Brunelleschi, el arquitecto moderno – y V

En capítulos anteriores de esta serie tenemos la primera parte, la segunda, la tercera y la cuarta. Con esta se acaba todo ya.

Brunelleschi quedándose con la gente con lo del huevo, según Fattori

 

Final de obra

Con la obra controlada Brunelleschi empezó otras obras diversas por toda la Toscana y más allá, trabajando para los más importantes príncipes de su época y levantando iglesias y palazzos. Se movía entre lo más selecto de la sociedad y prosiguió su carrera hacia el estrato social que siempre quiso ocupar.

Adelantándose 600 años a Silicon Valley (ya, ya, tampoco es que lo inventaran allí), ordenó construir comedores y cocinas en la parte alta de la obra donde los trabajadores podían comer gratis, pues así no perderían tiempo en los desplazamientos. Externalizó la producción de la decoración a talleres lejanos, que sólo tenían que seguir sus planos y dibujos fielmente, evitando la necesidad de comprobar los resultados en persona. Privados de su libertad artística, convirtió a maestros talladores en obreros en cadena.

Dedicó mucho tiempo a promocionarse a sí mismo entre la nobleza y a fortalecer el aura de genio que todo lo sabe y de maestro que había recuperado el “saber antiguo” y vivió años obsesionado con la “propiedad intelectual” y con que no le copiasen. De hecho, si no me equivoco, la primera patente reconocida de la historia a un invento fue para él por un artefacto para transportar mármol a lo largo del río, il Badalone, patente que le concedió exclusividad y derecho a quemar cualquier nave parecida por un periodo de tres años. (El invento resultó ser una mierda y se hundió pero no vamos a cebarnos con él)

Il Badalone
Il Badalone, artefacto para transportar piedras a lo largo del río y hundirlas a mitad de camino

Desde Brunelleschi, el prestigio de un arquitecto ya no dependería de su habilidad manual, de lo bien que se le diese tallar, serrar o esculpir, sino de sus ideas. Quedaban independizados de la categoría de artesanos y pasaban a ser “otra cosa”. Ahora le llamaría “economía del conocimiento” o algo parecido.

Y mientras tanto, año a años, la cúpula siguió creciendo, irguiéndose orgullosa sobre la ciudad, la mayor obra realizada en siglos en esas tierras.

 

El último gesto de Brunelleschi es muy simbólico: consolidada su autoridad y su prestigio en la ciudad, Filippo encara a la última estructura medieval que le queda por derrotar: los Gremios.

En el año 1334, sin previo aviso, rehúsa pagar la cuota obligatoria del Gremio. Según la estrictísima norma de la época esto le debía haber costado la inhabilitación absoluta, puede que incluso la cárcel por deudas o el destierro. Pero llegados a este punto se ha hecho completamente imprescindible para que todo funcione. La Comuna y la dirección de la Catedral no quieren dejar la cúpula sin terminar a estas alturas, con la obra a la mitad y muchísimo dinero invertido y le apoyan por completo. Al Gremio no le queda otra que bajar la cabeza y quebrar sus propias normas.

Brunelleschi ha ganado, y en su obra es el rey.

Epílogo

(no pensarías que te ibas a librar ya)

 

Hay debate acerca de si Brunelleschi es responsable de la revolución en la forma de entender la arquitectura o un mero ejecutor de las tendencias inevitables de su tiempo. Quizá la complejidad de la economía y la sociedad había llegado ya al tope de lo que era posible gestionar con la estructura descentralizada de los gremios y la sociedad medieval y todo esto tenía que pasar más temprano que tarde. Ya sabemos que la historia la escriben los vencedores y la figura de Brunelleschi fue ensalzada por sus sucesores de manera interesada.

Es cuestionable hasta qué punto se puede decir que sea un “genio”. En su época no se le consideró especialmente culto pero si dotado de una gran memoria, capacidad de organización y disciplina. Desde luego no fue torpe en absoluto pero en la ejecución de los detalles y en ciertos elementos se nota que su método es todavía nuevo.

Es cierto que el relato renacentista, que es el que todo el mundo conoce, se esforzó mucho en la visión de la Edad Media como un periodo oscuro y bárbaro (falso falsísimo), y que los artistas del Renacimiento vinieron a “recuperar” las grandes habilidades de los antiguos, pero hoy en día sabemos bien que esto no es cierto. No hay ruptura en la tradición arquitectónica. Desde los romanos hasta el gótico, pasando por el románico, vemos una lenta evolución en las formas y las estructuras, no un agujero negro. Cierto que se perdieron algunas técnicas en algunas zonas, aunque habría que saber si no fue simplemente porque su necesidad desapareció: ¿era necesario hacer cúpulas como la del Panteon cuando lo que se estaba construyendo eran pequeñas parroquias en un mundo en que la gente había vuelto al campo? ¿Qué sentido habría tenido hacer Basílicas gigantescas?

Es un poco iluso pensar que Francesco Talenti, el anterior encargado de las obras, proyectó la planta de la catedral sin tener ni idea de cómo cerrarla. La forma final de la cúpula, como el propio Brunelleschi sabe, no depende de una “idea genial” sino que probablemente no hay otra manera de construirla que la que él empleó. Es, como todas las catedrales góticas, un intento más de llegar al límite posible de un sistema constructivo. La principal innovación de Brunelleschi está en el aparejo en espina de pez y en el rigor y la aproximación científica al proceso (Filippo no era un científico pero hizo venir a gente como Pablo Toscanelli para que le ayudasen con los cálculos), y también en la “intención estética” dentro de un proyecto global.

Cúpula a escala con el aparejo en espina de pez, realizada por Brunelleschi para ensayar su método

Brunelleschi rechaza totalmente el recurso al pequeño detalle, esa infinidad de gárgolas, volutas y tallas de las catedrales francesas. Este es un gran volumen de ladrillo masivo, sencillo, con aspiración de ser una semiesfera aunque no puede serlo constructivamente. Su presencia queda reforzada por las cerchas blancas que marcan los nervios del tambor de la cúpula. Pero esto no hace honor a la “verdad” constructiva. La cúpula no está construida con ocho nervios, sino con veinticuatro, y de hecho los mármoles blancos que vemos no siguen exactamente esos nervios sino la forma elíptica de la cúpula en su línea de máxima pendiente.

¿Qué quiero decir con esto?

Que Brunelleschi no busca “mostrar la construcción” sino crear una “ilusión de estructura”. Unos años después Alberti se refiere a lo mismo cuando comenta los puntos de Vitrubio (Firmitas, Utilitas, Venustas) y dice que el “firmitas” no es simplemente que el edificio se aguante (es obvio que se aguanta, pues si no, no sería un edificio), sino que además debe “aparentar que se aguanta”. Por ejemplo, poniendo pilastras que parecen enormes columnas pero no aguantan nada. Es la arquitectura como representación.

Y respecto a la decoración y la recuperación del lenguaje clásico… bueno, eso es un poco un cuento, la verdad. En realidad lo que hacen los renacentistas con sus cuadernos de bocetos es crear un sistema, un abc de detalles romanos de los que no te debes salir. Porque… ¿existe un “lenguaje clásico”?¿Acaso son iguales los capiteles de las columnas en el Orange, Francia que en Jerash, Jordania? Por supuesto que no. La “cultura clásica” abarca más de mil años y las variedades son infinitas a lo largo y ancho de un territorio vastísimo. Los renacentistas eligen una serie de elementos que les gustan a ellos, los redibujan, dicen que han encontrado la “esencia romana” y ¡chas! Ya está todo dicho. De hecho, al final Brunelleschi descarta casi todo y se limita prácticamente a una versión muy concreta del Corintio. Todo sigue un manual, una gramática.

Arco triunfo Orange
El arco de triunfo de Orange, Francia…
…y el de Jerash, en Jordania. Los romanos no tenían un estilo uniforme que se pudiera “recuperar”

En el fondo los edificios renacentistas son edificios modulares, o aspiran a serlo, con unas normas sencillas: después de columna va siempre entablamento, después siempre arco, blablablá. Reglas claras y chocolate espeso.

No es trivial este etiquetado y sistematizado, pues es el primera paso para que todo ya se puede producir con un control de calidad altísimo y el resultado final no dependa del artesano que te toque, pero forma parte de un proceso que es común es su época y está pasando con la industria textil, por ejemplo

. Un ejemplo, el último (intuyo que me estoy poniendo intensito y no creo que quede nadie leyendo esto, soy como Brunelleschi gritando cosas como un loco a los Gremios). Cuando Brunelleschi encara la construcción de los Inocentes recurre a su amigo Francesco della Luna para que lleve la obra, pues el sigue de ruta por las cortes de Italia convenciendo a nobles de que metan dineritos en hacer edificios con los que alcanzar fama inmortal como un buen Calatrava de la vida. Cuando al cabo de un tiempo va a visitar la obra, ve que ha realizado un arquitrabe al revés de como él lo había pensado y se lo echa en cara. Della Luna intenta defenderse diciendo que ese detalle lo ha tomado del tempo de San Giovanni, que es antiguo, y Filippo le contesta: “en ese templo sólo hay un error, y tú lo has copiado”

¿No es fantástico esto? El templo antiguo está mal porque no se ajusta a lo que él y otros renacentistas han establecido que es el verdadero estilo romano. Porque a Brunelleschi no le interesa el pasado de verdad sino una representación del mismo.

En fin, toca ir concluyendo porque llevo ya unas seis mil palabras sobre un señor que seguramente ni os va ni os viene. Brunelleschi, como veis, es uno de los primeros arquitectos de la historia cuyos esquemas mentales y de trabajo podemos reconocer casi como propios. Con él la arquitectura da un salto conceptual de gigante. También vemos que muchas cosas que creemos que son inventos “nuestros” puede que sean más antiguas de lo que imaginamos.

Control, sistematización, línea de producción. Huelgas obreras, ponerte un comedor en el puesto de trabajo. Separación proyecto intelectual-obrero manual. ¿Vaya, pero esto no lo habíamos inventado todo en el siglo XX? It’s very difficult todo esto.

Hay muchísimas cosas más que contar sobre Brunelleschi y sobre la arquitectura del renacimiento, claro, pero creo que de momento vamos a dejarlo aquí.

Duomo Firenze

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