sede del virrey de Portugal y punto central del comercio, Goa supone la excepción entre las colonias tipo de los portugueses, en el sentido de ciudad con un cierto calibre e importancia. Hacia 1600 Goa llego a tener un tamaño superior a ciudades como Lisboa o Londres, y en ella se llevó a cabo una arquitectura monumentalista de rasgos portugueses.

La ciudad tenía calles dedicadas al comercio concreto de diferentes artículos, como seda china o perlas de Bahréin, pero no creció siguiendo un plan urbanístico definido, sino como mucho unas ligeras directrices.

Paralelamente al del propio imperio portugués la que fue llamada en su momento “Goa Dourada” comenzó a perder importancia en el siglo XVII. Diversas epidemias azotaron la ciudad, y la población comenzó a emigrar huyendo de la inquisición.

En 1700, la población de Goa era de 17 000 habitantes, y en 1775, de 1 500, desde una población máxima de casi 200 000.

Goa, primera ciudad occidental en Asia. 1550

En 1843, la capital de las colonias portuguesas se trasladó a la ciudad vecina de Nova Goa, hoy Panaji. A día de hoy el estado de Goa es uno de los menos poblados de la India, y las ruinas de la ciudad de Goa Vella pertenecen a una especie de ciudad fantasma.

Malaca

Desde su base en Goa, los descubridores portugueses expandieron sus posesiones por todo Oriente.

Uno de los enclaves conquistados fue la ciudad de Malaca, tomada por Alfonso de Alburquerque con apenas mil hombres en 1511.

Esta ciudad ocupa una posición muy importante en el control del comercio que transcurre por los estrechos de Malaca, y los portugueses construyeron en ella una importante fortaleza a tal efecto, pero no parecen haberse preocupado demasiado de la propia ciudad.

En 1641 siguió el camino de tantas otras colonias portuguesas y fue capturada por los holandeses.

La fortaleza del estrecho de Malacca en 1551

 

Macao

Portugal llega a Macao por primera vez en 1513, y mantiene un asentamiento estable desde 1557.

En 1563, la incipiente ciudad consta de unos mil habitantes, entre colonos casados con nativas, soldados y comerciantes, además de los siempre populosos barrios de chinos. En 1605, ante las actividades de Holanda, se amuralla la ciudad. Su “época dorada” coincide con la unión temporal de la corona portuguesa y la de España, entre 1580 y 1640, pues Macao no reconoce esta unión y se convierte en un puerto franco. Para 1800, tiene 12 000 habitantes, de los cuales dos tercios son chinos. Con la aparición de la próxima ciudad de Hong Kong, Macao ve su influencia muy disminuida.

Macao, 1635

Macao permaneció bajo control portugués hasta su devolución a china en 1999 y por lo tanto tiene de un centro histórico con importantes rasgos de arquitectura portuguesa.

Colombo

Colombo fue capturada en 1505, y pronto se convirtió en la capital de toda la isla de Ceylán hasta la captura holandesa en 1656. Como ciudad que tenía que defenderse de posibles incursiones tanto desde la costa como desde el interior, no controlado, se construyó una fortaleza, que fue la única aportación urbana mencionable por parte de los portugueses.

Los holandeses tampoco se esforzarán demasiado en desarrollar la ciudad, y no será hasta el dominio británico que se decidan a construir casas y edificios administrativos en el entorno de la fortaleza.

Colombo en el siglo XVII

 

 

El Imperio Español

El Imperio Español concentró sus esfuerzos colonizadores en los territorios que le fueron concedidos en virtud del tratado de Tordesillas, por lo que la mayor parte de su actividad se desarrolla en el Caribe y Sudamérica.

Sin embargo, los viajes de Magallanes le hicieron llegar a las Islas Marianas y, posteriormente, a Filipinas (donde murió), abriendo así el camino entre Nueva España y las Filipinas.

Acapulco, a donde llegaron los españoles por primera vez en 1523, se convertiría en un importante punto de comercio con Oriente desde donde se intercambiaba plata americana por bienes asiáticos venidos de Arabia, India, China y Filipinas.

Islas Filipinas

Las Filipinas estaban, técnicamente, en territorio portugués según lo dispuesto en el tratado de Tordesillas. Sin embargo Felipe II estaba decidido a conquistarlas.

El primer intento de asentamiento español en Filipinas tuvo lugar en Cebú, a pesar de la hostilidad manifiesta de los nativos, que ya habían atacado a Magallanes 30 años antes.

Allí Legazpi construyó un fuerte y se fundó la primera ciudad, pero en 1570 hubo de irse debido a los ataques de piratas portugueses.

En 1571, Legazpi navegó hasta Maynilad, donde fue bien recibido y se dispuso a fundar una ciudad con el nombre de Manila.

Manila 1668

 

Manila

Manila fue levantada según planos de Herrera (arquitecto del Escorial), siguiendo las directrices de Felipe segundo que se publicarían en 1573 como “leyes de Indias”

La ciudad consta de dos partes diferenciadas, la extramuros, para la población indígena, y la intramuros, para los españoles.

En esta ciudad de intramuros se realiza un trazado de calles rectilíneas que parten de una plaza central, con toda la ciudad orientada con los vértices hacia los puntos cardinales para “evitar los malos vientos”.

En la ciudad extramuros se desarrollaron importantes barrios de nativos y de emigrantes chinos, que superaban a la población española.

En los alrededores de la ciudad se fundaron las llamadas cabeceras, con objetivos religiosos, que eran pequeñas poblaciones de planta ortogonal con una iglesia en posición dominante y controladas por los Agustinos, cuya labor evangelizadora fue un éxito total.

La ciudad vieja de Manila antes de la Guerra Mundial

 

El Imperio Holandés:

En 1648, con la firma de la paz de Westfalia, los Países Bajos se independizan de España. A partir de ese momento su habilidad como comerciantes y su impulso como nación joven les llevarían a establecer un imperio colonial en el extranjero, el primero después de los portugueses y españoles.

Los holandeses llegaron a Oriente a principios del siglo XVII para encontrarse con unas posesiones portuguesas mal defendidas al alcance de la mano, país con el que además estaba en guerra debido a la unión de las coronas de Portugal y España. Por esta razón, Holanda cimentó su imperio colonial sobre el de Portugal.

Comenzando por las islas Molucas los holandeses se expandirían por Indonesia, fundarían Batavia y desde allí irradiarían hacia el resto de las Indias Orientales. Con el control de Malaca y posteriormente de Ceylán, pudieron hacerse con el monopolio del comercio en la región desde Japón hasta la India.

Amboyne

Esta ciudad, fundada por Portugal en 1526, cayó bajo el dominio holandés en 1605 y se convirtió en la base a partir de la cual se expandió el imperio. Construida a lo largo de la desembocadura del río, una parte sigue el esquema holandés de trazado de canales rodeando la ciudad.

 

Dejima

En rigor fueron los portugueses quienes primero comerciaron con los japoneses. Para sus comerciantes se construyó en 1634 la isla de Dejima, un islote artificial en la bahía de Nagasaki desde donde los comerciantes podían hacer negocios sin pisar “suelo sagrado japonés”

Sin embargo, en 1638 los católicos fueron expulsados de Japón y los holandeses vinieron a ocupar su lugar. En 1641, la compañía de las Indias Orientales traslada su sede de operaciones del puerto de Hirado a Dejima.

El islote tiene un tamaño reducido, de aproximadamente 120 metros de largo por 75 de ancho, con viviendas, alojamientos y almacenes, además de guardias que controlaban el cargamento de los barcos y supervisaban las operaciones. El mantenimiento de esta infraestructura corría a cargo de la Compañía de Indias pero el comercio con Japón era sumamente rentable.

Bahía de Nagasaki
Dejima, ciudad de comerciantes

Ceylán

Como se ha reseñado antes, los holandeses llegaron a Ceylán en 1602, y pudieron hacerse con el control de la isla gracias la connivencia con los gobernantes locales para expulsar a los portugueses, puesto que su interés allí era el comercio y no la conversión de fieles al cristianismo.

Entre 1636 y 1648 lucharon contra los portugueses y una vez se hicieron con la isla tomaron el control de ella.

A pesar de la importante ubicación estratégica de la isla, a mitad de camino entre Sudáfrica y las Indias Orientales, no hubo un esfuerzo importante por urbanizar la capital, Colombo, ni ninguna otra ciudad.

 

Batavia

Los holandeses llegaron a Batavia con la intención de crear una capital para sus posesiones en Oriente.

De esta manera, en 1619 se empieza a construir la ciudad siguiendo un plano que es herencia directa de las directrices que se estaban siguiendo en Ámsterdam en esos momentos (en 1607 se había aprobado el plan de los tres canales)

Gran parte del territorio donde está ubicada la ciudad es un terreno cenagoso, atravesado por un río y con varias zonas bajo el nivel del mar. Los holandeses aplicaron sus conocimientos y represaron el río, creando canales que cumplían funciones defensivas y de control de aguas, además de vías de comunicación.

Plano de Batavia, en el futuro conocida como Jakarta

Levantaron una fortaleza en la línea de costa y dejaron la ciudad organizada en torno a un río central, con canales flanqueando la zona urbana.

Dibujo de Batavia en 1750
Plan de los tres canales de Ámsterdam, contemporaneo

Incluso la parcelación sigue un esquema semejante al de la metrópolis, con parcelas alargadas en las que se reserva un importante porcentaje de suelo para patio interior (en estas ciudades normalmente se pagaban impuestos según los metros de fachada, pues indicaban también acceso al canal).

Batavia supone, junto a Goa y Manila, el primer intento europeo de implantar una estructura administrativa en las colonias orientales.

¿Ámsterdam o Indonesia?

 

Otros enclaves holandeses

El Imperio holandés se expandió por toda Asia y controló amplios territorios, pero la mayoría de las otras ciudades que poseyeron no pasaron de ser enclaves comerciales sencillos o fortines militares puntuales. Así, los asentamientos de Aceh, la Célebes, el norte de Java y el sur de Sumatra no alcanzaron desarrollos significativos.

 

El Imperio Francés

El Imperio colonial francés se había limitado a América y la costa occidental de África hasta que en 1664 se fundó la compañía de las Indias Orientales francesa para competir por las riquezas de oriente.

En 1673 se asentaron en Bengala, Chandranagore; y en 1674 ocuparon Pondicherry, desde donde se expandirían por la India.

También fundaron enclaves en diferentes islas del Océano Índico, como Reunión, las Seychelles y Mauricio.

En una segunda fase, motivados por una expedición de castigo conjunta con la corona de España por el asesinato de religiosos en 1858, invadieron la Cochinchina, y a lo largo del siglo XIX siguieron una política de establecimiento de protectorados que les dio el control de ciudades como Saigón, Hanói y Phnom Penh.

Pondicherry

Los franceses se asientan aquí en 1673, usando Pondicherry como base para la expansión francesa por la meseta de Deccan, en la zona central de la India.

Hacia 1674, el primer gobernador, François Martin, comienza las tareas de construcción de la ciudad en lo que hasta ahora era una aldea de pescadores. En 1693 los holandeses toman la ciudad, pero le es devuelta a Francia en 1699. La ampliación a partir de este momento sigue las directrices de los planos diseñados por los holandeses durante el periodo de ocupación de la misma.

Ciudad y fortaleza de Pondicherry

La nueva ciudad sigue una estructura en rejilla, con calles ortogonales. Está dividida en dos sectores, el francés y el indio, la Ville Blanche y la  Ville Noire, siguiendo la costumbre de separar barrios de nativos de barrios europeos. Para la expansión la compañía de indias compra terrenos alrededor de la villa original. El sector con calles oblicuas pertenece al barrio musulmán, cuyos ocupantes ya se había trasladado allí con anterioridad al desarrollo del plan

En 1709 se erige la fortaleza de Fort Louis.

La ciudad experimenta un importante crecimiento y en 1710 tiene 60 000 habitantes. En 1735 se construyó un gran dique para protegerla del oleaje

En 1739 se amuralla la ciudad pero en 1761 es conquistada por y destruida por completo, quedando en ruinas durante cuatro años. En 1765 en reconstruida pero ya no recobraría su antigua importancia. La ciudad cambiaría de manos entre franceses y británicos hasta 1914, para permanecer como ciudad francesa hasta 1954.

Saigón

En 1859, como parte de la expedición conjunta con los españoles, los franceses toman la ciudad de Saigón y establecieron allí su capital para Indochina.

Como consecuencia de esto en los aproximadamente 100 años que permanecieron en la región se construyó mucho en estilo occidental, llegando a conocerse como “la Paris de Oriente” (a la gente le gusta mucho decir que algo es “el París de nosedonde”)

Con la importante influencia del Plan Haussmann de París en Saigón también se trazan amplios bulevares. Además, se diseñan amplios espacios verdes en la tradición de los jardines franceses y se acaba demoliendo la fortaleza que dominaba el centro de la ciudad.

Hacia el oeste de la ciudad se encuentra la aldea china de Cholon, que acabaría siendo absorbida por la ciudad

Saigon en 1815

Hanói

En 1873 los franceses entran en Hanoi. Se construye una carretera que une la villa a orillas del rio Rojo con la ciudadela, y en 1883 se hacen planes para la construcción de una catedral, casas de estilo colonial e instalaciones militares.

En 1887 se convierte en capital de Indochina

Hanoi en 1873

Ernest Hebrard, que previamente había diseñado la ampliación de Tesalónica y que participó en el urbanismo de varias colonias francesas como Casablanca, diseña en 1923 un plan de expansión de la ciudad hacia el este y el oeste, pero nunca consigue ser llevado a cabo en su totalidad por falta de fondos.

En Hanoi se puede observar la misma estructura que en otras ciudades francesas: una Ville Blanche para europeos y asiáticos europeizados, con calles ortogonales, arboledas, anchas avenidas y arquitectura colonial, y una Ville Noire para los indígenas, en la que esencialmente no se hace ninguna intervención.

Hanoi en un plano es indistinguible de cualquier otra ciudad europea

 

El Imperio Británico

En 1588 la derrota de la Felicísima Armada deja a Inglaterra en posición de supremacía naval, y se lanza a conquistar territorios en el extranjero. El primer asentamiento estable en América data de 1607, y en 1608 la compañía de las Indias Orientales británica, fundada ocho años antes, se establece en el puerto indio de Surat. Empiezan a construir fábricas y se ganan el favor de los emperadores mogoles, pudiendo extender sus posesiones y sus redes comerciales por toda Bengala.

A lo largo del siglo XVIII extendió su influencia en el subcontinente y, tras la guerra de los siete años que acabó con las ambiciones francesas en la India, se hicieron con el control de la mayor parte de la India.

Además extendieron su actividad por Singapur y China, donde para financia las importaciones de Té comenzaron un lucrativo negocio  que llevó a las guerras del Opio. Después de estas consiguieron el control de Hong Kong y confirmaron su dominio en los puertos libres de China.

En el siglo XIX Gran Bretaña cambió el modelo colonial, con la pérdida de los territorios en Norteamérica y un cambio en el sistema. La Compañía de Indias pierdes sus privilegios y acaba cayendo, la iniciativa pasa a los fondos privados.

El Raj Británico, la joya de la corona

En los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX se potencia la actitud imperialista de Gran Bretaña, alcanzando su plenitud como Imperio después de la Gran Guerra.

A partir de la segunda guerra mundial los diferentes territorios coloniales se fueron independizando de manera más o menos violenta.

 

La India

Tipología de ciudad británica en la India

A rasgos generales las ciudades inglesas en la India tienden, al igual que las francesas, a separar la parte europea de la parte India.

La India tiene una importancia creciente como exportadora de algodón, que se refuerza con la crisis posterior a la guerra de Secesión Americana, la apertura del canal de Suez en 1869 y la construcción de los primeros ferrocarriles. En 1876 se corona a la reina Emperatriz de la India.

Las nuevas construcciones del siglo XIX y XX, edificios gubernamentales y administrativos, se desarrollan alrededor de núcleos previos, como fuertes o la zona portuaria.

Los ingleses importan su forma de vida en forma de clubs deportivos, parques y campos. No creo que sorprenda a nadie si digo que los ingleses se integraron lo justo y probablemente no aprendieron ningún idioma local.

Los barrios europeos se construyen siguiendo directrices urbanas simples, pero prácticas y claras, mientras que las aglomeraciones indígenas, las Black Towns se dejan prácticamente a su suerte. Para mantener un cierto orden en estas últimas en ocasiones se forman comisiones sanitarias que se ocupan de asuntos elementales, como un cierto abastecimiento de agua, o la limpieza de algunas calles importantes.

A principios del siglo XX empieza a surgir la figura de los Improvement Trust, organismos que promueven el desarrollo, aunque su propio carácter privado hace que la mayoría de las actuaciones tengan lugar sobre barrios que puedan ser rentables.

Calcuta

Calcuta es el primer lugar donde se acantonan los ingleses en 1632, construyendo Fort William en 1699. En 1756 amplían las fortificaciones y desde 1757 es la capital de las colonias británicas en la India.

Calcuta en 1924

Al fuerte le rodea un gran parque, en cuyas orillas se encuentran los edificios administrativos, los barrios residenciales y la residencia del gobernador.

Al norte de la ciudad, en cambio, se encuentra la Black town, un populoso barrio, caótico y olvidado por las autoridades, atravesador por algunas calles anchas para hacerlo más manejable.

La población creció rápidamente, desde los 400 000 habitantes de mediados del siglo XIX hasta  1.132.000 de 1921

Aquí se aprecian las islas de Bombay antes de ser unidas con rellenos

Bombay

Bombay fue fundada por los portugueses en 1534, y paso a la Corona Británica como obsequio en 1661.

Originalmente está situada en una isla del conjunto de siete que forman el archipiélago, que progresivamente se irán uniendo hasta formar una sola península.

El desarrollo más importante de la ciudad comienza con la llegada del ferrocarril en 1840. Lo cual sumado a la apertura del canal de Suez provoca importantes inversiones que convierten el puerto de Bombay en uno de los más grandes.

La isla de Mumbai

 

La ciudad europea se extiende hacia el sur, mientras que la india se desarrolla al oeste de las vías de tren.

El Improvement Trust lleva a cabo algunas reconstrucciones y construye algunas calles, con una intención especulativa, hasta que sus funciones son transferidas a la administración.

Delhi

Delhi era una ciudad de tamaño medio, conocida como Shahjahanabad y construida a mediados del siglo XVII. Aunque tenía monumentos importantes, como el Fuerte Rojo, estaba en decadencia desde que la capital del imperio Mogol se trasladó a Agra.

Cuando Delhi quedo bajo control británico, apenas era un centro provincial de segunda fila. Sin embargo, con la rebelión de los cipayos en 1857, la capitalidad de la India paso de Calcuta a Allahabad, y en 1911 se anunció la construcción de una nueva capital junto a Delhi.

La antigua Delhi y el Fuerte Rojo
Delhi, sus murallas, fortalezas y puntos de control
Perspectiva de Delhi antes de 1858

Un comité presidido por Edwin Lutyens elabora en 1913 un plan para la construcción de Nueva Delhi, influido por el movimiento de la City Beautiful.

El esquema de la ciudad es un triángulo equilátero, cuyos vértices son el centro monumental (con el palacio del virrey, el parlamento y los edificios administrativos) al Oeste, la Esplanade de retícula hexagonal para residencia de dignatarios y soberanos al Este, y la zona comercial en el Norte.

Calles radiales la enlazan con la vieja Delhi, y otras arterias completan el esquema con la zona de la Universidad, las zonas de equipamientos, parques y zonas residenciales.

Las calles son rectas y están dimensionadas según su jerarquía: 50, 36 o 25 metros de anchura, con un número de filas de árboles también variable.

El plan urbanístico para Nueva Delhi, al estilo de los de la época

La población estimada para habitar esta nueva ciudad es de 70.000 personas.

El conjunto queda de esta manera claramente separado en funciones: ciudad antigua, ciudad administrativa, y una zona residencial llamada Civil Lines.

Los propios ingleses no podrían darle mucho uso a la ciudad, inaugurada en 1931, pues en 1947 la India alcanza la independencia.

Construcción de Nueva Delhi
Las estructuras de gobierno colonial en India. 1930

 

Rangún

La Rangún moderna es fundada por los ingleses entre 1850 y 1860, siguiendo una planta en cuadrícula con una pagoda como centro, con una arteria principal paralela al río y otras secundarias paralelas a esta. Son calles anchas, de más de 30 metros, excepto Pagoda Road, que llega a los 65 metros de anchura.

La población es muy variada, y la proporción de europeos nunca es demasiado grande.

Cuando la ciudad se masifica los principales equipamientos europeos se descentralizan hacia zonas suburbanas.

 

Las Colonias de Blancos

Los territorios británicos poblados fundamentalmente por blancos, dominios como Terranova, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, además de Sudáfrica, fueron alcanzando la independencia a principios del siglo XX, formando la estructura de la Commonwealth.

En lo que respecta a Australia, muchas de sus ciudades vivieron sus orígenes como colonias penales.

Así, Sídney comenzó siendo una colonia penal fundada en 1788, y no comenzó a desarrollarse seriamente hasta 1820, bajo el mando del gobernador Lachlan Macguarrie, que mando construir muchos puentes y caminos que favorecieron la rápida expansión de la ciudad cuando en 1851 se desató la fiebre del oro.

Plano de Sidney en 1836

Melbourne era una ciudad grande y desarrollada, en 1880, la segunda ciudad mas poblada del Imperio Británico después de Londres.

Adelaida, sin embargo, es un ejemplo de ciudad totalmente planificada y que desde sus inicios fue concebida como ciudad para blancos libres, en el estado de South Australia.

Fundada en 1830 por el coronel William Light tiene un urbanismo muy cuidado que separa las diferentes funciones de en barrios (zona comercial, administrativa, de negocios, industrial, residencial…)

A medida que fue creciendo, desarrollo una serie de ciudades satélite alrededor. Es un urbanismo bastante parecido al que encontramos en USA o Canadá.

Adelaida en 1880

 

Las ex-colonias en el Siglo XX

 

Después del proceso de independencia de las colonias, las distintas ciudades han seguido trayectorias muy diferentes. Es un poco excesivo estudiarlas todas de nuevo pero si merece la pena comentar algo de alguna de ellas.

Goa: La ciudad de Goa Velha es hoy poco más que una ciudad fantasma donde acuden los turistas ver los magníficos restos del pasado colonial portugués. Con apenas 5000 habitantes, forma parte del estado menos poblado de la India.

Macao: Terminado el período de cesión y devuelta la soberanía a China Macao conserva un estatus de región administrativa especial, lo cual le ha hecho desarrollar, al igual que Hong Kong, una economía importante. La ciudad está plagada de rascacielos que conviven como pueden con los restos de la ciudad portuguesa, cuya presencia se hace patente en detalles como los carteles en chino y portugués. Como única ciudad china donde está permitido el juego se ha convertido en una especie de ciudad-casino con importante presencia del crimen organizado. Algunas imágenes son perturbadoramente portuguesas aún, pero se limitan a zonas diminutas

Manila: La estructura de la ciudad Intramuros aun es perfectamente distinguible en la ciudad, a pesar de haber sido arrasada en múltiples ocasiones por piratas chinos, portugueses, incendiada, invadida en la segunda guerra mundial por los japoneses y finalmente bombardeada por los estadounidenses. La ciudad extramuros, sin embargo, sigue ahora directrices típicas americanas con largas avenidas, rascacielos y un importante tráfico.

Batavia: Rebautizada como Jakarta, es la capital de Indonesia y una de las ciudades más grandes del mundo, con una población de cerca de 18 millones de habitantes en su zona urbana. El trazado holandés, con sus canales, se distingue aun en la ciudad actual. La ciudad tiene gravísimos problemas de tráfico, pobreza en la mayor parte de la población y constantes inundaciones masivas, pues el territorio está a muy baja altitud.

Zoom sobre la ciudad vieja de Jakarta. Ahí están los canales aún
Jakarta en 2008, con la ciudad original marcada. Ha crecido un poco.

Saigón: Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh, es la capital de Vietnam y una de las ciudades más grandes del sureste asiático, con 9 millones de habitantes en su área metropolitana. Durante la guerra que expulsó a los franceses y que se prolongaría 20 años como conflicto entre el norte y el sur, la ciudad creció muchísimo al refugiarse la población del campo en la ciudad. La victoria del norte comunista le valió el cambio de nombre.

Pondicherry: Puducherry forma parte de un territorio semi-autónomo de la India. Tiene 700.000 habitantes y gracias al dique construido por los franceses en 1735 no fue afectada por las olas del tsunami de 2004, que alcanzaron los tres metros y medio de altura

Bombay: Hoy conocida como Mumbai, es el puerto más importante de la India y la ciudad más occidentalizada. En pleno auge económico, alberga importantes industrias, entre ellas gran parte de la industria cinematográfica india. Tiene cerca de 19 millones de habitantes.

Rangún: Yangón, capital de Birmania hasta 2005. Ha pasado de tener una infraestructura comparable a la de Londres en 1900, a ser una ciudad en decadencia. Sufrió un terremoto y un tsunami en 1930, fue seriamente dañada en la segunda guerra mundial y desde que gobierna la junta militar ha sido descuidada. Perdió la capitalidad en 2005 a favor de Naypyidaw. Tiene cuatro millones de habitantes

Nueva Delhi: Capital de la India. Superó hace tiempo las previsiones de la ciudad y hoy tiene 300.000 habitantes. Prácticamente se funde con Delhi, que como tantas ciudades asiáticas ha alcanzado un tamaño descomunal, de 18 millones de habitantes.

Nueva Delhi en el siglo XXI, inconmensurable

 

 

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–             The Digital South Asia Library, Chicago University

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Una historia circular

Lever House fotografiada por Ezra Stoller

I

La Lever House es un edificio construido en 1952 en el 390 de Park Avenue, Nueva York. Es unánimemente reconocido como uno de los principales hitos de la historia de la arquitectura moderna, uno de los primeros y más destacados ejemplos de “Estilo Internacional”. Fue diseñado por el despacho de arquitectura SOM, siglas de “Skidmore, Owings y Merrill”, que hoy en día es uno de los despachos más grandes del mundo, con rascacielos célebres por todo el globo (La torre Sears, el Hancock building, el Burj Khalifa… en Barcelona el hotel Arts es suyo)

Louis Skidmore y Nathaniel Owings, ambos de Indiana, fundaron SOM en el año 1936 después de algunos años trabajando por separado. Eran también familia política, pues Skidmore se había casado con la hermana de Owings. Aunque el despacho se fundó en Chicago, en seguida se transladaron a Nueva York.

Ambos respondían al prototipo de “Club man”. Dos personajes carismáticos, divertidos y elegantes, que se movían como pez en el agua en los ambientes del establishment WASP, blancos, anglosajones y protestantes. Pura expresión del patriarcado que diríamos ahora, una especie de personajes salidos de Mad Men pero antes de la segunda guerra mundial.

Los chicos de SOM, de fiesta, en su salsa

Eran brillantes a la hora de engatusar a empresarios con dinero que podía encargarles proyectos, expertos en limar asperezas entre clientes y contratistas y en “conseguir contactos”. No eran, sin embargo, tan brillantes cuando de diseñar se trataban. Pero afortunadamente ellos mismos debían ser conscientes, puesto que nunca dudaron en suplir esa carencia comprando el talento necesario. Así fue como en en 1937, sólo un año después de abrir el despacho, contrataron a Gordon Bunshaft.

Para quienes conozcan algo de historia de la arquitectura este nombre les será familiar, en incluso que puede que para parte del gran público, pues fue reconocido con el premio Pritzker (que la prensa gusta de llamar “el Nobel de arquitectura”) en 1988, junto con Oscar Niemeyer. Sin embargo en 1937 era un chaval de 28 años, recién graduado, sin experiencia laboral y que presentó como currículum una colección de fotos que había realizado en un viaje por Europa. Skidmore aparentemente supo ver su talento y le fichó sin dudarlo, dándole una plataforma para desarrollar algunos de los más brillantes ejemplos de arquitectura moderna.

Bunshaft delante de una de sus obras maestras

 

II

Lo que hizo tremendamente revolucionario el edificio de la Lever House cuando se terminó no fue sólo que era uno de los primeros edificios que respondía completamente a la imagen de la “caja de vidrio”. En 1952 en Nueva York sólo la sede de Naciones Unidas se aproximaba, y no es vidrio por los cuatro costados. Aún quedaban 2 años para la construcción del Seagram de Mies van der Rohe.

El diseño de la Lever es elegante y frágil  a la vez que estable, con un podio extenso que tiene una plaza pública y sobre el una sencilla caja de cristal verde (el único color disponible en ese momento). Pero uno de los rasgos llamativos de este proyecto es que la compañía Lever House renunció a la mitad de la edificabilidad del solar, cediendo ese espacio como espacio público y plaza de libre acceso.

El espacio interior de la Lever House, cedido al peatón

Pensad que hablamos de un solar en Park Avenue, una de las avenidas más exclusivas de una de las ciudades más caras del mundo. Nadie les pidió tal cesión, y la decisión fue tremendamente discutida en la propia compañía. La posición del presidente, sin embargo, prevaleció. Defendió que la publicidad que conseguirían con semejante gesto era mucho más valiosa que unos cuantos metros más en planta baja que alquilar a cualquier restaurante, y que explicarían al mundo entero como la fachada de puro vidrio sería limpiada regularmente con jabones Lever, pues esto es lo que fabricaba la compañía. Ciertamente el edificio destacaba con su completa ausencia de publicidad o letreros de neon, sobrio, moderno y magnífico.

El edificio goza de tal reconocimiento que es el único en Nueva York que fue reconocido como monumento (Landmark) por la Comisión de Preservación de Monumentos tan pronto cumplió 30 años (el mínimo requerido), en 1982.

1982, sin embargo, estuvo a punto de ser el último año de este famoso edificio. Su gran gesto, esa renuncia a la edificabilidad, lo convierte por otro lado en un pastel jugoso para cualquier gran promotora, que podría derribarlo y construir algo el doble de grande. Y esto estuvo a punto de suceder ese mismo año, pero un ruidoso movimiento de protesta encabezado entre otros por Jacqueline Kennedy Onassis consiguió esta declaración de Monumento y salvó el edificio, hasta hoy.

III

Lever Brothers era compañía británica fundada en 1885. Impulsados por una nueva tecnología para fabricar jabón desarrollada por el químico William Hough Watson, crecieron de manera espectacular. Comprando otras empresas y con factorías y plantaciones por todo el planeta, representan uno de los ejemplos de megacompañia del final de la era Victoriana. En 1925 se fusionaron con una empresa de margarinas holandesa y tomaron el nombre que ha llegado hasta nuestros días, Unilever. En 1930 tenían más de 250.000 empleados.

Una pregunta interesante es por qué una gran compañía industrial internacional, que no son conocidas habitualmente por su generosidad, renunció de esta manera a tantos valiosos metros cuadrados y además optó por un diseño tan novedoso y osado. La respuesta, como hemos anunciado, tiene mucho que ver con su presidente en ese momento, Charles Luckman. Y es que Luckman era arquitecto.

¿De dónde había salido este Luckman? Luckman era señor de Kansas, nacido en una familia judía, que desde los 9 años había soñado con ser arquitecto. Cursó estudios con muchas ganas en la Universidad de Illinois pero el esfuerzo que puso no fue suficiente para luchar contra una realidad mayor: Charles terminó la carrera con la nota más alta y en el peor momento posible: 1931, en mitad de la Gran Depresión que iba a arrasar el país y de la misma manera acabar con cualquier posibilidad de hacer carrera como arquitecto. Un poco como muchos compañeros míos que acertaron a entrar en arquitectura en el mismo momento en el que terminaba nuestra salvaje Burbuja Inmobiliaria, Luckman tuvo que buscarse otro camino para vivir y mantener a su recién fundada familia, y terminó dedicándose a las ventas.

Gracias a sus habilidades de dibujo, empleadas para para diseñar publicidad, fue fichado para el departamento de marketing de Colgate. Este aparente paso atrás no le hizo caer precisamente en la depresión.

Decidido a salir adelante, hizo una carrera espectacular en la empresa, cuatriplicando en pocos años los beneficios. Ascendió puestos de forma meteórica y terminó siendo Jefe de ventas. Fue portada de Times Magazine en 1937 como “Wonder Boy”, con menos de 30 años, en un año en que otros rostros fueron el Papa, Stalin y Virginia Wolf. Hoy con 30 años mucha gente considera como su mayor éxito haber conseguido un alquiler a menos de 3 horas de su puesto de trabajo.

Con 37 años fue nombrado presidente de la compañía y tres años después esta fue comprada por Lever y el fue ascendido a presidente de la misma. Su sueldo era de 250.000 dólares de la época. No intentéis hacer la conversión a precios de hoy, ya os lo digo yo: algo más de 3 millones de $ al año.

 

Luckman, hecho un chaval, presidente de Pepsodent

De esta manera es como Luckman subió a toda velocidad la escalera corporativa y el arquitecto frustrado se encontró al mando de una multinacional gigantesca. Desde esa posición promovió el diseño que haría célebre la nueva sede de la empresa, la Lever House.

Y cuando estaba buscando una compañía de arquitectura para construirla, Skidmore y Owings se presentaron como candidatos, llevando al siempre tímido Bunshaft a la reunión y esperando que se entendiesen mejor por ser ambos judíos. Bunshaft siempre dijo que en esa reunión no tuvo ocasión ni de abrir la boca, pero el caso es que SOM consiguió el contrato. Sin embargo, la construcción del edificio se iba a cobrar una víctima en Unilever: antes de completar el edificio, Luckman, el “chico maravilla”, dimitió de su puesto.

Mira que contento el chico, portada del TIME magazine. Si es que por verlo sonreir ya compensa.

Era el año 1950, había alcanzado un éxito incontestable y todavía era joven. Incluso había sido elegido como asesor presidencial para la reconstrucción de Europa y había recibido varias medallas cívicas en Francia, Italia y otros lugares. Pero el gusanillo le había picado de nuevo. Era el momento de volver a la arquitectura.

IV

Luckman Partnership, probablemente ayudado por sus contactos, consiguió entre sus primeros encargos el de diseñar la nueva sede de la compañía de licores Seagram. Sin embargo su primera propuesta fue rechazada y el proyecto terminó recayendo en Mies van der Rohe. Luckman se trasladó a Los Angeles, donde formó una asociación con William Pereira, del que (especulo) podemos deducir que algún remoto pariente gallego debía tener, esperando que su carrera despegase.

Y vaya si triunfaron. Se especializaron en encargos que, a priori, no suenan especialmente sugerentes para un arquitecto. Bases para la fuerza aérea, oficinas corporativas y aeropuertos. Incluso el Hotel Casino Flamingo de las Vegas.

Otra horrenda torre en Downtown LA, La Aon Tower
En cien años no encontraría una manera de hacer un edificio que fuese menos “Flamingo”

Luckman ni siquiera pretendió imitar el estilo del arquitecto artista que los europeos adoramos, un señor un poco loco, vestido siempre de negro como un vigilante del Muro y que trabaja con sus becarios sin sueldo en una oficina a la que insiste en llamar Atelier.

Todo lo contrario, trajo sus habilidades del mundo de los negocios y su talento para el marketing para darse a conocer. Con declaraciones grandilocuentes como “Me mantengo firme en mi creencia de que la arquitectura no es un arte sino un negocio”, decía justo lo que querían escuchar los grandes propietarios, ejecutivos de empresas y oficiales del gobierno. Se ganó el desprecio de la mayoría de los arquitectos mientras construía sin parar por todo el país edificios mundanos, cuando no horrorosos.

Con esta premisa de “la arquitectura es un negocio”, proyectaba edificios que podríamos decir de “estilo internacional” pero que salvo excepciones eran de una calidad mucho más cercana a la parte baja de la mediocridad que a tener algo de original.

Centro Lyndon B. Johnson de la NASA

En 1960, por fin, consiguió un gran encargo en Nueva York que seguro que reconocéis. A muchos probablemente os va a empezar a caer muy mal el bueno de Charles.

Y es que Charles Luckman fue el encargado de diseñar el nuevo edificio del Madison Square Garden, que se iba a levantar en el emplazamiento de la estación de tren más famosa de Nueva York: Pennsylvania Station. Sus días estaban contados.

V

La Penn Station era un descomunal edificio que ocupaba dos manzanas enteras. Diseñado por McKim, Mead & White, autores también del ayuntamiento de Nueva York, en estilo Beaux Arts; y terminada en 1910, era la puerta de entrada para millones de pasajeros cada año a la ciudad de Nueva York. Testigos de aquella época dijeron que la soberbia estructura no te hacía sentir confortable, sino importante.

La grandiosa Penn Station

La estación había dejado de ganar dinero los últimos años por una cierta reducción de viajeros en tren. Desgraciadamente para la ciudad, el edificio era privado, había sido en cierto sentido un regalo para la ciudad, pero sus propietarios no estaban dispuestos a perder dinero. Dejaron el edificio languidecer sin mantenimiento hasta que el mármol rosa se volvió gris y la estación se llenó de roña, intentando que la gente opusiese menos resistencia a la hora de derribarlo.

Y cuando llegó el momento, Luckman fue desafiante. En los debates que se sucedieron esos días afirmó “¿tiene sentido conservar un edificio meramente como monumento si ha perdido su función?”, frase que provocará un ataque en cualquier amante del patrimonio que la lea. Sin embargo, no había en ese momento un movimiento fuerte de conservación. Se organizó alguna manifestación a la que asistieron menos de 200 personas. Timoratos manifiestos fueron escritos, publicados en periódicos e ignorados. Y la estación, finalmente, fue demolida.

La demolición de Penn Station

En su lugar Luckman construyó este horrible edificio, terminado en 1968:

Madison Square Garden. Fascinante diseño lleno de humanidad y amor

Y no paró aquí. Crecido, entró en el mundo de los grandes negocios inmobiliarios y la promoción. Construyó varias torres en el centro de Los Angeles. En 1970 propuso demoler la biblioteca central de Los Angeles, que se conoce que le incordiaba. Pero esta vez no se saldría con la suya.

Los Angeles Central Library. Se ve que tampoco le gustaba

A raíz de la destrucción de la Penn Station se había despertado el movimiento proteccionista. En Nueva York se fundó la Comisión de Conservación del Patrimonio. Decenas de edificios fueron clasificados y protegidos, y desde entonces los edificios con más de 30 años gozan de cierto respiro. La lógica implacable del capitalismo fue frenada en su mismo corazón, en parte. Y uno de los edificios protegidos por esta asociación fue, precisamente, la Lever House, construida gracias al impulso de Luckman y que como hemos comentado estuvo a punto de ser demolida. Y aquí se cierra el círculo de esta historia.

Muchos años más tarde parece que el entusiasmo de Charles se moderó bastante. En 1994 donó varios millones a una fundación y dijo en un discurso: “Siento que ha habido demasiado énfasis en el negocio y en la aproximación “pragmática” a la vida, y que es momento de tomar un profundo respiro colectivo y recordar que nosotros establecimos este país con una Cultura”

A buenas horas, colega

En fin, parece que la idea le llegó tarde. Quede aquí esta historia que nos ha llevado desde una empresa de jabón hasta Penn Station, pasando por todo Estados Unidos, y volviendo al mismo hombre.