Fordstable: historia de una ciudad americana (II)

Panorámica de Fordstable, ya una ciudad con todas las de la ley

 

Si te has perdido los orígenes de Fordstable como pequeño pueblo maderero, puedes encontrarlos aquí

CAPÍTULO II: LA CIUDAD SOBRE RAÍLES

 

Aunque hubo inventos anteriores para el transporte de mercancías, artefactos sobre raíles fijos y vagonetas de todo tipo, el primer ferrocarril sobre suelo americano para pasajeros y carga fue el que circuló sobre la línea Baltimore-Ohio, con primera parada en Ellicott´s Mill, en 1827.

En 1828 ya se habían cruzado los Apalaches y después ya nada detuvo el desenfrenado avance del progreso en los años siguientes.

Entusiasmada con el invento y su potencial, América se lanzó a seguir los pasos de Gran Bretaña y en menos de 20 años se habían trazado 14.000 km de vías. Los trenes llegaban a todas partes en la zona ya colonizada del país y en el Cinturón del Maíz se estima que el 80% de las granjas en 1860 estaban a menos de 8km de una estación de tren.

Era evidente que el transporte por ferrocarril iba a transformar de una manera brutal la economía del país. No sólo hablamos del potencial comercial de explotación de las líneas, claro. Hablamos de millones de toneladas de acero para raíles, más de 30 millones de traviesas de madera, fabricación de maquinaria civil, locomotoras, desplazamientos de mano de obra inmensos con sus correspondientes necesidades y gastos… Un volumen de negocio descomunal que desde luego los empresarios del país no pensaban desaprovechar.

Y por si fuera poco, y bajo la excusa de impulsar el desarrollo y acelerarlo, el Gobierno Federal instauró entre 1855 y 1871 un sistema de concesiones de tierras por el cual regaló a las compañías ferroviarias 520.000 km2 de tierras para que hiciesen con ellas lo que quisiesen. No hace falta decir que a menudo el negocio del ferrocarril estaba más en esas tierras que en el propio transporte, pues allá donde se decidía poner una estación de tren aparecería en cuestión de semanas una verdadera ciudad y el valor de los terrenos se multiplicaba por 1000.

Hasta 1856 Fordstable se había resistido a realizar las inversiones y movimientos necesarios para permitir la llegada del ferrocarril a la ciudad. No por tener nada en contra de él, en realidad, sino porque la ciudad seguía teniendo como motor económico el recientemente ampliado puerto fluvial alrededor del cuál se había desarrollado. La construcción, mantenimiento, suministro y transporte mediante barcos de vapor a lo largo del río Minewattou hasta el Canal de Queenstone que lo comunica con el resto del vasto sistema fluvial de Estados Unidos ha sido el origen de muchas de las fortunas de las familias más adineradas de la ciudad.

Los canales de la zona costera de Fordstable

Pero el futuro llega siempre y las ventajas del ferrocarril empezaban a ser imposibles de obviar. Más rápido y seguro, permitía mandar carga durante todo el año, incluso en invierno cuando el río se congelaba. Y antes de que otra ciudad se adelantase y les enviase a la papelera de la historia los prebostes de Fordstable habían decidido actuar.

Se hicieron los cálculos pertinentes, se estimaron los acres necesarios para estaciones, instalaciones y vías, las revalorizaciones del terreno y se sondearon posible contratos con los marchantes de porcino del Estado.

Algunas de las grandes compañías del ferrocarril que construían a toda velocidad en desenfrenada carrera llevaban tiempo buscando destinos para una línea que cruzase Westsylvania como otra manera de acceder a los fértiles campos del medio-oeste. Finalmente parece que Fordstable sería una de las paradas elegidas, y una de las importantes, con talleres de reparación y mantenimiento.

Desmontando el mercado de la plaza para dejar paso a las vías del tren.

Las cuentas salían y pronto empezaron los trabajos para conectar la ciudad con Knoxville, Tenesse. Estos trabajos atrajeron más personas si cabe a la ciudad, que poblaron los barrios obreros cada vez más grandes y densos.

La verdad es que no habría sido factible vivir en estos barrios, cada vez más alejados de las zonas industriales, si no fuese por las primeras líneas regulares de transporte público, primero tirado por caballos y luego reemplazadas por los primeros tranvías. En especial la línea 22 va siempre hasta la bandera, pues recorre en paralelo la orilla del río donde se asientan las grandes madereras y se multiplican las fábricas de muebles, que la ciudad exporta a todo el país.

Económicamente las cosas no podían ir mejor, desde luego, pero políticamente la situación era otra cosa. La tensión entre estados esclavistas y no esclavistas crecía cada año. Westsylvania era un estado libre, como todos los que se encontraban al norte del paralelo 36º desde el compromiso de Misuri. De hecho, había sido admitido como Estado justo a la vez que Arkansas, un estado esclavista, para mantener el equilibrio en el Senado que ese compromiso había prometido. En origen casi todos los pobladores del estado eran europeos, especialmente alemanes, escoceses y polacos, pero en los últimos veinte años numerosos esclavos huidos de las plantaciones del sur gracias al Ferrocarril Subterraneo.

Durante treinta años se había mantenido ese precario equilibrio pero ahora la situación había cambiado. La ley promulgada en 1954 para aceptar a Kansas y Nebraska como Estados había destruido ese compromiso pues al estar los dos al norte de la línea les correspondía ser Estados Libres. El equilibrio del Senado ya no existía y el partido Whig había desaparecido fruto de las convulsiones internas, con parte de sus miembros fundando el partido Republicano y otros yéndose a partidos anti-inmigración. Entre los Demócratas las tensiones son fuertes también.

El nuevo presidente, Frankling Pierce, intentó controlar los problemas con el sur firmando la polémica ley que decía que en Kansas se decidiría según “la voluntad popular” pero eso sólo le había servido para granjearse el odio de los estados del norte. Se oía ruido de sables de fondo y no tardaría demasiado en confirmarse la desgracia.

Y finalmente el 24 de diciembre de 1860 esta tensión llegaría a su culmen: Carolina del Sur declaraba la secesión unilateral, que fue seguida por otros muchos estados, y aunque nunca hubo declaración formal de guerra el l gobierno federal de Lincoln movilizó a las tropas. El curso de la guerra afectaría profundamente a Fordstable.

 

 

DÍAS DE PÓLVORA Y ORO

 

La Guerra de Secesión fue una batalla entre hermanos y entre dos modelos de sociedad. Fue una desgracia nacional, un río de sangre con 750.000 muertos. Fue una calamidad, fue cruel, fue absurda y fue dolorosa. Y para Fordstable y algunas otras ciudades, fue también un gran negocio.

Su posición privilegiada a las orillas del río y relativamente cerca del frente pero a salvo de cualquier batalla la convirtió de manera natural en un centro logístico para la maquinaria bélica norteña.

Más de mil quinientos voluntarios formaron el 11th regimiento de Westsylvania, la primera unidad formada íntegramente por polacos. Los polacos se habían convertido en un grupo numeroso en la ciudad atraídos por los puestos de trabajo en la industria porcina y como sucedió en otras ciudades se alistaron juntos por las complicaciones derivadas del idioma, igual que hubo unidades de alemanes, suizos o escoceses.

Voluntarios cruzando el río Minnewatou de camino al frente.

Acostumbrada a tratar con ganado pronto la ciudad se convirtió en la cocina del frente occidental y en punto de aprovisionamiento para los ejércitos que luchaban en Kentuky o Tennessee.

Además los astilleros volvieron a trabajar a toda potencia fabricando cañoneras de vapor para fortalecer el control del Mississippi y el Ohio, y se estableció la New Scottish Woolen Company para proveer a los soldados de uniformes.

La nueva y reluciente fábrica de la New Scottish Woolen Company

Un breve susto cuando un ejército Sureño sobrepasó las posiciones y se acercó a la ciudad llevó a la construcción de más de veinte fortificaciones a lo largo del río, pero finalmente no hubo invasión.

Antietam, Gettysburg, Vicksburg… las batallas se sucedieron y la superior población y economía del norte se impuso de manera arrolladora. Para cuando se firmó el armisticio en 1865 Fordstable había consolidado su red de trenes y carreteras, una sólida industria y su posición como cabeza económica de Westsylvania y una de las principales ciudades del Medio Oeste y del país.

Refugiados de otras ciudades y esclavos negros que huían del sur después de la proclamación de la Decimotercera Enmienda que prohibía la esclavitud aumentaron todavía más la población, que para entonces ya alcanzaba los 180.000 habitantes, una de las más populosas fuera de la Costa Este.

La plaza central de Fordstable en 1871, punto de reunión de la sociedad.

En los tiempos de paz y reconstrucción nacional que siguieron la ciudad siguió creciendo. Los tranvías llegaron a todos los rincones de la ciudad, permitiendo la movilidad de los ciudadanos y el ayuntamiento aprovechó la bonanza económica para financiar la primera (y única) línea de tren completamente de capital público, en dirección Birgminham, Alabama, temerosos de perder negocio con el declive del transporte fluvial.

Los estados del sur, en cambio, tenía su economía en el periodo de postguerra completamente destrozada, agotada después de un esfuerzo bélico mucho más allá de lo que podían permitirse. Y aunque desde el año 1863 se llevaba a cabo una política activa de “reconstrucción” (pues el gobierno no pretendía “derrotar y humillar” a los estados del sur sino reintegrarlos), las disparidades económicas de ambos modelos nunca han desaparecido.

En los años que siguieron se construyó el primer hospital general y la burguesía de la ciudad, ya asentada y acomodada, empezó a construir suntuosas mansiones a lo largo de la Tales’ Avenue. La flor y nata de la ciudad lucía sus fortunas en sus paseos por esta calle que pronto conocerían todos como la “Golden Row” y que llegaría a conocerse en todo el mundo gracias a su arquitectura y sus hileras de olmos.

Grandes mansiones a ambos lados de la Avenida de los Millonarios
La vida junto al río no es igual de glamourosa. Aquí siguen las casas de algunos de los trabajadores más pobres e inmigrantes recién llegados.

Como en París o Berlín, a su alrededor se desarrolló un barrio con comercio de lujo para atender las necesidades de una gente que cada vez más vivía separada en sus propios barrios.

Pero no todo era bello y hermoso en Fordstable. La llegada del Ferrocarril había traído prosperidad pero se había cobrado un alto precio en la ciudad. Buscando siempre los terrenos más baratos, las compañías ferroviarias habían comprado a precio de saldo terrenos industriales semiabandonados junto al río y gran parte de las últimas tierras públicas que le quedaban al ayuntamiento.

Este proceso se repitió en casi todas las ciudades del país. Los ayuntamientos vendieron a toda velocidad las tierras que tenían, a menudo sin alcanzar el precio esperado por ellas. Se rumoreaba que no pocos sobornos habían ayudado a tomar esta decisión al consejo municipal, lo mismo que a convencer al consistorio de la importancia que tenía construir una gran estación de tren en el centro mismo de la ciudad, y no cuesta nada creer esos rumores sabiendo de la extrema corrupción que gobernaba la política americana de la época.

Así se veía una ciudad como Fordstable en 1870

Para 1890 la plaza central de Fordstable se encontraba dividida en tres trozos por las vías de tren que las compañías habían promovido a través de la ciudad intentando rentabilizar los viajes recogiendo gente por el camino. Estrangulado por las líneas de tren, formidables fronteras en cualquier ciudad, el centro dejó de crecer en varias direcciones y los barrios que quedaron aislados cambiaron de carácter. Además la orilla del río, con un potencial tremendo para ser una fantástica zona residencial o de recreo, quedó aislada y convertida en barracas y talleres de reparación.

No fue un caso único, claro. De hecho la mayoría de ciudades medias o grandes en Estados Unidos sufrieron el mismo proceso. Philadelphia, por ejemplo, quedó troceada de manera similar y solo muchos años después repararía parte de esos daños con costosísimas inversiones para soterrar el tren.

Pittsburgh quedó completamente rodeada de trenes y zonas industriales, Chicago, Atlanta o Dallas opusieron cero resistencias a los caprichos de las compañías de tren y vieron sus centros mutilados en pedazos. Los parques públicos y las principales avenidas cayeron bajo el pico y la pala, como en el caso del Fairmount Park de Philadelphia, cortado en dos por el tren, o incluso más escandaloso en Washington, donde el tren atravesaba incluso el mítico Capitol Mall.

Plano de Washington. Se puede apreciar el destrozo a la trama urbana con los ferrocarriles. ¡Y es la capital!
Trenes cruzando el Mall por el medio…

Si se salvaron de la amenaza las ciudades con poder y riqueza suficiente entre sus habitantes, o las que tenían una geografía muy complicada. De las segundas podemos contar a Boston, ciudad construida sobre islas y rellenos artificiales y con grandes problemas de espacio.

Primera fotografía aerea de una ciudad americana: Boston, 1860

Entre las primeras hay que nombrar, por supuesto, a Nueva York. Sus ricos habitantes no deseaban trocear la ciudad y perder con ello el sustancioso valor inmobiliario de sus parcelas y ya hacía años que habían prohibido todo ferrocarril por debajo de la calle 14. En 1870 aumentaron ese perímetro de seguridad hasta la calle 42th. Ese es motivo, por supuesto, de que la Grand  Central Terminal esté allí y no en otro lugar.

Pero para las ciudades que no tuvieron esa suerte el ferrocarril supuso la primera agresión contundente a su trama urbana. Y siendo uno de los requisitos para que una ciudad tenga una vida pública interesante y desarrollada el tener un centro con espacios donde relacionarse, teatrosy comercio, plazas y calles; esta empezó a deteriorase. Es un país joven, por supuesto, y es normal que no tenga los cascos antiguos de las ciudades milenarias europeas, pero desde el principio hicieron, quizá sin darse cuenta, todo lo posible por dificultar su desarrollo.

En los bordes de la ciudad se desarrollan los barrios obreros, pobremente asfaltados y urbanizados

Les costaría años recuperarse de estas cicatrices en el territorio pero antes incluso de tomar conciencia del problema experimentarían un nuevo renacer de manos del primer movimiento arquitectónico-urbanístico autóctono americano: el City Beautiful.

Fordstable: historia de una ciudad americana (I)

Así se veía una ciudad media americana cuando te acercabas desde el campo.

La Ciudad que caminaba

 

 

En una ocasión escribí acerca de cómo Estados Unidos aprobó la increíblemente ambiciosa “National Land Ordinance”. El país quedó dividido en una rigurosa retícula uniforme, preparado para que cualquier arriesgado inversor, granjero u obrero industrial hiciesen crecer una ciudad en cualquier lugar. Gracias al cine o al turismo tenemos una idea (a veces poco rigurosa) de cómo ha acabado el proceso urbanizador americano, cómo es una ciudad de allí. Sabemos que no son como las ciudades europeas pero… ¿Cómo era la ciudad original americana? ¿Cómo vivía la gente en aquellos tiempos?

Antes de las infinitas alfombras de suburbios con viviendas clónicas y surcadas por enormes autopistas hacia un downtown poblado de rascacielos, llenos de vida durante el día y siniestros durante la noche ¿existió otro tipo de ciudad? ¿Por qué y como se han convertido en lo que son ahora?

Vamos a descubrirlo en las siguientes entradas. Acompañadme en la historia de Fordstable, un pequeño enclave fundado por emigrantes europeos. No es un lugar real, claro, pero nos será útil como ciudad metafórica.

Las ciudades americanas tipo de la época era, en origen, muy sencillas. No siendo una avanzadilla de la metrópolis como otras ciudades coloniales del mundo nos podemos olvidar de encontrar en su núcleo una gran catedral, una universidad o grandes edificios públicos. La ciudad americana es, ante todo, una herramienta. Un medio para un fin, bien sea enriquecerse o simplemente buscar una vida mejor, pero no un fin en si mismo.

Fordstable es poco más que un pueblo pequeño, situada junto al hermoso río Minewattou en el interior de Westsylvania, un joven estado que no tiene ni veinte años de existencia. El río, caudaloso y ancho, probablemente es parte de un sistema fluvial que desemboca en alguna de las grandes arterias de América: el Ohio, el Mississippi, el Missouri, el Tennessee… quién sabe. Lo cierto es que casi todas las ciudades americanas de esta época han sido fundadas junto a un río, un canal o uno de los grandes lagos. El agua es el medio de transporte principal, como ha sido a lo largo de toda la historia.

Obreros preparan el transporte de materiales de construcción a través del río Minewattou

Fundada en origen como puesto avanzado de tala de madera para un fuerte cercano, en los últimos años ha atraído nuevos colonos de la costa. Gracias al río los colonos han conseguido desarrollar una próspera industria de exportación de madera, o quizá pieles. Además los granjeros de los alrededores transportan las cosechas que las infinitas y fértiles llanuras les proporcionan para distribuirlas por el país. Los molinos consiguen energía barata, las grandes gabarras transportan los cereales rápidamente y toda la ciudad arroja sus deshechos aquí. El río es la razón de ser de Fordstable. Y la introducción en 1816 de una línea de barcos de vapor en el Minewattou que lo comunica directamente con un río mayor y a través de él a los grandes puertos de la costa ha supuesto el último impulso que la ciudad necesitaba para empezar a crecer a toda velocidad.

Fordstable unos años después de su fundación, apenas un puñado de casas.

Junto a la orilla brotan los barracones de almacenamiento, las instalaciones portuarias, las viviendas de los estibadores. Es una zona ajetreada y sucia, con malos olores y enfermedades, pero convenientemente cercana a los trabajos más sencillos de realizar y de conseguir para cualquier forastero recién llegado. Y no son pocos, pues el país vive una verdadera migración masiva de personas hacia el interior desde que sus fronteras se abrieran hace unos años. Muchos de estos trabajadores viven en pequeñas casuchas entre estos edificios industriales y gastan su jornal en tabernas en el mismo barrio.

Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou

Aunque el tamaño de la ciudad es pequeño los planes urbanísticos, predeterminados por las leyes “por defecto” prevén ya el crecimiento futuro a lo largo de una aburrida cuadrícula sin características especiales.

Lugar propuesto para la plaza central y ayuntamiento de Fordstable. La zona del río está completamente edificada salvo las tierras comunales.

Un par de manzanas detrás del puerto viven los dueños de los negocios, los mayoristas de bienes, los comerciantes. A salvo de los olores pero no demasiado lejos de sus empresas en una época todavía sin coches, están ahorrando para construir entre todos el primer edificio de cierta entidad, un mercado o sala de cambios donde poder reunirse a acordar contratos cada año. El ayuntamiento de la ciudad no tiene aún edificios propio así que el pequeño grupo de empleados que gestiona los asuntos de la ciudad a tiempo parcial alquilara unas oficinas en ese edificio en cuanto pueda.

Han pasado un par de años y alrededor de este mercado están apareciendo ahora pequeños comercios de prestamistas privados y una pequeña oficina del First Bank, primero pero en absoluto último banco en abrir en Fordstable. En su fachada han construido una modesta réplica en madera de las columnas griegas de la sede central en Philadelphia, un recurso bastante cutre pero suficiente para impresionar a una población mayormente de nivel cultural bajo. Apenas diez años después será derribado y sustituido por un edificio mucho mayor y, ahora si, de piedra.

La sede del First Bank, todo un alarde de poderío.

Ningún turista visitaría Fordstable si no es bajo amenaza pero sin embargo desde hace unos meses se está construyendo un gran hotel en el centro. Y es que a los hombres de negocios que viene para realizar grandes tratos con mayoristas se les quedan cortas las posadas que jalonan Main Street. Nadie lo habría dicho hace cinco años y sin embargo antes de navidad habrá otros dos en construcción. Son el verdadero corazón de la vida pública de la incipiente burguesía.

El Hotel Redmont House, recién inugurado en estilo Clásico-horterizante

No se ha escatimado en lujos en el Redmont House Hotel y cada semana se celebran ahora bailes y fiestas en su enorme sala central. Ya hay una masa crítica suficiente de familias adineradas, hijos de la primera generación de colonos de la ciudad. Hace apenas 40 años que se fundó la ciudad y sin embargo ya cuenta con 18.000 habitantes, la mitad de los cuales han llegado en los últimos diez años.

El Hotel Redmont House por dentro. No nos sorprende que sea el punto de reunión de la burguesía.

Y cuando no están de fiesta están pensando donde reinvertir sus beneficios, siempre con un sentimiento de ansiedad provocado por la idea de que no está permitido parar, hay grandes negocios por hacer y otro los hará y te barrerá del mapa a la mínima que pienses que puedes parar y bajarte de la rueda. Algunos hablan de intentar traer a la ciudad ese nuevo invento que se extiende por la costa Este, el ferrocarril. Se podría hacer mucho dinero con eso, especialmente si se confirman los planes del Gobierno para construir un nuevo canal que facilitará el transporte marítimo.

Y además de hoteles y bancos están abriendo por todos lados tabernas. Montones de tabernas. Son los verdaderos lugares de reunión de los habitantes, las ágoras de la ciudad. Sus dueños compran en el mercado cercano, o quizá en el gran mercado del Heno que se ha abierto en el borde de la ciudad, demasiado grande como para ocupar una parcela central.

Main Street a mediados del siglo XIX. Aún tomada por carros tirados por caballos y gente andando.

Tampoco resulta sorprendente que la gente prefiera pasar tiempo en ellas, pues en su casa no están precisamente a gusto. El precio del suelo se dispara con el crecimiento de la población y las parcelas se dividen y subdividen hasta el infinito. Las clases más bajas de amontonan en viviendas enanas a razón de una familia por habitación, a menudo sin ventanas; y cada jueves llega un nuevo barco desde la costa con más gente. Muchos de ellos no hablan nada de inglés, sólo alemán o checo y no es raro encontrar carteles en estos idiomas en las calles.

Cartel en checo para promocionar la venta de viviendas entre los inmigrantes del este
Viviendas obreras a las orillas del río Minewattou
Malviviendo en un patio interior, el escalón más bajo entre las viviendas baratas

Los bloques en la ciudad americana son muy grandes y tienen siempre callejones interiores (recordad la imagen típica del callejón neoyorkino con sus salidas de vapor), y algunos han construido barracas en ellos. Se produce así una curiosa estratificación social, donde los más adinerados viven junto a la calle y los pobres hacia el interior de las manzanas, y similar división entre plantas bajas y altas. Sin embargo, nadie vive demasiado lejos: casi todo el mundo aún va andando a trabajar y la distancia lo es todo.

Callejuela de una ciudad americana cualquiera, lleno de detritus y basura.

Los barrios nuevos no son muy originales y siguen el patrón copiado de los ingleses de casas pareadas, lo que allí llaman “terraces”, con diferentes calidades y diseños. Para algunos la monótona repetición de casas iguales es aburrida y vulgar, para otros una buena metáfora del espíritu democrático del país. En el barrio de los comerciantes se acaba de terminar una nueva urbanización de estas casas adornadas con columnas de mármol y fachadas neoclásicas y se han vendido a velocidad record. Pero también las hay para ciudadanos con menos posibles.

A lo largo del siglo este tipo de vivienda se convertiría en uno de los más frecuentes, el edificio de dos pisos con una vivienda en cada uno y compartiendo pareces con infinitos vecinos clónicos.

Más allá de esto la verdad es que la ciudad no tiene muchos puntos de interés: no es Estados Unidos un país con grandes monumentos o barrios históricos y en la mayoría de ciudades lo único que adorna las calles son los árboles de sombra plantados en ellas. En Fordstable aún tardará el ayuntamiento 5 años más en construir un edificio propio para su uso, que financiará vendiendo un trozo (otro más) de las tierras comunales que el proyecto original de la ciudad reserva a cada municipio del país (tanto para espacios públicos como para autofinanciarse en una época en la que los impuestos son bajos y muy difíciles de recaudar)

La plaza pública en la zona acomodada. No tiene edificios de gran porte todavía.

Ahora que Fordstable está creciendo la gente se está acostumbrando a llamar a la zona cercana al Minewattou “Downtown” y a la parte alta, “uptown”, nombres que terminarán asociándose con el centro de negocios. Y más allá del uptown encontramos los últimos lotes de tierra vendidos, zonas agrícolas con granjas cuyos propietarios esperan a que la ciudad crezca un poco más para vender sus terrenos a buen precio y pegar un “pelotazo”

Fordstable está en plena ebullición y en los siguientes diez años ganará otros 40.000 habitantes, pasando la marca simbólica de los 100.000. Ya es más grande que muchas ciudades europeas pero aún así todo tiene un aspecto “provisional”, fruto de la velocidad de crecimiento que no ha permitido aún que la ciudad desarrolle una “patina” de antiguedad.

La ciudad crece de acuerdo al plan. Muchas de las tierras vacías sin urbanizar aún pertenecen al ayuntamiento.

Con tan importante masa crítica se está convirtiendo también en un punto clave para el transporte de ganado porcino y cereales desde las ricas tierras del interior hacia la insaciable y hambrienta costa este y los comerciantes de la ciudad, enriquecidos y convertidos ya en la clase dominante, saben cuál es el siguiente paso lógico, uno que puede dar unos beneficios espectaculares.

Plan urbanístico de Fordstable, sólo los lotes más cercanos al río se han dividido y urbanizado.

Costará mucho esfuerzo, inversiones inmensas y probablemente más de un soborno pero el objetivo lo merece y ya estamos en 1856, la ciudad va tarde al negocio de moda: el ferrocarril debe llegar a Fordstable.

En apenas sesenta años el pequeño pueblo se ha convertido en una enorme ciudad con una agitada vida comercial y una población siempre creciente. No es una ciudad bonita y la desigualdad es palpable pero lo cierto es que no falta trabajo y siempre pasan cosas. La clase adinerada está empezando a desarrollar una cierta conciencia de si mismos y están construyendo los primeros edificios públicos y mansiones monumentales, y crecen las voces alertando para tomar medidas higiénicas y urbanas para prevenir los cada vez más frecuentes brotes de pestes y enfermedades en los que la gente cae como chinches.

Pero la ciudad está llegando al límite físico de lo que una ciudad cuyos habitantes se desplazan caminando o en carro puede crecer. Y eso impide muchos buenos y lucrativos negocios, tanto a las fábricas de muebles que necesitan más trabajadores y que se están instalando en el borde de la ciudad como a los promotores inmobiliarios, los dueños de tierras o proveedores de servicios.

Preparaos porque la primera convulsión en las ciudades americanas está al caer: apartaos paseantes, el progreso llega, y llega sobre raíles de acero.

Una de las avenidas principales de Fordstable, ajetreada y plagada de comercios

 

Puedes saber como continúa la historia de nuestra pequeña ciudad y si sobrevivirá a los retos del agitado siglo XIX con su continuación aquí

Los anillos de Moscú – IV

Hemos contado ya como un pequeño pero estratégico emplazamiento en el centro de Rusia se desarrollaba y prosperaba, cómo fue arrasado y resurgió durante los años de dominación Mongola, y cómo se deshizo de su dominio después de maniobrar muy astutamente, consiguiendo montar un poderoso estado que dominó a sus vecinos. 

 

Vestimenta típica de un noble boyardo ruso del siglo XVII

Los últimos Rurikovich

 

Dejamos la última entrega con un tono dramático y apocalíptico que, debo confesar, quizá fue algo excesivo. Lo cierto es que el inmediato sucesor de Iván IV si fue un hijo suyo y al dinastía no estaba del todo extinta (aún). El nuevo zar, nombrado al poco de tiempo, fue Fiodor Iovannovich, Teodoro I.

La verdad es que el pobre no presagiaba nada especialmente prometedor, no nos vamos a engañar. Lo más probable es que tuviese algún grado de retrasado mental,  otras teorías dicen que simplemente era extremadamente reservado y religioso y completamente inútil para el gobierno. Desde luego su propio padre no se fiaba mucho de sus habilidades y había dispuesto que un consejo de regencia administrase efectivamente el trono. Otras teorías dicen que simplemente era extremadamente reservado y religioso y completamente inútil para el gobierno.

Uno de los principales miembros de este consejo era Boris Godunov. Menudo tipo este, que había llevado una carrera meteórica hasta ahora. Este buen señor de origen tártaro había comenzado su carrera como arquero, enrolándose después en la Opríchnina que hemos mencionado anteriormente, la policía secreta ultraviolenta y represiva de Ivan IV. Consiguió casarse con María, hija de Skuratov, uno de los más odiosos generales del cuerpo. Un poco como si para progresar en la Alemania Nazi te casa con la hija del carnicero de Praga.

El caso es que con esto consiguió ascender a la clase de los boyardos, y aún subiría un poco más hasta la de “konyushi” (¿condestable?) cuando su hermana se casó con el mismísimo Teodoro.

Con estos méritos es normal que consiguiese un puesto en el consejo de Regencia, junto con otros nobles como Vasili Shuiski (de otra rama de los Rurikovich) y Fiodor Nikitich Romanov, cuyo apellido os sonará bastante.

Teodoro I había conseguido tener una hija, lo cual era esperanzador de cara a asegurar un heredero, pero esta murió siendo apenas una niña y no hubo otros hijos en ese matrimonio. Nuestro zar se refugió en la religión, se ganó el apodo de “Santo” entre el pueblo (que era un poco la manera elegante de llamarle tontico) y dejó el gobierno a su consejo. No nos ha dejado grandes recuerdos en la historia, más allá de gestionar el traslado de la Iglesia Ortodoxa a Moscú.

Guapo guapo no era

La sucesión se presentaba incierta, pues existía además un último hijo de Iván el Terrible: Dimitri. Apuntad este nombre, ya os lo aviso.

El problema es que la Iglesia Ortodoxa no reconocía a Dimitri como heredero pues era hijo de la séptima mujer de Iván, y aparentemente sólo “valían” las tres primeras. (A mi no me miréis, no pongo las normas). ¿Sería un problema cuando tocase buscar sucesor? Pues no, la verdad, pues murió en 1591 mientras vivía con su madre en un monasterio a 200km de Moscú. Las causas de la muerte fueron, por decirlo de alguna manera, sospechosas. Tanto que no quedó más remedio que mandar una comisión de investigación, liderada por Vasili Shuiski, que determinó algo así como “mientras el niño jugaba en el patio con un cuchillo sufrió un ataque de epilepsia con tan mala suerte que se rajó la garganta de lado a lado” (no estoy bromeando, ese fue el veredicto, xD). Pero lo cierto es que no había grandes motivos para matar al chaval, pues el zar era todavía joven y probadamente fértil, así que quizá incluso es verdad.

Parecidos razonables

El caso es que tras eliminar ese último vestigio de la familia Rurikovich la transición del trono pasó, a la muerte de Teodoro en 1598, a Boris Gudianov, que se había encargado de autolegitimarse en sus años como regente. Aún de origen humilde, sus habilidades estaban más que probadas y contaba con el apoyo cerrado de la Iglesia. Así pues, después de rechazar tres veces el trono, finalmente aceptó y fue coronado.

Gudianov empezó su reinado y gobernó con sensatez y mesura, siendo muy prudente y no abusando de su poder. Como regente había mandado fundar numerosas ciudades para poblar las fronteras, había luchado contra suecos y tártaros, fomentado el comercio y expandido el país hacia el este.

Tampoco es que el buen hombre se confiase a la buena fe de la nobleza. Sabiendo que le despreciaban por su origen humilde mandó encarcelar a muchos Romanovs y Nagois y se dedicó a regar con dinero al publo con subvenciones a viudas, perdones a los criminales comunes y una exención de impuestos general durante un tiempo. Por otro lado, suya fue la reforma que convirtió a todos los campesinos de Rusia en siervos, expandiendo la esclavitud a, básicamente, toda la población. Recordadme este episodio más adelante, porque esta reforma tiene una explicación (que no justificación).

¿Sería el reinado de Boris tan próspero como su Regencia? ¿Iba a vivir Rusia una transición pacífica y prospera? Je. No cantemos victoria tan rápido.

El fin de los tiempos.

 

 

Boris Godunov ayudando con los deberes a su hijo.

Partimos de un dato: los siguientes años de la historia son conocidos como el “Tiempo de problemas”. Fácilmente uno de los peores episodios de su historia, con mayor sufrimiento para su población y mayor descomposición del estado. Y ojo, hablamos de un país que tiene en su historial invasiones tártaras, la Revolución de 1917, tropecientas guerras civiles y la caída de la URSS. El listón está alto.

¿Qué pasó entonces? ¿No habíamos dejado a un zar capaz y habilidoso, evitando crisis sucesoria? ¿Acaso no tenía apoyos entre el pueblo? Si, pero apareció un enemigo contra el que ningún zar podía luchar. Pues ni el mayor país del planeta iba a poder derrotar a la madre naturaleza.

Todo empezó con una grave sequía en el primer verano del gobierno de Boris. Para empeorarlo, en medio de ese tórrido verano un terrible incendio calcino gran parte de Moscú, cuyos edificios eran de madera.  A continuación, en 1600, un invierno especialmente frío machacó el país, extendiéndose al sur y al oeste, zonas de clima más templado. Hubo hambre y muertos, pero el estado resistió. No era precisamente la primera hambruna, claro. El precio del pan subió pero el gobierno puso recursos para evitar la hambruna masiva.

El siguiente verano, en 1601, fue sin embargo húmedo. Muy húmedo. El verano en Rusia puede ser muy lluvioso, y si algún día viajáis a Moscú os recomiendo que os fijéis en el calibre de los bajantes de los edificios. Os parecerán ridículamente sobredimensionados (tuberías de 40, 50 cm de diámetro), y aún así se quedan cortas a veces. Y sin embargo este verano sobrepasó todas las expectativas.

Día tras día llovió, y llovió, y siguió lloviendo. La cosecha de primavera se ahogó en los campos y el país se convirtió en una alfombra de barro. Entonces llegó Junio y dejó de llover. Pero dejó de llover porque empezaron las heladas (si, en junio). Todo brote y hierbajo murió, la fruta se congeló. El desastre sucedió además en todas partes a la vez, de Pskov a Kaluga.

En 1602 hubo otra sequía atroz, seguida inmediatamente por más lluvias torrenciales e inundaciones. Las enfermedades empezaron a extenderse entre una población famélica, debilitada y empapada.

El pobre Boris hizo lo que pudo: hizo campaña contra los especuladores, intentó que hasta el último mendigo tuviese una sepultura digna, regaló el trigo de los almacenes reales… todo en vano.

El trigo subvencionado fue comprado por gente con dinero y revendido a precio astronómico en el mercado negro, dando luz a una nueva generación de millonarios sin escrúpulos. Las ciudades se masificaron de campesinos muertos de hambre confiando en conseguir algo de caridad, empeorando la situación sanitaria. No menos de dos millones (¡dos millones!) de personas murieron en apenas dos años, un tercio de la población. Nada igual se había visto desde la peste negra y los tártaros.

Pero, Murphy dixit, todo lo susceptible de empeorar empeoró. En ese mundo de campesinos analfabetos, religiosos y seguidores de un zar ungido por Dios, el medio de comunicación masivo de la época empezó a funcionar: los rumores.

Espontáneos o fabricados por sus enemigos, empezaron a circular en los pueblos habladurías. El zar no era legítimo. Era un usurpador de otra familia, un conspirador. Dios estaba mostrando su ira atormentando a los rusos por estar gobernados por un impostor.

Pero hacen falta más ingredientes para conseguir una revolución. Para empezar, un candidato rival. Y tal candidato no tardó en aparecer: el mismísimo Dimitri, el legítimo hijo de Iván IV que había muerto en aquel monasterio herido con un cuchillo. O un señor que se le parecía, claro.

Los estudios más recientes hablan de un monje de Moscú financiado y apoyado por la familia de los Nogai. El caso es que clamó ser Dimitri, no haber muerto, y merecer el trono.

Tenemos la ventana de oportunidad y tenemos candidato. ¿Qué falta? Apoyos, claro. Y estos llegaron en forma de financiación generosa por parte de un poderoso magnate polaco-lituano con intereses económicos en Moscú, y en apoyo político por parte de los Nogai y los Romanov. Otros nobles polacos extremadamente ricos se sumaron a la posibilidad se sacar provecho a la situación. Con todos estos ingredientes se reclutó el germen de un ejército que atacó un destacamento fronterizo que se rindió sin luchar y conquistó la ciudad de Chernigov. Animados por estos éxitos, otras ciudades y destacamentos militares se unieron a la rebelión. Había comenzado la guerra de las Dimitríadas.

Aquí un actor de teatro ruso del siglo XIX, vestido de Dimitri. No es el de verdad, vaya sorpresa.

Los Dimitris

 

Los siguientes años fueron para Rusia un follón que deja “Juego de tronos” convertido en “Teo va a los siete reinos”. A medida que la rebelión se extendía los esfuerzos para contenerla se hacían más violentos y despiadados. Las tropas leales, mandadas por el cruel Shuiskii, saquearon y arrasaron las tierras reconquistadas, en parte como estrategia de terror y en parte para cobrarse las pagas que no recibían del gobierno central. Como imaginaréis, ello no ayudó a pacificar el ambiente.

Entonces, el 13 de abril, murió el zar. Llevaba tiempo con enfermedades intermitentes y finalmente sucumbió a un ataque al corazón. Con su muerte, los distintos poderes recalibraron sus lealtades e intereses. El nuevo zar era el hijo de Boris, un chico de dieciséis años con poca experiencia y menos apoyos. En mayo se produjeron disturbios en la Plaza Roja de Moscú. Convencida de la culpabilidad de Boris por todas las calamidades la multitud clamó por Dimitri, el “legítimo zar”. Ni el mismísimo Patriarca pudo convencerlos. La gente asaltó el palacio y el patriarcado, aprisionó a todo quisqui y fue a buscar a Dimitri, que de hecho ya estaba en camino. El joven Zar fue ejecutado y Dimitri, ufano, tomo posesión del trono. Lo que no sabía era que, desde ese momento, le quedaba menos de un año de vida.

Las Dimitríadas

Pronto se le acusó de no ser el verdadero Dimitri, de ser un monje, de ser un jesuita oculto… el caso es que la paz le duró lo que canta un gallo. Aunque en efecto intentó gobernar de forma justa, su apoyo eran príncipes polacos y católicos, lo cual le granjeó rencores locales. Cuando anunció su boda con una católica, Marina, la rabia se desbordó. Y es que aparentemente los rusos tienen mucha capacidad de aguantar sufrimientos pero se alteran un poco si les tocas la religión o si sienten que les quieren gobernar unos extranjeros (y no parece que eso haya cambiado desde entonces).

Dimitri no sabe donde meterse.

Se desató una pelea campal y los campesinos intentaron entrar en el palacio. Dimitri trató de escapar por una ventana pero aterrizó con tan mala suerte que se quebró una pierna. La cosa no acabó bien para él: la multitud le atrapó y le disparó. Después su cuerpo fue paseado por la calle, golpeado, quemado; y sus cenizas se metieron dentro de un cañón y fueron disparadas en dirección a Polonia. Lo que se dice caer regular.

¿Quién le siguió en el trono? Pues nada menos que el mismo Shuiskii, incombustible desde los tiempos de la regencia. Como es habitual impusto su propio Patriarca, fiel a él. El clima, además, dio un respiro por primera vez en siete años, pero los rumores en cambio siguieron.

Vasilio IV. nombre como zar de Shuiskii

Se dijo que se había encontrado el cuerpo de Dimitri en otro lugar, lo cual sólo podía significar que el diablo estaba jugando con el pueblo Ruso, o que los lapones habían enseñado a Dimitri como resucitar, o incluso que era tan malvado que la tierra le rechazaba. Y en ese momento, entre rumores y riesgo de nuevas revueltas, apareció Dimitri, el hijo de Iván el Terrible. Otra vez. Esta si que si, de verdad. O bueno, al menos un señor que se le parecía, de nuevo con apoyos polacos. Marina, viuda del primer Dimitri, afirmó “reconocer” a su marido, lo cual dio fuerza a la rebelión.

Mientras tanto un nuevo conflicto interno en forma de rebelión de esclavos se desató en el sur, un verdadero conflicto civil encabezado por un antiguo esclavo. El Espartaco ruso se llamaba Ivan Bolotnikov y junto a el otros se levantaron a lo largo de la región del Volga. ¿Cuánto aguantaría Rusia a este paso? El poder central poco podía hacer, ocupado como estaba luchando contra un nuevo asedio en Moscú. Apenas se recaudaban impuestos y no había mes en que no apareciese un problema nuevo. Y aunque 1607 fue un buen año, en el que se rompió el cerco sobre la capital, se recuperó Tula y se capturó tanto al Espartaco Ruso como a otro señor random que se hacía llamar “Zat Petr”, Dimitri II se dirigía a la ciudad.

La revuelta de los esclavos

Por suerte este era un poco más inútil, incapaz de montar un gobierno funcional en la mitad del país que controlaba, así que no tardó en perder apoyos. El Zar en Moscú tuvo que regalar territorios a los suecos como pago de unos mercenarios y el Rey de Polonia en persona envió tropas para “asegurar el regreso de los prisioneros polacos”. Los chacales olían a presa. Y para empeorarlo todo, volvieron las inundaciones. En 1607 y en 1608 las cosechas se perderían de nuevo debido a inundaciones y heladas repentinas. Voraces incendios consumieron los campos y el ántrax se extendió por la región de Moscú.

El Zar puso su cargo a disposición de la nobleza, que dudó de a quién elegir. Mientras pensaban a que candidato investir fueron engañados para ir a la corte del rey de Polonia a discutir el asunto y allí fueron apresados y muchos de ellos murieron en extrañas circunstancias. Mutilada la nobleza rusa, la supremacía polaca estaba más cerca.

El principio del fin.

 

Todo parecía perdido para Rusia. El Kremlin lo ocupaban los rusos, que además conquistaron Smolensk. Los suecos invadieron el norte y Novgorod. El rey de Inglaterra se apuntó para intentar controlar el comercio con Oriente y el Papado vio una gran oportunidad para evangelizar las estepas y después, Asia.

Y sin embargo, en su momento más bajo, el pueblo ruso despertó. Espoleado por la Iglesia Ortodoxa, amenazada de muerte, y unidos contra “invasores externos”, una mezcla de movimiento popular y cruzada religiosa tomó fuerza. En el campo y en las ciudades, las palomas mensajeras volaron día y noche. En la ciudad de Iaroslav el Príncipe Dimitri Pozharskii tomó el mando de las primeras tropas, organizadas en base a voluntarios y pagadas con promesas y repartos de tierras. La Iglesia suministró fondos generosamente, algo no sorprendente si tenemos en cuenta que para entonces poseía un tercio de las tierras cultivables del país. Y así, en 1612 se empezó a ver un posible final a esta terrible época.

Minin, cabecilla popular del movimiento

10.000 soldados llegaron en Agosto a las puertas de Moscú, haciendo retroceder a los polacos. Como se había acordado, esta vez el nuevo zar no sería proclamado por cuatro nobles. Se convocó la Asamblea de la Tierra, la Zemsky Sobor.

El candidato polaco y el sueco no tenían ninguna posibilidad, Trubetskoi fue vetado por el general Pozharskii y el candidato de los Romanov, un joven de dieciséis años llamado Miguel tampoco convencía a nadie. Sin embargo los Romanov eran ricos, muy ricos, y fueron comprando electores y delegados uno a uno. Finalmente en febrero Miguel Romanov fue elegido Zar y su padre, Filareto, Patriarca. Y aunque el pobre Miguel pasaba bastante de líos, finalmente en Julio fue coronado. Empezaba la dinastía de los Romanov, que gobernaría durante tres siglos.

Miguel I, el primer Romanov. Zar a disgusto.

Conclusiones

 

Es posible que hayáis echado un poco de menos Moscú, la ciudad, en este capítulo.

La verdad es que poco desarrollo tuvo la pobre ciudad. Quemada varias veces, ocupada, saqueada y asediada constantemente, perdió muchísima población. Más de 127.000 muertos por hambre y enfermedades sólo en la capital no son ninguna tontería.

No por ello perdió importancia, pues la estrategia oficial siguió siendo acumular población en un único centro de poder masivo para compensar un país prácticamente despoblado. Además, la ciudad aún era mayormente de madera, por lo que no tenemos grandes restos de la época que comentar. Su posición estratégica siguió garantizándole dominio durante unos decenios más, hasta que se fundó San Petersburgo.

Las consecuencias de este período tumultuoso fueron varias. Por un lado el país estaba agotado, despoblado y arruinado, sí. Perdidas humanas, territoriales y materiales tremendas. Pero por otro lado el trauma sufrido había convencido a los rusos de que incluso la tiranía más despótica era preferible al caos y la muerte. Sobre esta base el nuevo Imperio crecería más centralizado que nunca y sus zares no perderían jamás el miedo a perder la legitimidad y a la aparición de usurpadores. La Iglesia, pilar de la victoria contra los extranjeros, reforzaría incluso más su posición económica y política, haciendo imposibles los procesos de reforma y desamortización que otros países experimentaron después.

Además, queda claro de un modo u otro que existía ya algún tipo de “identidad” rusa, un proto nacionalismo. Lo que les unía no era exactamente la lengua, pues estaba lejos de ser unitaria, ni la religión, pues al movimiento popular fueron invitados animistas y musulmanes. No eran las costumbres, infinitamente diversas en miles de kilómetros cuadrados, ni siquiera un concepto etnicista, pues los tártaros formaron parte de este movimiento desde el principio. Se trataba más bien de una forma común de vivir, unas experiencias compartidas en la relación con la tierra y el clima, un sentimiento difuso pero claro.

Monumento a Minin y Pozharskii

Hay que mencionar también lo que comenté sobre la reforma de los campesinos, convertidos en siervos. Veréis, el tema es que Rusia es demasiado grande. Siempre le ha faltado lo mismo, capital, y sobrado lo otro, tierra y recursos. Incapaz de financiarse o de atraer suficiente capital extranjero para tanto territorio a desarrollar, recurrió a la nobleza local para cubrir sus necesidades. Para ello les ofreció extensas tierras de cultivo, bosque inmensos y tundras llenas de pieles. Pero un bosque o un campo no valen de nada si no hay gente que lo trabaje. En occidente no existía generalmente este problema pues los recursos eran escasos y la población abundante. El feudalismo sirvió para asegurarse este aporte de mano de obra.

En Rusia, en cambio, los rendimientos escasos de la tierra y la brevedad de las cosechas hacía muy difícil retener a los campesinos en las tierras. Además, teniendo una frontera infinita y siempre creciente hacia el este, los rusos simplemente se desplazaban a tierras vírgenes a roturar nuevas tierras y a ser sus propios señores, al estilo del Oeste americano. La única manera que tuvo el Estado Ruso de controlar esto fue fijar a los siervos al lugar donde nacían, y dar permiso a sus señores para perseguirlos y capturarlos. La población se convirtió en esclava y debido a la dispersión y la baja densidad de población no tuvo apenas oportunidades de organizarse o rebelarse.

Aislada en el campo, empobrecida, iletrada. Fanatizada por una Iglesia omnipresente, ferviente creyente de la naturaleza divina del Zar y ajena al progreso de los grandes núcleos de civilización de Occidente y Oriente, a más de 5000 km. El rural ruso se mantuvo en la edad media prácticamente hasta el siglo XX. Pero por lo pronto Rusia está a punto de comenzar una nueva Edad de Oro. Ha tocado fondo y allí ha encontrado las fuerzas para construir un Imperio, el tercero en estas tierras después del imperio comercial de la Rus de Kiev y del poderoso estado Moscovita que acababa de ser reducido a cenizas.

El volcán Huaynaputina, origen probable de las alteraciones climáticas en Rusia.

 

Ciudades coloniales europeas en Asia

 

 

El fenómeno colonial en Oriente

A principios del siglo XV comenzó a desarrollarse en Europa un creciente interés por los territorios lejanos de Oriente. Un importante impulso expansionista llevó a las diferentes naciones a buscar sus propias rutas hacia el este, buscando enriquecerse y agrandar los territorios de cada país. Siguiendo el camino abierto por los portugueses, las otras coronas europeas exploraron, comerciaron y se establecieron a lo largo y ancho de toda Asia, en una agresiva campaña que llevo a la forja de grandes imperios coloniales que abarcaban centenares de colonias y que llegaría a su fin en un proceso de descolonización, muchas veces traumático, llevado a cabo a lo largo del siglo XX.

Las legendarias riquezas de más allá del Mediterraneo atrajeron a muchos, cada uno por un camino diferente. Ya fuese bordeando África, cruzando Persia, conquistando la Estepa o circunnavegando el globo, la apuesta fue decidida.

Este intenso movimiento dejó en las tierras descubiertas una profunda huella a todos los niveles allí donde los europeos se establecieron, llevando su lengua, su cultura y sus estructuras sociales. La actuación de los colonizadores no fue siempre igual y desde nuestros códigos morales en muchas ocasiones sería francamente reprobable, cuando no criminal.

Pero ya fuese para conquistar, evangelizar, guerrear o para huir de un mundo cruel buscando una nueva vida, la magnitud de los cambios que comenzaron es difícil de exagerar. Aquí y allá se fundaron ciudades, se construyeron fuertes y castillos o se conquistaron núcleos ya existentes. Como nexo entre estos dos mundos estas colonias reflejan todas las peculiaridades de este período.

Echemos un breve vistazo panorámico a ver que nos encontramos.

Para entender el desarrollo de fenómeno colonizador, es preciso trazar una somera perspectiva del contexto histórico, social y económico de la Europa de la época.

La relación comercial de Oriente con Occidente data de tiempos ancestrales, pero en los últimos siglos estas rutas estaban siendo monopolizadas por las naciones musulmanas. Entre los siglos XIII y XIV las invasiones mongolas dotaron de una precaria estabilización a las grandes extensiones de terreno de Asia central y abrieron el comercio. Los viajes de Marco Polo, aunque en ninguna forma los primeros, despertaron interés por las lejanas tierras de Catay.

Sin embargo, en el siglo XV varios acontecimientos iban a cambiar la situación radicalmente. En el este, un Imperio Otomano en auge toma Constantinopla en 1453, cerrando las rutas comerciales europeas y difundiendo importantes cantidades de conocimientos clásicos debido a los estudiosos bizantinos emigrados. Esto contribuirá al desarrollo del renacimiento, y permitirá a los europeos hacerse una idea de los conocimientos geográficos de griegos y romanos.

Paralelamente, en la península Ibérica está llegando a su fin la reconquista después de ocho siglos, lo cual deja a los conquistadores en una situación “ociosa”, en la que se resuelve continuar la reconquista de la manera más lógica: extendiéndose por el norte de África. Mezcla de conquista, empresa comercial, evangelización y aventura, la huella que dejó la naciente nación española en 100 años excede en mucho lo que se podría esperar de un territorio con más bien poca población.

Nuevas tecnologías en la construcción de navíos y en los instrumentos de navegación permiten aventurarse en mares exteriores.

La corona de Portugal como la de Castilla y la de Aragón trazan planes de expansión, que toman rumbos diferentes en cada caso.

Así es como los navegantes portugueses, encabezados por Enrique el Navegante, llegan a Azores y a Madeira y comienzan a explorar la costa africana. Buscando el paso marítimo a Oriente dejaron atrás el cabo Bojador en 1434, y en 1487 Bartolomé Díaz dobló el Cabo de Buena Esperanza.

En 1498, Vasco da Gama tocaba tierras Indias, dando comienzo a la historia del Colonialismo europeo en Oriente.

 

El Imperio Portugués: pioneros en Oriente

La Corona de Portugal comenzó sus exploraciones a lo largo del siglo XV con pretextos como la evangelización de los infieles, y también la expansión del comercio y el descubrimiento de nuevos territorios. Exploró toda la costa africana a lo largo del siglo, fundando colonias y explotaciones. En 1498 Vasco da Gama llegó a la India, al territorio que hoy forma el estado de Kerala.

Así, el primer emplazamiento europeo en Asia fue Cochín, fundada en 1502. A partir de ahí, exploraron y colonizaron Madagascar, Ceilán o el resto de lo que luego sería conocido como India portuguesa.

A lo largo de todo este siglo XVI, los portugueses controlaron y monopolizaron el comercio en Oriente y se expandieron en consecuencia, dando lugar a muchas colonias y emplazamientos distribuidas por toda Asia, desde las que ejercieron su dominio durante el siglo XVI, hasta el declive del imperio y la pérdida de muchas de estas.

Las ciudades portuguesas

La expansión de Portugal tiene un fin meramente comercial, así que la historia de los asentamientos portugueses es una historia de lugares de intercambio.

Estos se realizaban, fundamentalmente, de tres maneras: directamente desde los barcos hasta el puerto, mediante los puestos comerciales que mantenían en muchas colonias, o en la propia ciudad en los casos en los que la presencia portuguesa en tierra era relevante. El largo camino de descubrimientos a los largo de África no había resultado fácil pues este continente presenta en amplias zonas una costa muy compleja, con junglas impenetrables en esa época para los europeos, escasos puertos naturales y densa población local hostil.

De esta manera, la mayoría de las ciudades portuguesas fueron simples puntos de reabastecimiento para la flota, feitorias o fuertes militares para mantener el control de una zona. En general, el esfuerzo urbano es mínimo en tanto a labores de planificación y edificación, siendo Goa la excepción a esto último.

A grandes rasgos se confirma el hecho de que las naciones europeas tendía a desarrollar en las colonias los mismos sistemas que regían en la metrópolis de origen. En este caso, Lisboa es una ciudad que conserva un trazado medieval durante mucho tiempo, sin ninguna reforma durante el período renacentista. No fue hasta el terremoto de 1755, que destruyó toda la ciudad y mató a cerca de 90 000 personas, que la ciudad se plantearía la construcción de un barrio siguiendo directrices modernas: calles rectilíneas, plazas… todo bajo las órdenes del Marqués de Pombal.

Lisboa antes del terremoto. Un follón de ciudad.

 

Goa

En 1510, Alfonso de Alburquerque derrotó a las tropas de los gobernantes del estado de Goa y tomó posesión de la región para controlar el comercio de especies. Con el tiempo, Goa se desarrollaría y sería la capital de las posesiones portuguesas de ultramar.

Como consecuencia de esta importancia dentro del imperio, sede del virrey de Portugal y punto central del comercio, Goa supone la excepción entre las colonias tipo de los portugueses, en el sentido de ciudad con un cierto calibre e importancia. Hacia 1600 Goa llego a tener un tamaño superior a ciudades como Lisboa o Londres, y en ella se llevó a cabo una arquitectura monumentalista de rasgos portugueses.

La ciudad tenía calles dedicadas al comercio concreto de diferentes artículos, como seda china o perlas de Bahréin, pero no creció siguiendo un plan urbanístico definido, sino como mucho unas ligeras directrices.

Paralelamente al del propio imperio portugués la que fue llamada en su momento “Goa Dourada” comenzó a perder importancia en el siglo XVII. Diversas epidemias azotaron la ciudad, y la población comenzó a emigrar huyendo de la inquisición.

En 1700, la población de Goa era de 17 000 habitantes, y en 1775, de 1 500, desde una población máxima de casi 200 000.

Goa, primera ciudad occidental en Asia. 1550

En 1843, la capital de las colonias portuguesas se trasladó a la ciudad vecina de Nova Goa, hoy Panaji. A día de hoy el estado de Goa es uno de los menos poblados de la India, y las ruinas de la ciudad de Goa Vella pertenecen a una especie de ciudad fantasma.

Malaca

Desde su base en Goa, los descubridores portugueses expandieron sus posesiones por todo Oriente.

Uno de los enclaves conquistados fue la ciudad de Malaca, tomada por Alfonso de Alburquerque con apenas mil hombres en 1511.

Esta ciudad ocupa una posición muy importante en el control del comercio que transcurre por los estrechos de Malaca, y los portugueses construyeron en ella una importante fortaleza a tal efecto, pero no parecen haberse preocupado demasiado de la propia ciudad.

En 1641 siguió el camino de tantas otras colonias portuguesas y fue capturada por los holandeses.

La fortaleza del estrecho de Malacca en 1551

 

Macao

Portugal llega a Macao por primera vez en 1513, y mantiene un asentamiento estable desde 1557.

En 1563, la incipiente ciudad consta de unos mil habitantes, entre colonos casados con nativas, soldados y comerciantes, además de los siempre populosos barrios de chinos. En 1605, ante las actividades de Holanda, se amuralla la ciudad. Su “época dorada” coincide con la unión temporal de la corona portuguesa y la de España, entre 1580 y 1640, pues Macao no reconoce esta unión y se convierte en un puerto franco. Para 1800, tiene 12 000 habitantes, de los cuales dos tercios son chinos. Con la aparición de la próxima ciudad de Hong Kong, Macao ve su influencia muy disminuida.

Macao, 1635

Macao permaneció bajo control portugués hasta su devolución a china en 1999 y por lo tanto tiene de un centro histórico con importantes rasgos de arquitectura portuguesa.

Colombo

Colombo fue capturada en 1505, y pronto se convirtió en la capital de toda la isla de Ceylán hasta la captura holandesa en 1656. Como ciudad que tenía que defenderse de posibles incursiones tanto desde la costa como desde el interior, no controlado, se construyó una fortaleza, que fue la única aportación urbana mencionable por parte de los portugueses.

Los holandeses tampoco se esforzarán demasiado en desarrollar la ciudad, y no será hasta el dominio británico que se decidan a construir casas y edificios administrativos en el entorno de la fortaleza.

Colombo en el siglo XVII

 

 

El Imperio Español

El Imperio Español concentró sus esfuerzos colonizadores en los territorios que le fueron concedidos en virtud del tratado de Tordesillas, por lo que la mayor parte de su actividad se desarrolla en el Caribe y Sudamérica.

Sin embargo, los viajes de Magallanes le hicieron llegar a las Islas Marianas y, posteriormente, a Filipinas (donde murió), abriendo así el camino entre Nueva España y las Filipinas.

Acapulco, a donde llegaron los españoles por primera vez en 1523, se convertiría en un importante punto de comercio con Oriente desde donde se intercambiaba plata americana por bienes asiáticos venidos de Arabia, India, China y Filipinas.

Islas Filipinas

Las Filipinas estaban, técnicamente, en territorio portugués según lo dispuesto en el tratado de Tordesillas. Sin embargo Felipe II estaba decidido a conquistarlas.

El primer intento de asentamiento español en Filipinas tuvo lugar en Cebú, a pesar de la hostilidad manifiesta de los nativos, que ya habían atacado a Magallanes 30 años antes.

Allí Legazpi construyó un fuerte y se fundó la primera ciudad, pero en 1570 hubo de irse debido a los ataques de piratas portugueses.

En 1571, Legazpi navegó hasta Maynilad, donde fue bien recibido y se dispuso a fundar una ciudad con el nombre de Manila.

Manila 1668

 

Manila

Manila fue levantada según planos de Herrera (arquitecto del Escorial), siguiendo las directrices de Felipe segundo que se publicarían en 1573 como “leyes de Indias”

La ciudad consta de dos partes diferenciadas, la extramuros, para la población indígena, y la intramuros, para los españoles.

En esta ciudad de intramuros se realiza un trazado de calles rectilíneas que parten de una plaza central, con toda la ciudad orientada con los vértices hacia los puntos cardinales para “evitar los malos vientos”.

En la ciudad extramuros se desarrollaron importantes barrios de nativos y de emigrantes chinos, que superaban a la población española.

En los alrededores de la ciudad se fundaron las llamadas cabeceras, con objetivos religiosos, que eran pequeñas poblaciones de planta ortogonal con una iglesia en posición dominante y controladas por los Agustinos, cuya labor evangelizadora fue un éxito total.

La ciudad vieja de Manila antes de la Guerra Mundial

 

El Imperio Holandés:

En 1648, con la firma de la paz de Westfalia, los Países Bajos se independizan de España. A partir de ese momento su habilidad como comerciantes y su impulso como nación joven les llevarían a establecer un imperio colonial en el extranjero, el primero después de los portugueses y españoles.

Los holandeses llegaron a Oriente a principios del siglo XVII para encontrarse con unas posesiones portuguesas mal defendidas al alcance de la mano, país con el que además estaba en guerra debido a la unión de las coronas de Portugal y España. Por esta razón, Holanda cimentó su imperio colonial sobre el de Portugal.

Comenzando por las islas Molucas los holandeses se expandirían por Indonesia, fundarían Batavia y desde allí irradiarían hacia el resto de las Indias Orientales. Con el control de Malaca y posteriormente de Ceylán, pudieron hacerse con el monopolio del comercio en la región desde Japón hasta la India.

Amboyne

Esta ciudad, fundada por Portugal en 1526, cayó bajo el dominio holandés en 1605 y se convirtió en la base a partir de la cual se expandió el imperio. Construida a lo largo de la desembocadura del río, una parte sigue el esquema holandés de trazado de canales rodeando la ciudad.

 

Dejima

En rigor fueron los portugueses quienes primero comerciaron con los japoneses. Para sus comerciantes se construyó en 1634 la isla de Dejima, un islote artificial en la bahía de Nagasaki desde donde los comerciantes podían hacer negocios sin pisar “suelo sagrado japonés”

Sin embargo, en 1638 los católicos fueron expulsados de Japón y los holandeses vinieron a ocupar su lugar. En 1641, la compañía de las Indias Orientales traslada su sede de operaciones del puerto de Hirado a Dejima.

El islote tiene un tamaño reducido, de aproximadamente 120 metros de largo por 75 de ancho, con viviendas, alojamientos y almacenes, además de guardias que controlaban el cargamento de los barcos y supervisaban las operaciones. El mantenimiento de esta infraestructura corría a cargo de la Compañía de Indias pero el comercio con Japón era sumamente rentable.

Bahía de Nagasaki
Dejima, ciudad de comerciantes

Ceylán

Como se ha reseñado antes, los holandeses llegaron a Ceylán en 1602, y pudieron hacerse con el control de la isla gracias la connivencia con los gobernantes locales para expulsar a los portugueses, puesto que su interés allí era el comercio y no la conversión de fieles al cristianismo.

Entre 1636 y 1648 lucharon contra los portugueses y una vez se hicieron con la isla tomaron el control de ella.

A pesar de la importante ubicación estratégica de la isla, a mitad de camino entre Sudáfrica y las Indias Orientales, no hubo un esfuerzo importante por urbanizar la capital, Colombo, ni ninguna otra ciudad.

 

Batavia

Los holandeses llegaron a Batavia con la intención de crear una capital para sus posesiones en Oriente.

De esta manera, en 1619 se empieza a construir la ciudad siguiendo un plano que es herencia directa de las directrices que se estaban siguiendo en Ámsterdam en esos momentos (en 1607 se había aprobado el plan de los tres canales)

Gran parte del territorio donde está ubicada la ciudad es un terreno cenagoso, atravesado por un río y con varias zonas bajo el nivel del mar. Los holandeses aplicaron sus conocimientos y represaron el río, creando canales que cumplían funciones defensivas y de control de aguas, además de vías de comunicación.

Plano de Batavia, en el futuro conocida como Jakarta

Levantaron una fortaleza en la línea de costa y dejaron la ciudad organizada en torno a un río central, con canales flanqueando la zona urbana.

Dibujo de Batavia en 1750
Plan de los tres canales de Ámsterdam, contemporaneo

Incluso la parcelación sigue un esquema semejante al de la metrópolis, con parcelas alargadas en las que se reserva un importante porcentaje de suelo para patio interior (en estas ciudades normalmente se pagaban impuestos según los metros de fachada, pues indicaban también acceso al canal).

Batavia supone, junto a Goa y Manila, el primer intento europeo de implantar una estructura administrativa en las colonias orientales.

¿Ámsterdam o Indonesia?

 

Otros enclaves holandeses

El Imperio holandés se expandió por toda Asia y controló amplios territorios, pero la mayoría de las otras ciudades que poseyeron no pasaron de ser enclaves comerciales sencillos o fortines militares puntuales. Así, los asentamientos de Aceh, la Célebes, el norte de Java y el sur de Sumatra no alcanzaron desarrollos significativos.

 

El Imperio Francés

El Imperio colonial francés se había limitado a América y la costa occidental de África hasta que en 1664 se fundó la compañía de las Indias Orientales francesa para competir por las riquezas de oriente.

En 1673 se asentaron en Bengala, Chandranagore; y en 1674 ocuparon Pondicherry, desde donde se expandirían por la India.

También fundaron enclaves en diferentes islas del Océano Índico, como Reunión, las Seychelles y Mauricio.

En una segunda fase, motivados por una expedición de castigo conjunta con la corona de España por el asesinato de religiosos en 1858, invadieron la Cochinchina, y a lo largo del siglo XIX siguieron una política de establecimiento de protectorados que les dio el control de ciudades como Saigón, Hanói y Phnom Penh.

Pondicherry

Los franceses se asientan aquí en 1673, usando Pondicherry como base para la expansión francesa por la meseta de Deccan, en la zona central de la India.

Hacia 1674, el primer gobernador, François Martin, comienza las tareas de construcción de la ciudad en lo que hasta ahora era una aldea de pescadores. En 1693 los holandeses toman la ciudad, pero le es devuelta a Francia en 1699. La ampliación a partir de este momento sigue las directrices de los planos diseñados por los holandeses durante el periodo de ocupación de la misma.

Ciudad y fortaleza de Pondicherry

La nueva ciudad sigue una estructura en rejilla, con calles ortogonales. Está dividida en dos sectores, el francés y el indio, la Ville Blanche y la  Ville Noire, siguiendo la costumbre de separar barrios de nativos de barrios europeos. Para la expansión la compañía de indias compra terrenos alrededor de la villa original. El sector con calles oblicuas pertenece al barrio musulmán, cuyos ocupantes ya se había trasladado allí con anterioridad al desarrollo del plan

En 1709 se erige la fortaleza de Fort Louis.

La ciudad experimenta un importante crecimiento y en 1710 tiene 60 000 habitantes. En 1735 se construyó un gran dique para protegerla del oleaje

En 1739 se amuralla la ciudad pero en 1761 es conquistada por y destruida por completo, quedando en ruinas durante cuatro años. En 1765 en reconstruida pero ya no recobraría su antigua importancia. La ciudad cambiaría de manos entre franceses y británicos hasta 1914, para permanecer como ciudad francesa hasta 1954.

Saigón

En 1859, como parte de la expedición conjunta con los españoles, los franceses toman la ciudad de Saigón y establecieron allí su capital para Indochina.

Como consecuencia de esto en los aproximadamente 100 años que permanecieron en la región se construyó mucho en estilo occidental, llegando a conocerse como “la Paris de Oriente” (a la gente le gusta mucho decir que algo es “el París de nosedonde”)

Con la importante influencia del Plan Haussmann de París en Saigón también se trazan amplios bulevares. Además, se diseñan amplios espacios verdes en la tradición de los jardines franceses y se acaba demoliendo la fortaleza que dominaba el centro de la ciudad.

Hacia el oeste de la ciudad se encuentra la aldea china de Cholon, que acabaría siendo absorbida por la ciudad

Saigon en 1815

Hanói

En 1873 los franceses entran en Hanoi. Se construye una carretera que une la villa a orillas del rio Rojo con la ciudadela, y en 1883 se hacen planes para la construcción de una catedral, casas de estilo colonial e instalaciones militares.

En 1887 se convierte en capital de Indochina

Hanoi en 1873

Ernest Hebrard, que previamente había diseñado la ampliación de Tesalónica y que participó en el urbanismo de varias colonias francesas como Casablanca, diseña en 1923 un plan de expansión de la ciudad hacia el este y el oeste, pero nunca consigue ser llevado a cabo en su totalidad por falta de fondos.

En Hanoi se puede observar la misma estructura que en otras ciudades francesas: una Ville Blanche para europeos y asiáticos europeizados, con calles ortogonales, arboledas, anchas avenidas y arquitectura colonial, y una Ville Noire para los indígenas, en la que esencialmente no se hace ninguna intervención.

Hanoi en un plano es indistinguible de cualquier otra ciudad europea

 

El Imperio Británico

En 1588 la derrota de la Felicísima Armada deja a Inglaterra en posición de supremacía naval, y se lanza a conquistar territorios en el extranjero. El primer asentamiento estable en América data de 1607, y en 1608 la compañía de las Indias Orientales británica, fundada ocho años antes, se establece en el puerto indio de Surat. Empiezan a construir fábricas y se ganan el favor de los emperadores mogoles, pudiendo extender sus posesiones y sus redes comerciales por toda Bengala.

A lo largo del siglo XVIII extendió su influencia en el subcontinente y, tras la guerra de los siete años que acabó con las ambiciones francesas en la India, se hicieron con el control de la mayor parte de la India.

Además extendieron su actividad por Singapur y China, donde para financia las importaciones de Té comenzaron un lucrativo negocio  que llevó a las guerras del Opio. Después de estas consiguieron el control de Hong Kong y confirmaron su dominio en los puertos libres de China.

En el siglo XIX Gran Bretaña cambió el modelo colonial, con la pérdida de los territorios en Norteamérica y un cambio en el sistema. La Compañía de Indias pierdes sus privilegios y acaba cayendo, la iniciativa pasa a los fondos privados.

El Raj Británico, la joya de la corona

En los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX se potencia la actitud imperialista de Gran Bretaña, alcanzando su plenitud como Imperio después de la Gran Guerra.

A partir de la segunda guerra mundial los diferentes territorios coloniales se fueron independizando de manera más o menos violenta.

 

La India

Tipología de ciudad británica en la India

A rasgos generales las ciudades inglesas en la India tienden, al igual que las francesas, a separar la parte europea de la parte India.

La India tiene una importancia creciente como exportadora de algodón, que se refuerza con la crisis posterior a la guerra de Secesión Americana, la apertura del canal de Suez en 1869 y la construcción de los primeros ferrocarriles. En 1876 se corona a la reina Emperatriz de la India.

Las nuevas construcciones del siglo XIX y XX, edificios gubernamentales y administrativos, se desarrollan alrededor de núcleos previos, como fuertes o la zona portuaria.

Los ingleses importan su forma de vida en forma de clubs deportivos, parques y campos. No creo que sorprenda a nadie si digo que los ingleses se integraron lo justo y probablemente no aprendieron ningún idioma local.

Los barrios europeos se construyen siguiendo directrices urbanas simples, pero prácticas y claras, mientras que las aglomeraciones indígenas, las Black Towns se dejan prácticamente a su suerte. Para mantener un cierto orden en estas últimas en ocasiones se forman comisiones sanitarias que se ocupan de asuntos elementales, como un cierto abastecimiento de agua, o la limpieza de algunas calles importantes.

A principios del siglo XX empieza a surgir la figura de los Improvement Trust, organismos que promueven el desarrollo, aunque su propio carácter privado hace que la mayoría de las actuaciones tengan lugar sobre barrios que puedan ser rentables.

Calcuta

Calcuta es el primer lugar donde se acantonan los ingleses en 1632, construyendo Fort William en 1699. En 1756 amplían las fortificaciones y desde 1757 es la capital de las colonias británicas en la India.

Calcuta en 1924

Al fuerte le rodea un gran parque, en cuyas orillas se encuentran los edificios administrativos, los barrios residenciales y la residencia del gobernador.

Al norte de la ciudad, en cambio, se encuentra la Black town, un populoso barrio, caótico y olvidado por las autoridades, atravesador por algunas calles anchas para hacerlo más manejable.

La población creció rápidamente, desde los 400 000 habitantes de mediados del siglo XIX hasta  1.132.000 de 1921

Aquí se aprecian las islas de Bombay antes de ser unidas con rellenos

Bombay

Bombay fue fundada por los portugueses en 1534, y paso a la Corona Británica como obsequio en 1661.

Originalmente está situada en una isla del conjunto de siete que forman el archipiélago, que progresivamente se irán uniendo hasta formar una sola península.

El desarrollo más importante de la ciudad comienza con la llegada del ferrocarril en 1840. Lo cual sumado a la apertura del canal de Suez provoca importantes inversiones que convierten el puerto de Bombay en uno de los más grandes.

La isla de Mumbai

 

La ciudad europea se extiende hacia el sur, mientras que la india se desarrolla al oeste de las vías de tren.

El Improvement Trust lleva a cabo algunas reconstrucciones y construye algunas calles, con una intención especulativa, hasta que sus funciones son transferidas a la administración.

Delhi

Delhi era una ciudad de tamaño medio, conocida como Shahjahanabad y construida a mediados del siglo XVII. Aunque tenía monumentos importantes, como el Fuerte Rojo, estaba en decadencia desde que la capital del imperio Mogol se trasladó a Agra.

Cuando Delhi quedo bajo control británico, apenas era un centro provincial de segunda fila. Sin embargo, con la rebelión de los cipayos en 1857, la capitalidad de la India paso de Calcuta a Allahabad, y en 1911 se anunció la construcción de una nueva capital junto a Delhi.

La antigua Delhi y el Fuerte Rojo
Delhi, sus murallas, fortalezas y puntos de control
Perspectiva de Delhi antes de 1858

Un comité presidido por Edwin Lutyens elabora en 1913 un plan para la construcción de Nueva Delhi, influido por el movimiento de la City Beautiful.

El esquema de la ciudad es un triángulo equilátero, cuyos vértices son el centro monumental (con el palacio del virrey, el parlamento y los edificios administrativos) al Oeste, la Esplanade de retícula hexagonal para residencia de dignatarios y soberanos al Este, y la zona comercial en el Norte.

Calles radiales la enlazan con la vieja Delhi, y otras arterias completan el esquema con la zona de la Universidad, las zonas de equipamientos, parques y zonas residenciales.

Las calles son rectas y están dimensionadas según su jerarquía: 50, 36 o 25 metros de anchura, con un número de filas de árboles también variable.

El plan urbanístico para Nueva Delhi, al estilo de los de la época

La población estimada para habitar esta nueva ciudad es de 70.000 personas.

El conjunto queda de esta manera claramente separado en funciones: ciudad antigua, ciudad administrativa, y una zona residencial llamada Civil Lines.

Los propios ingleses no podrían darle mucho uso a la ciudad, inaugurada en 1931, pues en 1947 la India alcanza la independencia.

Construcción de Nueva Delhi
Las estructuras de gobierno colonial en India. 1930

 

Rangún

La Rangún moderna es fundada por los ingleses entre 1850 y 1860, siguiendo una planta en cuadrícula con una pagoda como centro, con una arteria principal paralela al río y otras secundarias paralelas a esta. Son calles anchas, de más de 30 metros, excepto Pagoda Road, que llega a los 65 metros de anchura.

La población es muy variada, y la proporción de europeos nunca es demasiado grande.

Cuando la ciudad se masifica los principales equipamientos europeos se descentralizan hacia zonas suburbanas.

 

Las Colonias de Blancos

Los territorios británicos poblados fundamentalmente por blancos, dominios como Terranova, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, además de Sudáfrica, fueron alcanzando la independencia a principios del siglo XX, formando la estructura de la Commonwealth.

En lo que respecta a Australia, muchas de sus ciudades vivieron sus orígenes como colonias penales.

Así, Sídney comenzó siendo una colonia penal fundada en 1788, y no comenzó a desarrollarse seriamente hasta 1820, bajo el mando del gobernador Lachlan Macguarrie, que mando construir muchos puentes y caminos que favorecieron la rápida expansión de la ciudad cuando en 1851 se desató la fiebre del oro.

Plano de Sidney en 1836

Melbourne era una ciudad grande y desarrollada, en 1880, la segunda ciudad mas poblada del Imperio Británico después de Londres.

Adelaida, sin embargo, es un ejemplo de ciudad totalmente planificada y que desde sus inicios fue concebida como ciudad para blancos libres, en el estado de South Australia.

Fundada en 1830 por el coronel William Light tiene un urbanismo muy cuidado que separa las diferentes funciones de en barrios (zona comercial, administrativa, de negocios, industrial, residencial…)

A medida que fue creciendo, desarrollo una serie de ciudades satélite alrededor. Es un urbanismo bastante parecido al que encontramos en USA o Canadá.

Adelaida en 1880

 

Las ex-colonias en el Siglo XX

 

Después del proceso de independencia de las colonias, las distintas ciudades han seguido trayectorias muy diferentes. Es un poco excesivo estudiarlas todas de nuevo pero si merece la pena comentar algo de alguna de ellas.

Goa: La ciudad de Goa Velha es hoy poco más que una ciudad fantasma donde acuden los turistas ver los magníficos restos del pasado colonial portugués. Con apenas 5000 habitantes, forma parte del estado menos poblado de la India.

Macao: Terminado el período de cesión y devuelta la soberanía a China Macao conserva un estatus de región administrativa especial, lo cual le ha hecho desarrollar, al igual que Hong Kong, una economía importante. La ciudad está plagada de rascacielos que conviven como pueden con los restos de la ciudad portuguesa, cuya presencia se hace patente en detalles como los carteles en chino y portugués. Como única ciudad china donde está permitido el juego se ha convertido en una especie de ciudad-casino con importante presencia del crimen organizado. Algunas imágenes son perturbadoramente portuguesas aún, pero se limitan a zonas diminutas

Manila: La estructura de la ciudad Intramuros aun es perfectamente distinguible en la ciudad, a pesar de haber sido arrasada en múltiples ocasiones por piratas chinos, portugueses, incendiada, invadida en la segunda guerra mundial por los japoneses y finalmente bombardeada por los estadounidenses. La ciudad extramuros, sin embargo, sigue ahora directrices típicas americanas con largas avenidas, rascacielos y un importante tráfico.

Batavia: Rebautizada como Jakarta, es la capital de Indonesia y una de las ciudades más grandes del mundo, con una población de cerca de 18 millones de habitantes en su zona urbana. El trazado holandés, con sus canales, se distingue aun en la ciudad actual. La ciudad tiene gravísimos problemas de tráfico, pobreza en la mayor parte de la población y constantes inundaciones masivas, pues el territorio está a muy baja altitud.

Zoom sobre la ciudad vieja de Jakarta. Ahí están los canales aún
Jakarta en 2008, con la ciudad original marcada. Ha crecido un poco.

Saigón: Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh, es la capital de Vietnam y una de las ciudades más grandes del sureste asiático, con 9 millones de habitantes en su área metropolitana. Durante la guerra que expulsó a los franceses y que se prolongaría 20 años como conflicto entre el norte y el sur, la ciudad creció muchísimo al refugiarse la población del campo en la ciudad. La victoria del norte comunista le valió el cambio de nombre.

Pondicherry: Puducherry forma parte de un territorio semi-autónomo de la India. Tiene 700.000 habitantes y gracias al dique construido por los franceses en 1735 no fue afectada por las olas del tsunami de 2004, que alcanzaron los tres metros y medio de altura

Bombay: Hoy conocida como Mumbai, es el puerto más importante de la India y la ciudad más occidentalizada. En pleno auge económico, alberga importantes industrias, entre ellas gran parte de la industria cinematográfica india. Tiene cerca de 19 millones de habitantes.

Rangún: Yangón, capital de Birmania hasta 2005. Ha pasado de tener una infraestructura comparable a la de Londres en 1900, a ser una ciudad en decadencia. Sufrió un terremoto y un tsunami en 1930, fue seriamente dañada en la segunda guerra mundial y desde que gobierna la junta militar ha sido descuidada. Perdió la capitalidad en 2005 a favor de Naypyidaw. Tiene cuatro millones de habitantes

Nueva Delhi: Capital de la India. Superó hace tiempo las previsiones de la ciudad y hoy tiene 300.000 habitantes. Prácticamente se funde con Delhi, que como tantas ciudades asiáticas ha alcanzado un tamaño descomunal, de 18 millones de habitantes.

Nueva Delhi en el siglo XXI, inconmensurable

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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–             The Digital South Asia Library, Chicago University

–             Perry-Castaneda Library, University of Texas

Los anillos de Moscú – III

Después de las invasiones mongolas que arrasaron el territorio aquí y ahora que los tartaros han empezado a dar menos miedo aquí, empieza una nueva etapa en la que Moscú se consolida como potencia.

 

El Kremlin visto desde el puente de Bolshoy Kamenny, que por cierto fue el primero permanente de la ciudad

El Grande y el Terrible

 

Seamos honestos, las tribulaciones de Moscovia no eran desde luego una cosa excepcional. El siglo XV fue agitado en muchos sitios, una época de turbulencias bastante generalizadas. En Inglaterra los York y los Lancaster luchaban la guerra de las Rosas, mientras en Italia las ciudades estado parecían incapaces de alcanzar un equilibrio duradero. Castilla estaba terminando la Reconquista y Francia aún necesitaría decenios para terminar de librarse de la guerra de los cien años.

Pero después de las guerras civiles sucedidas en Moscovia se iba a producir una gran transformación. Allí donde el brillante Lorenzo el Magnífico fallaría en establecer una República duradera Iván III sentaría los cimientos de un gran Imperio. No por nada lo recordamos como Iván el Grande.

La cosa no pintaba bien al principio. Siendo un chaval de 22 años, en su primer año en el poder se encontró con que sus vecinos del norte, la república de Novgorod, pedía apoyo a la poderosa Mancomunidad Polaco-Lituana. Simultaneamente la Orden Teutónica, un poderoso estado semi-monacal que ocupaba los territorios bálticos de Livonia, decidía atacar el principado de Pskov. Todo problemas, pero Iván los superaría todos.

El recuerdo de las guerras civiles y la inestabilidad crónica del gobierno le motivó a emprender un proceso centralizador muy importante. Uno a uno subyugó a los príncipes y a la alta nobleza, destruyó sus instituciones y se libró de depender de ellos. El trono pasó de ser electo a hereditario y facilitó que las ordenes monacales roturaran nuevas tierras, aún a costa de que ganaran inmensas riquezas.

El país continuó extendiéndose a un ritmo frenético pero claro, no es como si faltara espacio en Rusia. Llegó hasta el Mar Blanco en el norte y hasta los límites de sus estados vecinos descendientes de las Hordas. Incorporó otros principados, tomó ciudades de Lituania y llegó casi hasta Kiev. Para 1493 ya se había ganado el sobrenombre de “Soberano de toda Rusia”.

También abrió el país al mundo exterior, estableciendo relaciones con Otomanos, Polacos, Daneses, Venecianos, Georgianos, Húngaros e incluso con el Sacro Imperio. Este último le ofreció el título de Rey pero Iván, orgulloso, lo interpretó como lo que era, un ofrecimiento de sumisión, y lo rechazó. Iván no necesitaba que nadie le regalase una corona.

Todo esto no fue fácil, claro. Los ingentes recursos desplegados salieron del abuso y la opresión, de unos impuestos asfixiantes y un dominio de hierro. No es como si otros monarcas europeos no hubiesen hecho lo mismo, por otro lado.

La Tercera Roma

 

Sería justo reconocer la buena suerte que tuvo en otros aspectos. Uno de ellos, habitualmente contemplado desde Europa como una tragedia, ayudó especialmente a consolidar su legitimidad. Nos referimos, claro, a la caída de Constantinopla. Habiendo fallecido su esposa trágicamente en 1467 pudo establecer matrimonio con Zoe Paleóloga, nieta del último emperador de Constantinopla. Los Paleólogos supervivientes a la caída de la capital en 1453 eran poco más que mendigos que vivían vendiendo sus títulos en otras cortes pero no se puede negar que prestigio tenían un rato largo.

El Águila Bicéfala de la dinastía de los Paleólogos

El matrimonio causó cierta desconfianza, pues Zoe estaba viviendo en la corte del Papa (que pagó su dote) y obviamente el ofrecimiento era un intento de traer a Moscovia hacia el lado del Cristianismo. Pero Iván aceptó el reto y, como se dice hoy en día, le dio la vuelta al relato. Adoptó el águila bicéfala Bizantina como estandarte personal y se cuidó muy mucho de que Zoe, que pasó a llamarse Sofía, pareciese una Ortodoxa excelente.

1480. Iván rechazando pagar tributo y rompe con el dominio Tártaro. Empieza otra era.

Es en esta época cuando se desarrolla la leyenda de la Tercera Roma, impulsada por la Iglesia y atribuida en parte a Filoteo, un monje de Psok. En 1510 proclama la mítica frase, “Dos Romas han caído. La Tercera se sostiene. ¡Y no habrá una cuarta! ¡Nadie reemplazará tu reino de zar cristiano!”

La frase, que lejos de ser triunfalista pretende ser apocalíptica (después de Moscú, el Apocalipsis) sirve como resumen de un proceso fomentado por la Iglesia y por el Estado para dotarse de autoridad y legitimidad.

A pesar de los desesperados intentos de Novgorod por mantener la paz, Moscovia aprovechó cada mínima excusa para ir a la guerra y aumentar sus territorios, deportando a la nobleza local y sustituyéndola por la suya para asegurarse una base de apoyo político fuerte, cediendo grandes parcelas en “alquiler hereditario” a sus nobles. Este sistema permitió también superar el problema de la escasez crónica de moneda acuñada. No pudiendo pagar los servicios de la nobleza con dinero lo hizo con tierras, de las que disponía en abundancia. Este sistema, además, en una época de crecimiento poblacional, permitió disponer de enormes ejércitos, hasta cuatro veces mayores que los que pudo movilizar su padre.

La caída de Constantinopla, además de la autoridad que se otorgó como sede religiosa, le permitió cubrir un hueco importante: personal cualificado. Y es que forjar un Imperio no es sólo cosa de un poderoso monarca con una gran voluntad. Las guerras y los imperios se ganan y pierden en las cocinas, y miles de griegos experimentados en labores de gobierno, logística, administración y otras funciones cubrieron los puestos necesarios para gestionar el colosal Imperio que se estaba gestando.

Quizá el mapa más antiguo de Moscú, de 1556.

Moscú, por supuesto, creció. La ciudad bullía con nuevas gentes y ciudadanos. Muchas lenguas distintas se hablaban, hubo un gran boom de trabajo para todo tipo de traductores que permitían la correspondencia desde Alemania hasta Nogai. Enviados y diplomáticos viajaron a todas las cortes a reunir información e inteligencia (ya se sabe, un diplomático es aquel que viaja al extranjero a mentir por su país). Y Moscovia aprendió a una velocidad sorprendentemente rápida a comportarse en las escurridizas arenas de la diplomacia.

Pero… ¿qué fue de los Tártaros? ¿Han desaparecido? No, y de hecho serían una amenaza hasta el siglo XVI, pero con Iván se viviría la independencia definitiva de ellos. Se valieron para ello de la ayuda de pequeños grupos de tátaros renegados que fueron poniendo a sueldo a lo largo de todo el siglo, siendo este el origen de los Cosacos y que resultaron eficaces para asegurar las tierras de cultivo de un enemigo siempre en movimiento.

Moscú en su estado habitual: preparándose para una guerra

En el otro frente las guerras constantes con Polonia y los Caballeros alcanzaron por ambos bandos el grado de Cruzada, lo cual les permitió justificar verdaderas masacres y atrocidades. En una batalla, por ejemplo, Iván probó una estrategia nueva en la que envió una fuerza de Tártaros y a la vez soltó 1600 perros entrenados contra el ejército enemigo, un hecho que inspiró a Shakespeare para hablar de “los perros de la guerra”.

Durante su reinado empezaron una serie de transformaciones en Moscú para adaptarla a su incipiente papel de capital imperial. En 1495 comenzó la construcción de las murallas del Kremlin que podemos ver hoy en día, diseñadas por el italiano Petrus Antonius Solarius. Moscú había alcanzado los 100.000 habitantes y era ya una de las ciudades más grandes del mundo.

Ivan III de Rusia

Ivan III murió en 1505 dejando el trono a su hijo Vladimir III, que iba a realizar políticas más bien continuistas. Se encontró un país de más de 2,5 millones de km2, algo más pequeño que Argentina, pero mucho más grande que el que su padre había recibido. En 1508 se terminó de construir la torre del Reloj y entre 1536 y 1539 se terminaron los muros que cerraban Kitay Gorod, que hoy son presentes en la forma de una cadena de plazas famosísimas que incluyen la del Teatro (donde está el Bolshoi), la de la Lubyanka, Staraya o la de la Revolución.

También se dio forma a la Plaza Roja, inicialmente conocida como “campo santo”. El río Moscova y el Neglinnaya, que hoy en día transcurre subterraneo, fueron unidos por un foso de 36 metros de ancho.

Marcada en amarillo, Kitai Gorod
Crecimiento de Moscú, contorno de las murallas de Kitai Gorod

Al borde estuvieron de una crisis dinástica, pues la primera mujer de Vasili resultó ser estéril y en 20 años no pudo dar un heredero. Finalmente, no confiando en sus hermanos y para disgusto de la Iglesia, mandó a su mujer a un monasterio, se casó de nuevo y tuvo por fin el hijo que se esperaba. El rechazo, sin embargo, fue fuerte. Se abría una brecha entre los ultraconservadores que no querían cambiar nada y los aperturistas que entendían que el nuevo papel como potencia de Rusia implicaría cambios. Para empeorarlo todo realizó un acto inesperado: se afeitó la barba. Los príncipes rusos hasta ahora habían sido todos hípster con barbaza, pues así se suponía que era la imagen de Dios, pero Vasili desafió simbólicamente este estatismo.

Todo se prometía feliz para el naciente Imperio Ruso. El paso definitivo tendría que darlo aquel que iba a recibir por primera vez el título de Zar: Ivan IV, al que conoceréis mejor como Iván el Terrible.

El tirano atormentado

 

16 de enero de 1547. Un chico de 16 años, alto y corpulento espera la ceremonia de investidura. Ahora que es mayor de edad y después de unos años de regencia de su madre Ivá recibirá la cruz pectoral, el collar de oro y el gorro de Monómaco, enseñas que le señalan como Autócrata y soberano de toda Rusia.

Iván IV es una figura polémica y desde el primer minuto despertó la desconfianza de muchos. Ahora que se acercaba peligrosamente al Báltico los alemanes se acojonaron y empezaron una campaña de difamación desde casi el minuto cero, ayudados por el reciente invento de la imprenta. Hay un hilo ininterrumpido desde los comerciantes alemanes difundiendo los “barbarismos” rusos hasta los discursos de Reagan calificando a Rusia como “El Imperio del Mal”.

No me entendáis mal, es obvio que se cometieron atrocidades, pero probablemente fueron exageradas en gran medida. Se habló de descuartizaciones, torturas y comportamientos bárbaros por parte de los rusos desde el principio pero en el contexto de su tiempo probablemente no fue mucho peor que otros reyes. En la misma época Pizarro conquistó el imperio Azteca, Luis XI permitió las masacres del día de San Bartolomé y la reina Mary quemaba vivos a protestantes en Oxford. Interesado en la religión, se metió en discusiones teológicas con el Papa y mandó ejecutar a su propio Metropolitano.

Sus años de infancia habían sido complicados (su madre fue envenenada, el puesto de regente ocupado por muchas personas que acabaron depuestas o asesinadas). Esto sumado a tratamientos médicos a base de mercurio probablemente no sentaron demasiado bien a su salud mental, que le llevaría a periodos cada vez peores de irritabilidad, cambios de humor y ataques de ira. Desde 1560, además, con la muerte de su mujer y sospechas de que había sido envenenada por sus propios boyardos que fueron confirmadas en la autopsia, se convirtió en una especie de fanático religioso siempre enfadado.

Pero vale, de acuerdo, sabemos quién manda allí pero… ¿Qué os encontraríais si visitaseis la ciudad en ese momento?

Kremlin ruso alrededor del siglo XV

Pues veríais una ciudad ajetreada y bulliciosa, construida toda ella con edificios de madera. Las casas, amplias y con jardines y huertas generosas, hacen parecer incluso más grande de lo que es a una ciudad que no es pequeña. Sus gentes van con frecuencia a alguna de las muchas iglesias y monasterios y se santiguan frecuentemente (al revés que los católicos, por cierto).

San Basilio en verano

Si tienes la mala suerte de visitar la ciudad durante un crudo invierno encontrarás la tierra cuarteada por el frío y a las personas envueltas en pieles de todo tipo, desde martas hasta gatos. El zorro, la mejor piel, se reserva para los viajes.  Mangas ceñidas, casacas largas sin pliegues y botas rojas con clavos de hierro completan el cuadro del moscovita de a pie, que probablemente luzca además una generosa barba.

En la plaza Roja se desarrollan los trabajos de la catedral de San Basilio, terminada en 1561, y en las afueras alguna de las nuevas murallas, según en que año hubieses llegado.

El país siguió creciendo guerra tras guerra y finalmente llegó al límite de lo conocido: las llanuras planas pobladas por rusos se acabaron. Los rusos habían llegado al Caucaso y a Siberia, y con ello se convirtieron en un país colonial, multicultural y diverso. Muchos disgustos y guerras llegarían de las impresionantes montañas que ahora descubrían, pobladas de extrañas tribus.

Crecimiento de Moscú durante el siglo XVI

Pero tanto crecimiento terminó por hacer que sus enemigos se uniesen entre sí. La expansión por las costas del Báltico, conquistando lo que hoy es Estonia y Letonia con armas modernas y cañones, llevó a que Alemanes, Suecos, Polacos, Lituanos y la liga de la Hansa empezaran a trabajar juntos para frenar sus ansias expansionistas.

En el plano interno, Iván seguía obsesionado con asegurar su poder. Eliminó a todos los rivales políticos que encontró y fundó la infame Oprichnina, básicamente un grupo de matones paramilitares reclutados entre lo peor y más salvaje de la sociedad, a menudo directamente excriminales, que extendieron su reino de terror entre la sociedad. Necesitado de dinero para sus campañas Iván mandó a sus matones a exprimir a la población (en Novgorod mataron a 30.000 personas en un saqueo especialmente sanguinario ¡en su propio país!), y se apropió de monopolios como el del alcohol. Incluso hizo algún intento de restringir las riquezas de la Iglesia, uno de sus principales apoyos políticos a la vez que el principal terrateniente de Rusia después de dos siglos acumulando terrenos y donaciones.

Dispersó las posesiones de la nobleza para evitar que tuvieran bases de poder donde poder reclutar ejércitos, algo lógico viendo como en Lituania, el país vecino, el rey no tenía apenas autoridad y la nobleza hacía y deshacía como quería por culpa de unas leyes mucho más laxas. En cambio Iván pudo completar la revolución empezada por sus antecesores que hizo a la nobleza dependiente de la corona y centralizó el estado, aplicando un nuevo código legal que acababa con los privilegios judiciales de la nobleza, el Sudébnik de 1550.

Uno de los muy escasos restos de las murallas de Kitai Gorod

En 1571 una nueva guerra contra los tártaros de Crimea acabó con Moscú conquistado y arrasado de nuevo, excepto el Kremlin. Los registros dicen que de 200.000 habitantes apenas sobrevivieron 30.000

En cualquier caso, la ciudad se recuperó rápido y en 1592, después de rechazar otro ataque, empezó la construcción de la siguiente capa de baluartes, de los que hoy no quedan apenas restos pero que marcan lo que conocemos como el “anillo de los boulevares”. Con este anillo queda ya casi completado el marco del centro de Moscú, que en posteriores épocas se iría rellenando.

Las murallas de Kitai Gorod han dejado paso al “anillo de boulevares”
Moscú crece y abarca por primera vez el otro lado del río con las murallas de Beli Gorod

Pero ah, la expansión y la guerra permanente tuvieron un precio. Forzados los límites, la cuerda se rompió. Una importante crisis económica se desató y muchos campesinos abandonaron pueblos enteros. El estado no tenía capacidad para acumular riquezas que respaldaran una moneda sólida y por lo tanto empezó a pagar los servicios militares a los nobles con tierras. Pero claro, las tierras no sirven de nada si no hay quien las trabaje, así que se empezó a restringir la libertad de movimiento de los campesinos, el primer paso en el camino que llevaría a la virtual totalidad de la población rusa a convertirse en siervos.

Finalmente, para 1580 las ansias imperialistas se vieron frenadas definitivamente. Polonia y Suecia, una gran potencia militar en esa época, frenaron a Rusia en el Báltico. Al sur, los turcos hicieron lo mismo. El propio Iván, después de muchos años de triunfalismo, entró en un periodo depresivo, consciente de cómo había destruido su reino. En 1581, en un ataque de ira, incluso mató a su hijo de un bastonazo. Arruinado, rodeado de enemigos, con profunda disensión interna y la población agotada, y sin un heredero para sucederlo, Iván se preparó para lo peor. Su última conquista, un año antes de morir, fue el Khanato de Siberia.

En 1584 exhaló su último suspiro. Iván el Terrible había muerto, sin herederos, y con él una dinastía, los Ruríkidas.

Y Rusia entera se hundió en el caos.

Ivan con su hijo moribundo entre los brazos, pintado por Ilya Repin. Esa mirada.

Los anillos de Moscú – II

Aquí habíamos dejado las llanuras rusas arrasadas y dominadas por el aparentemente invencible ejército Mongol. El primer imperio Ruso, la gran federación comercial que formaban la Rus de Kiev y Novgorod, ha sido desmantelada.

 

La rendición de Mihail, que acabó en ejecución.

Bajo el yugo oriental

Mihail Vselvolodovich fue el último gran príncipe en ser derrotado por las hordas mongolas. Después de muchos años convulsos y asumida la imposibilidad de la derrota, se dirigió a la nueva capital de los Mongoles, Sarai, a negociar su rendición. La leyenda dice que estaba dispuesto a rendirse pero que se negó a adorar a los dioses paganos y por ello fue asesinado y su cuerpo arrojado a los perros. Sucedió en 1246 y después de ello ya nadie opuso resistencia. Como hemos comentado, en lo siguientes años cayeron Suzdal, Smolensk, Kursk, Rostov, Tver, Vladimir. Cientos de miles de muertos (quizá hasta medio millón), años de caos y destrucción. Unos años terribles.

Pero del vacío de poder resultante en las estepas surgió la oportunidad que llevaría al desarrollo de Moscú como gran Principado y, posteriormente, el Imperio Ruso. ¿Habría sido lo mismo sin la invasión mongola? Imposible saberlo. Es probable que Novgorod hubiera seguido siendo una próspera federación comercial en el norte y Kiev un poderoso estado en el sur. En rigor, no hay demasiados motivos para que Moscú triunfara en el medio de la nada excepto, quizá, estar en el medio. Siendo una posición central con fácil acceso a toda la llanura rusa y rodeada de bosques deshabitados que reducían los conflictos, supo jugar bien sus cartas. Pero eso es Historia ficción, y la Historia real es suficientemente interesante.

¿Cómo fue el llamado yugo mongol o tártaro? A decir verdad, fue a la vez terrible y no tan malo. Como invasores demandaron tributo y pleitesía, pero no se metieron demasiado en la vida de la gente. Prefirieron delegar la gestión a los pequeños principados para que fueran ellos los que cargaran con el marrón de la recaudación de impuestos. Advertidos por Genghis Khan, abuelo de Batu Kan, los mongoles mantuvieron su estilo de vida nómada, separados de las ciudades que ahora controlaban. Fundaron una gran capital no demasiado lejos de donde hoy está Volgogrado, Sarai, de la que nada queda hoy en día.

Religiosamente eran extremadamente tolerantes, incluso después de convertirse al Islam, y nunca pretendieron asimilar a los invadidos. Por otro lado al final de su dominio, en los siglos XIV y XV, empezaron las razzias para conseguir esclavos. También secuestraron y deportaron a su territorio sistemáticamente a artesanos cualificados, ralentizando el desarrollo. Y todo lo que tenían de tolerante lo olvidaban rápidamente cada vez que había un fallo, una disminución en la recaudación o una amago de revuelta, pues entonces montaban en sus caballos de nuevo y arrasaban e incineraban las ciudades hasta los cimientos. En Kiev, antaño una de las grandes ciudades de Europa, se dice que no dejaron más de 200 casas en pie y montañas de cráneos humanos en las calles.

Pero vamos a cerrar el foco, porque la historia del Este es infinita, y volvamos a Moscú, al que desde hace unos años llamamos ya Gran Ducado de Moscú. Lo dirige con firme pero pacífica mano Daniel I de Moscú, cuarto y último hijo de Alexander Nevsky. ¿Quién era este Nevsky, que da nombre hoy a una de las principales avenidas de Moscú?

Gobernador de Novgorod, en el norte, recibió su legendario nombre por la batalla del río Neva, donde en inferioridad de condiciones derrotó nada menos que al ejército sueco, comandado por el mismísimo fundador de Estocolmo Birgerl Jarl.

Y aunque fue una gran victoria, la verdad es que la amenaza en su época venía todavía de occidente y no del este. Suecos, la Orden Teutónica y los reinos católicos, todos se llevaban más bien regular con los primeros rusos. Necesitado de aliados, Alexander Nevsky quiso aliarse con los mongoles. Batu Khan le pidió que se arrodillase y también se negó (veo un patrón aquí), pero tuvo mejor suerte y no sólo salió de la reunión con vida sino que fue nombrado gobernador de Vladimir y de Kiev. Y nombrado de esta manera Gran Príncipe, es el gran artífice de la idea de unión de todos los principados rusos. Pero ah, la vida, finalmente Nevsky murió y sus tierras y títulos se repartieron entre sus hijos. Fue entonces cuando Daniel recibió Moscú, el menos importante de todos, una ciudad de provincias sin más. De momento.

Roma no se hizo en un día

Daniel adoptó una política poco épica pero sensata de colaboración con el enemigo que sus sucesores siguieron con éxito. También fue el iniciador de otro de los “anillos”, en este caso un anillo de monasterios alrededor de la ciudad que, lejos de ser sólo lugares de oración, eran fortalezas y formaban parte de la estructura defensiva de la ciudad.

Uno de los monasterios, construido en 1357. Es uno de los edificios más antiguos conservados.

Básicamente, colaboró con los mongoles en todo lo que le pidieron para conseguir que les dejasen tranquilos. Sus sucesores Yuri e Ivan I llevaron la misma estrategia hasta 1341, época cada vez más próspera en la que la ciudad creció, se desarrollaron los barrios de mercaderes hacia el este y se construyeron las grandes catedrales blancas, la de la Asunción (1326), Nuestro Salvador (1330), San Miguel (1333), y el campanario de San Ivan (1329).

Se ampliaron los muros de la ciudad, integrando los nuevos barrios, y la economía mejoró a base de ir acumulando poder sobre sus vecinos.

El crecimiento por fases del recinto del Kremlin

La verdad es que no jugaron limpio siempre. Por ejemplo, en 1327 la ciudad de Tver, principal poder entre los rusos, se rebeló contra los mongoles. Condujeron un ejército y pidieron ayuda a Moscú, sus hermanos de sangre y lengua. Sin embargo, estos básicamente se hicieron los locos, e incluso ayudaron a los mongoles a aplastar la rebelión. Y de nuevo, sobre el vacío de poder crecieron, y la ciudad creció de nuevo con los refugiados del recién devastado territorio. Los mongoles permitieron este crecimiento de Moscú para mantener el equilibrio entre principados primero y como contrapeso con el cada vez más poderosos reino de Lituania. En el proceso Ivan se convirtió en el hombre más rico de Rusia (así ganó el sobrenombre de “Kalita”, básicamente “el tipo forrao ese”) y con las nuevas riquezas continuó comprando terrenos y fincas arruinadas alrededor de la ciudad y financiando nuevas iglesias, pues poco antes el Metropolitano Ortodoxo había trasladado su sede a Moscú.

El Kremlin en el siglo XIV, la época de Ivan Kalita

Más tarde, de nuevo, ignoraron la petición de ayuda de Novgorod contra los suecos, dejando que sus competidores del norte quedasen tocados de muerte. Y los moscovitas continuaron acumulando poder. La peste devastó las tierras centrales en esa época, matando incluso a su gobernante en 1353, pero finalmente eso también pasó y la ruina completa de otras ciudades menores al final resultó ser beneficiosa.

Los mongoles habían olvidado las enseñanzas ancestrales del “divide y vencerás” y se acomodaron, dejando a Moscú acumular demasiado poder. De hecho, pronto tuvieron un primer susto.  En 1380, aprovechando un conflicto de sucesión entre las diferentes hordas (la horda de Oro, la horda Azul… las hay de diferentes colores), Moscú trató por primera vez de liberarse del dominio Mongol.

Camino a la independencia: primer asalto

La ciudad ya tenía un foso y una muralla nueva de trinque, levantada en 1368 con piedra caliza blanca; recursos abundantes, el próspero barrio comercial de Zaryadye que crecía al este del Kremlin y un perímetro defensivo de monasterios fortificados. Además, los rusos contaban con una verdadera innovación, las primeras armas de fuego, que los Mongoles no utilizaban. De esa época tenemos la primera mención a un cañón en tierras rusas. Derrotaron el ejército mongol en la épica batalla de Kulikovo, un hito en la historia nacional de Rusia, pues los rusos lucharon por primera vez unidos como rusos y no como súbditos de principados distintos.

Pero la Horda se reagrupó y trató de atacar Moscú. Las fuertes defensas fueron eficaces y repelieron el ataque y de nuevo la victoria parecía posible. Dimitry, gobernante de la ciudad, no se encontraba en ella en ese momento pero sus generales habían causado grandes bajas al atacante. Pero los mongoles amagaron una oferta de paz y sedujeron a uno de ellos, invitándole a abrir las puertas para negociar e insinuándole que sólo odiaban a Dimitry y que le pondrían a él de gobernador. Menudo idiota.

Abrió las puertas, claro, el muy avariciosos, y los mongoles entraron y pasaron a la población a cuchillo. Quemaron edificios e iglesias, robaron todo lo que pudieron y se llevaron esclavos. De 40.000 habitantes con que contaba la ciudad, 24.000 murieron esa semana. El dominio de la Horda sobre Moscú quedó asegurado para casi cien años más.

 

El asedio de Moscú en 1382
Destrucción de Moscú por Tokhtamysh tras su intento de revuelta.

Ah, pero Moscú es dura de pelar. Los supervivientes se pusieron manos a la obra y la ciudad se levantó de sus cenizas. De acuerdo, no había logrado la independencia, pero su siguiente gobernante se anexionó en los siguientes años Nizhny Novgorod, Kaluga, Vologda… multiplicando enormemente el territorio del principado.

Y mientras tanto, el control Tártaro seguía debilitándose. No tanto por iniciativas militares rusas, sino por tensiones internas y un lento pero inexorable repliegue de los invasores. El principio del siglo XV fue agitado, con constantes revueltas y la primera guerra civil sucedida en territorio moscovita, que se prolongó hasta 1453, ese año clave que siempre se ha tomado como punto de inflexión de la edad media.

Vaya, parece que nos hemos olvidado un poco de la ciudad y el urbanismo, que se supone que iba a ser el tema. La verdad es que en esta época las ciudades rusas aún son pequeñas, crecen relativamente despacio y de manera orgánica y son constantemente destruidas, así que con las pinceladas que hemos dado se explica bastante. Sin embargo, me parecía importante hacer un rápido resumen de la historia fundacional rusa. Sospecho que es un país del que la mayoría no sabemos demasiado, especialmente sobre tiempos premodernos, y sin embargo tienen una historia fascinante.

Por hacer un repaso, los hitos urbanos principales son la construcción del anillo de murallas de piedra, la red de monasterios fortificados, las nuevas catedrales y el desarrollo de Zaryadye y otros barrios a lo largo de tres calles principales de la ciudad, a saber: la calle Varvarka, Ilyinka, y Nikolskaya, que se ven en el mapa. El barrio de Zaryadye no os molestéis en buscarlo porque a los urbanistas soviéticos “les venía mal” y lo demolieron por completo en 1947.

El barrio de Zaryadye. El mapa es de 1881 pero os sirve para hacer una idea.
En rojo, el Kremlin. En amarillo las calles principales. Desde abajo: Varvarka, Ilynka y Nikolskaya

¿Por qué paramos aquí hoy?

Porque el siguiente capítulo es muy jugoso y merece tiempo propio. Y es que amigos, la caída de Constantinopla supuso una gran sacudida y la excusa perfecta para empezar la intensa campaña religiosa para realzar Moscú, convertirla en “la Tercera Roma”. Además, el siguiente gobernante no fue un cualquiera: en 1462 llegará un nuevo príncipe durante cuyo larguísimo mando de 43 años Moscú se convirtió en un estado independiente y empezará su dominación sobre toda Rusia.

Llega el turno de Ivan III Vasilyevich, “El Grande”

Ivan III, que aquí parece un abuelete majo.

Los anillos de Moscú – I

Empiezo una serie que promete ser larguísima sobre la historia de Moscú. Esta es una ciudad fascinante desde cualquier punto de vista, ya sea histórico, social o, desde el que pretendo orientarlo yo, arquitectónico urbanístico. La serie se llama “Los anillos de Moscú” por la particular morfología de la ciudad, que sin ser la única que ha crecido de esta manera si es una especialmente representativa. Sin más, os dejo con una primera parte a modo de introducción y contexto. Espero que resulte interesante. Dentro Moscú. 

 

Diez casas de madera a la orilla del río

 

A la orilla septentrional del río, en la confluencia con un pequeño afluente, se alza una pequeña loma de unos cuarenta metros de altura. Un pequeño asentamiento rural sin importancia la ocupa desde hacía siglos, sus habitantes viven de la pesca y el comercio en la ruta que une norte y sur.

Había venido a reunirse con Sviatoslav, fugitivo de Kiev, y el lugar parecía apropiado para un encuentro clandestino. Su nombre era Yuri Dolgorukiy, príncipe de Suzdal, y en el mismo lugar de la reunión mandaría construir nueve años después una modesta fortificación con una empalizada de roble. Como otras en una situación semejante recibió el nombre de Kreml, ciudad alta. Y casi nueve siglos después sigue siendo el corazón de la Madre Rusia.

Vamos a contar la historia de Moscú, la ciudad de los mil anillos.

Yuri, fundador de Moscú. Por el gesto deducimos que no levantó precisamente él las murallas a mano.

El tal Sviatoslav huía después de la muerte de su hermano, el Gran Príncipe. Junto con su otro hermano habían buscado refugio al norte buscando apoyos para ganar el trono de nuevo para la familia. La Rus de Kiev era uno de los estados más poderosos del norte de Europa y los movimientos alrededor de su control fueron siempre frenéticos, en parte también porque en realidad no era un estado sino una especie de confederación de principados, pequeños feudos de los que salían ambiciosos aspirantes al trono.

Hay diversas teorías sobre el origen de la Rus, según a que historiadores uno quiera estudiar. Una que parece bastante probable sostiene que una pequeña élite de Varegos, vikingos llegados de Escandinavia, dominó a una población original de tribus eslavas. Inferiores en número, pronto habrían adoptado la lengua y costumbres eslavas. El caso es que el estado prosperó rápidamente gracias a la abundancia de miel, cera, pieles y esclavos; y a su control de varias importantes rutas comerciales entre el Báltico y el Norte a un extremo y Constantinopla, el Mar Negro y Bagdad al otro.

Nuestro amigo Yuri era el menor de seis hermanos y había recibido de su padre el Principado de Suzdal, ciudad antigua y noble pero no demasiado importante. Durante toda su vida se dedicó a levantar fortalezas y aumentar su poder, pues como príncipe de la dinastía Ruríkida aspiraba también al trono de Kiev. Numerosas ciudades rusas tienen su origen en sus trabajos.

Yuri, de hecho, logró su objetivo. En 1149 conquistó la ciudad de Kiev, aunque apenas mantuvo su control dos años. Fue expulsado, pero en 1155 la recuperó, aprovechando el tiempo para establecer ese pequeño fuerte del que hemos hablado a orillas del río Moscova.

No disfrutó de un largo reinado pues murió envenenado en 1157 pero su papel fue clave para desplazar el  poder hacia el norte en un proceso que, con el tiempo, haría de Moscú el principado dominante cuando la Rus se descompuso en mil pedazos con la invasión de los Mongoles.

Mientras tanto Moscú no perdió ninguna ocasión de crecer. Moscú siempre ha sido el refugio natural de desesperados y desamparados de toda la llanura Rusa. Campesinos y refugiados huyendo de la Horda de Oro hace seis siglos, proletarios buscando un puesto en una fábrica en el siglo XX o Caucasianos y Uzbekos en busca de un futuro mejor hoy en día, podríamos decir que Moscú ha crecido casi siempre a su pesar.

El Kremlin de Moscú en sus primeros tiempos

Burgos en la estepa

Pero volvemos al siglo XIII. Los príncipes de Kiev y Galitzia, unidos en singular alianza, habían respondido al llamado de los Cumanos con decisión. Antiguos enemigos de la frontera oriental, ahora estaban demasiado asustados como para suponer una amenaza y traían noticias nada alegres del este acerca de un enemigo salvaje y sanguinario. Precavidos, los príncipes reunieron más 30.000 soldados junto al río Kalka, en la actual zona de Donetsk. Bien armados y valientes, habían derrotado ya los puestos avanzados de los mongoles y les restaba cruzar el río para acabar con el grupo principal, lo cual hicieron a mediodía. La victoria parecía posible por fin. Y sin embargo, perdieron.

Los mongoles atacaron con fiereza. Su caballería ligera atacó ambos bandos e hizo retroceder a los rusos hasta un perímetro defensivo formado por carros, pero fue inútil. Antes del final de la tarde la desbandada era total.

Tres días después el resto del ejército de Kiev cayó también y las consecuencias fueron desastrosas. La mayoría de los príncipes murió en batalla y el noventa por ciento del ejército sucumbió con ellos. Los restantes se rindieron ante la promesa de los mongoles de no derramar la sangre de los prisioneros, pero estos procedieron a amontonarlos atados unos encima de otros, al borde de la asfixia. Después colocaron una tarima de madera sobre los cuerpos y celebraron una multitudinaria fiesta encima. Todos murieron aplastados. Supongo que hay diferentes maneras de cumplir una promesa.

El saqueo de Sudzal, capital del principado

Esta batalla marca el comienzo del fin de la Rus y permanece en la memoria colectiva de Rusia. Algunos historiadores incluso quieren ver en los años de dominación mongola el motivo del atraso institucional ruso respecto a Europa y el origen de la tradición despótica-oriental allí, aunque esto no es compartido por todos.

El caso es que para el tema que nos afecta, que es Moscú, fue también un duro golpe. Tardaría años en recuperarse, aunque corrió mejor suerte que otras como Riazan, que simplemente desapareció de la faz de la tierra.

Y es que quizá va siendo hora ya de hablar de Moscú, como hemos prometido.

La última vez que la hemos visto teníamos una fortaleza de madera a las orillas de un río, un río cuyo nombre no tiene un origen claro. Algunas teorías lo relacionan con la palabra de origen proto báltica-eslava para “pantano”, “aguas estancadas o tranquilas”. Un río en un cenagal, pues, con una colina en medio, un buen lugar para defenderse de enemigos. Esta colina está distribuida en tres terrazas y su punto más alto llega a los 145m

Moscú alrededor del siglo XIV. Por hacernos una idea

Los primeros habitantes de la región eran de la tribu eslava de los Vyatichi y además de otros puntos de la zona ocuparon la colina que entonces se llamaba ”Borovitskiy“, nombre que recibe por los bosques de pino que había junto al río. Hay presencia humana desde el segundo milenio a.C pero el asentamiento que terminaría convirtiéndose en la ciudad de hoy data del siglo XI

Hemos visto que esta bien situada en la cabecera del sistema fluvial del Volga, lo cual le garantizó siempre cierto flujo de comerciantes y gentes de toda la región, pero lo cierto es que no se convirtió en una ciudad demasiado grande. Ni por asomo tenía las murallas que vemos hoy en día rodeando el Kremlin, que llegarían en el siglo XV, sino que tenía una de madera con un perímetro de unos 850 metros y un foso alrededor de 14 metros de ancho.

En las siguientes décadas creció bastante hacia el este, siguiendo el río Moscova en dirección al hoy soterrado afluente Neglinka, más allá del foso y hasta una gran zona despejada donde se celebraba el mercado. Aún es posible reconocer esta explanada en la ciudad moderna pero ahora la conocemos por otro nombre: la Plaza Roja.

Kremlin, por otra parte, hemos dicho que es la palabra para “ciudad alta”, pero etimológicamente es el equivalente al más familiar “Burgo”. La almendra central de la ciudad que recibe este nombre es el corazón de la ciudad, alrededor de la cual se han ido realizando a lo largo de los siglos sucesivos perímetros de murallas. Es, probablemente, una de las ciudades de Europa que mejor representa este tipo de ciudad radial de crecimiento por anillos, que es lo que al final nos ha traído hasta aquí. Y el Kremlin y sus murallas constituyen el primer anillo.

De cuando Moscú aún era un poblacho, y con todo es mucho después de lo contado hoy.

Pero la verdad, todas estas ventajas defensivas sirvieron de poco ante los mongoles.  Aunque aguantó el asedio durante cinco días, defendida por el hijo de Yuri,  finalmente los Mongoles tomaron la plaza. Una ciudad de casas de madera, completamente arrasada y quemada, se recuperaría sin embargo bastante rápido con la llegada de refugiados de otras zonas de la Rus y alcanzó pronto un tamaño respetable con el que en unos decenios disputaría su puesto de nuevo a sus vecinos. El desarbolado territorio eslavo iba a recibir pronto un nuevo impulso de manos de otra de sus míticas figuras fundadoras: Alexander Nevsky, el Santo.

Una historia circular

Lever House fotografiada por Ezra Stoller

I

La Lever House es un edificio construido en 1952 en el 390 de Park Avenue, Nueva York. Es unánimemente reconocido como uno de los principales hitos de la historia de la arquitectura moderna, uno de los primeros y más destacados ejemplos de “Estilo Internacional”. Fue diseñado por el despacho de arquitectura SOM, siglas de “Skidmore, Owings y Merrill”, que hoy en día es uno de los despachos más grandes del mundo, con rascacielos célebres por todo el globo (La torre Sears, el Hancock building, el Burj Khalifa… en Barcelona el hotel Arts es suyo)

Louis Skidmore y Nathaniel Owings, ambos de Indiana, fundaron SOM en el año 1936 después de algunos años trabajando por separado. Eran también familia política, pues Skidmore se había casado con la hermana de Owings. Aunque el despacho se fundó en Chicago, en seguida se transladaron a Nueva York.

Ambos respondían al prototipo de “Club man”. Dos personajes carismáticos, divertidos y elegantes, que se movían como pez en el agua en los ambientes del establishment WASP, blancos, anglosajones y protestantes. Pura expresión del patriarcado que diríamos ahora, una especie de personajes salidos de Mad Men pero antes de la segunda guerra mundial.

Los chicos de SOM, de fiesta, en su salsa

Eran brillantes a la hora de engatusar a empresarios con dinero que podía encargarles proyectos, expertos en limar asperezas entre clientes y contratistas y en “conseguir contactos”. No eran, sin embargo, tan brillantes cuando de diseñar se trataban. Pero afortunadamente ellos mismos debían ser conscientes, puesto que nunca dudaron en suplir esa carencia comprando el talento necesario. Así fue como en en 1937, sólo un año después de abrir el despacho, contrataron a Gordon Bunshaft.

Para quienes conozcan algo de historia de la arquitectura este nombre les será familiar, en incluso que puede que para parte del gran público, pues fue reconocido con el premio Pritzker (que la prensa gusta de llamar “el Nobel de arquitectura”) en 1988, junto con Oscar Niemeyer. Sin embargo en 1937 era un chaval de 28 años, recién graduado, sin experiencia laboral y que presentó como currículum una colección de fotos que había realizado en un viaje por Europa. Skidmore aparentemente supo ver su talento y le fichó sin dudarlo, dándole una plataforma para desarrollar algunos de los más brillantes ejemplos de arquitectura moderna.

Bunshaft delante de una de sus obras maestras

 

II

Lo que hizo tremendamente revolucionario el edificio de la Lever House cuando se terminó no fue sólo que era uno de los primeros edificios que respondía completamente a la imagen de la “caja de vidrio”. En 1952 en Nueva York sólo la sede de Naciones Unidas se aproximaba, y no es vidrio por los cuatro costados. Aún quedaban 2 años para la construcción del Seagram de Mies van der Rohe.

El diseño de la Lever es elegante y frágil  a la vez que estable, con un podio extenso que tiene una plaza pública y sobre el una sencilla caja de cristal verde (el único color disponible en ese momento). Pero uno de los rasgos llamativos de este proyecto es que la compañía Lever House renunció a la mitad de la edificabilidad del solar, cediendo ese espacio como espacio público y plaza de libre acceso.

El espacio interior de la Lever House, cedido al peatón

Pensad que hablamos de un solar en Park Avenue, una de las avenidas más exclusivas de una de las ciudades más caras del mundo. Nadie les pidió tal cesión, y la decisión fue tremendamente discutida en la propia compañía. La posición del presidente, sin embargo, prevaleció. Defendió que la publicidad que conseguirían con semejante gesto era mucho más valiosa que unos cuantos metros más en planta baja que alquilar a cualquier restaurante, y que explicarían al mundo entero como la fachada de puro vidrio sería limpiada regularmente con jabones Lever, pues esto es lo que fabricaba la compañía. Ciertamente el edificio destacaba con su completa ausencia de publicidad o letreros de neon, sobrio, moderno y magnífico.

El edificio goza de tal reconocimiento que es el único en Nueva York que fue reconocido como monumento (Landmark) por la Comisión de Preservación de Monumentos tan pronto cumplió 30 años (el mínimo requerido), en 1982.

1982, sin embargo, estuvo a punto de ser el último año de este famoso edificio. Su gran gesto, esa renuncia a la edificabilidad, lo convierte por otro lado en un pastel jugoso para cualquier gran promotora, que podría derribarlo y construir algo el doble de grande. Y esto estuvo a punto de suceder ese mismo año, pero un ruidoso movimiento de protesta encabezado entre otros por Jacqueline Kennedy Onassis consiguió esta declaración de Monumento y salvó el edificio, hasta hoy.

III

Lever Brothers era compañía británica fundada en 1885. Impulsados por una nueva tecnología para fabricar jabón desarrollada por el químico William Hough Watson, crecieron de manera espectacular. Comprando otras empresas y con factorías y plantaciones por todo el planeta, representan uno de los ejemplos de megacompañia del final de la era Victoriana. En 1925 se fusionaron con una empresa de margarinas holandesa y tomaron el nombre que ha llegado hasta nuestros días, Unilever. En 1930 tenían más de 250.000 empleados.

Una pregunta interesante es por qué una gran compañía industrial internacional, que no son conocidas habitualmente por su generosidad, renunció de esta manera a tantos valiosos metros cuadrados y además optó por un diseño tan novedoso y osado. La respuesta, como hemos anunciado, tiene mucho que ver con su presidente en ese momento, Charles Luckman. Y es que Luckman era arquitecto.

¿De dónde había salido este Luckman? Luckman era señor de Kansas, nacido en una familia judía, que desde los 9 años había soñado con ser arquitecto. Cursó estudios con muchas ganas en la Universidad de Illinois pero el esfuerzo que puso no fue suficiente para luchar contra una realidad mayor: Charles terminó la carrera con la nota más alta y en el peor momento posible: 1931, en mitad de la Gran Depresión que iba a arrasar el país y de la misma manera acabar con cualquier posibilidad de hacer carrera como arquitecto. Un poco como muchos compañeros míos que acertaron a entrar en arquitectura en el mismo momento en el que terminaba nuestra salvaje Burbuja Inmobiliaria, Luckman tuvo que buscarse otro camino para vivir y mantener a su recién fundada familia, y terminó dedicándose a las ventas.

Gracias a sus habilidades de dibujo, empleadas para para diseñar publicidad, fue fichado para el departamento de marketing de Colgate. Este aparente paso atrás no le hizo caer precisamente en la depresión.

Decidido a salir adelante, hizo una carrera espectacular en la empresa, cuatriplicando en pocos años los beneficios. Ascendió puestos de forma meteórica y terminó siendo Jefe de ventas. Fue portada de Times Magazine en 1937 como “Wonder Boy”, con menos de 30 años, en un año en que otros rostros fueron el Papa, Stalin y Virginia Wolf. Hoy con 30 años mucha gente considera como su mayor éxito haber conseguido un alquiler a menos de 3 horas de su puesto de trabajo.

Con 37 años fue nombrado presidente de la compañía y tres años después esta fue comprada por Lever y el fue ascendido a presidente de la misma. Su sueldo era de 250.000 dólares de la época. No intentéis hacer la conversión a precios de hoy, ya os lo digo yo: algo más de 3 millones de $ al año.

 

Luckman, hecho un chaval, presidente de Pepsodent

De esta manera es como Luckman subió a toda velocidad la escalera corporativa y el arquitecto frustrado se encontró al mando de una multinacional gigantesca. Desde esa posición promovió el diseño que haría célebre la nueva sede de la empresa, la Lever House.

Y cuando estaba buscando una compañía de arquitectura para construirla, Skidmore y Owings se presentaron como candidatos, llevando al siempre tímido Bunshaft a la reunión y esperando que se entendiesen mejor por ser ambos judíos. Bunshaft siempre dijo que en esa reunión no tuvo ocasión ni de abrir la boca, pero el caso es que SOM consiguió el contrato. Sin embargo, la construcción del edificio se iba a cobrar una víctima en Unilever: antes de completar el edificio, Luckman, el “chico maravilla”, dimitió de su puesto.

Mira que contento el chico, portada del TIME magazine. Si es que por verlo sonreir ya compensa.

Era el año 1950, había alcanzado un éxito incontestable y todavía era joven. Incluso había sido elegido como asesor presidencial para la reconstrucción de Europa y había recibido varias medallas cívicas en Francia, Italia y otros lugares. Pero el gusanillo le había picado de nuevo. Era el momento de volver a la arquitectura.

IV

Luckman Partnership, probablemente ayudado por sus contactos, consiguió entre sus primeros encargos el de diseñar la nueva sede de la compañía de licores Seagram. Sin embargo su primera propuesta fue rechazada y el proyecto terminó recayendo en Mies van der Rohe. Luckman se trasladó a Los Angeles, donde formó una asociación con William Pereira, del que (especulo) podemos deducir que algún remoto pariente gallego debía tener, esperando que su carrera despegase.

Y vaya si triunfaron. Se especializaron en encargos que, a priori, no suenan especialmente sugerentes para un arquitecto. Bases para la fuerza aérea, oficinas corporativas y aeropuertos. Incluso el Hotel Casino Flamingo de las Vegas.

Otra horrenda torre en Downtown LA, La Aon Tower
En cien años no encontraría una manera de hacer un edificio que fuese menos “Flamingo”

Luckman ni siquiera pretendió imitar el estilo del arquitecto artista que los europeos adoramos, un señor un poco loco, vestido siempre de negro como un vigilante del Muro y que trabaja con sus becarios sin sueldo en una oficina a la que insiste en llamar Atelier.

Todo lo contrario, trajo sus habilidades del mundo de los negocios y su talento para el marketing para darse a conocer. Con declaraciones grandilocuentes como “Me mantengo firme en mi creencia de que la arquitectura no es un arte sino un negocio”, decía justo lo que querían escuchar los grandes propietarios, ejecutivos de empresas y oficiales del gobierno. Se ganó el desprecio de la mayoría de los arquitectos mientras construía sin parar por todo el país edificios mundanos, cuando no horrorosos.

Con esta premisa de “la arquitectura es un negocio”, proyectaba edificios que podríamos decir de “estilo internacional” pero que salvo excepciones eran de una calidad mucho más cercana a la parte baja de la mediocridad que a tener algo de original.

Centro Lyndon B. Johnson de la NASA

En 1960, por fin, consiguió un gran encargo en Nueva York que seguro que reconocéis. A muchos probablemente os va a empezar a caer muy mal el bueno de Charles.

Y es que Charles Luckman fue el encargado de diseñar el nuevo edificio del Madison Square Garden, que se iba a levantar en el emplazamiento de la estación de tren más famosa de Nueva York: Pennsylvania Station. Sus días estaban contados.

V

La Penn Station era un descomunal edificio que ocupaba dos manzanas enteras. Diseñado por McKim, Mead & White, autores también del ayuntamiento de Nueva York, en estilo Beaux Arts; y terminada en 1910, era la puerta de entrada para millones de pasajeros cada año a la ciudad de Nueva York. Testigos de aquella época dijeron que la soberbia estructura no te hacía sentir confortable, sino importante.

La grandiosa Penn Station

La estación había dejado de ganar dinero los últimos años por una cierta reducción de viajeros en tren. Desgraciadamente para la ciudad, el edificio era privado, había sido en cierto sentido un regalo para la ciudad, pero sus propietarios no estaban dispuestos a perder dinero. Dejaron el edificio languidecer sin mantenimiento hasta que el mármol rosa se volvió gris y la estación se llenó de roña, intentando que la gente opusiese menos resistencia a la hora de derribarlo.

Y cuando llegó el momento, Luckman fue desafiante. En los debates que se sucedieron esos días afirmó “¿tiene sentido conservar un edificio meramente como monumento si ha perdido su función?”, frase que provocará un ataque en cualquier amante del patrimonio que la lea. Sin embargo, no había en ese momento un movimiento fuerte de conservación. Se organizó alguna manifestación a la que asistieron menos de 200 personas. Timoratos manifiestos fueron escritos, publicados en periódicos e ignorados. Y la estación, finalmente, fue demolida.

La demolición de Penn Station

En su lugar Luckman construyó este horrible edificio, terminado en 1968:

Madison Square Garden. Fascinante diseño lleno de humanidad y amor

Y no paró aquí. Crecido, entró en el mundo de los grandes negocios inmobiliarios y la promoción. Construyó varias torres en el centro de Los Angeles. En 1970 propuso demoler la biblioteca central de Los Angeles, que se conoce que le incordiaba. Pero esta vez no se saldría con la suya.

Los Angeles Central Library. Se ve que tampoco le gustaba

A raíz de la destrucción de la Penn Station se había despertado el movimiento proteccionista. En Nueva York se fundó la Comisión de Conservación del Patrimonio. Decenas de edificios fueron clasificados y protegidos, y desde entonces los edificios con más de 30 años gozan de cierto respiro. La lógica implacable del capitalismo fue frenada en su mismo corazón, en parte. Y uno de los edificios protegidos por esta asociación fue, precisamente, la Lever House, construida gracias al impulso de Luckman y que como hemos comentado estuvo a punto de ser demolida. Y aquí se cierra el círculo de esta historia.

Muchos años más tarde parece que el entusiasmo de Charles se moderó bastante. En 1994 donó varios millones a una fundación y dijo en un discurso: “Siento que ha habido demasiado énfasis en el negocio y en la aproximación “pragmática” a la vida, y que es momento de tomar un profundo respiro colectivo y recordar que nosotros establecimos este país con una Cultura”

A buenas horas, colega

En fin, parece que la idea le llegó tarde. Quede aquí esta historia que nos ha llevado desde una empresa de jabón hasta Penn Station, pasando por todo Estados Unidos, y volviendo al mismo hombre.

La ordenación del Nuevo Mundo – y IV

La serie que termina aquí hoy comenzó con una introducción aquí y los primeros emocionantes pasos aquí, después de la cual continuamos con la tercera parte aquí

La cuadratura del círculo

Él grupo de representantes enviados a Columbus, capital de Ohio, está contento. La Asamblea General, órgano legislador del estado, ha dado el visto bueno para lo planes de remodelación de la ciudad. Importantes hombres de negocios y especuladores profesionales brinda en algún salón de la todavía diminuta ciudad, fundada apenas veinte años antes y que no pasa de los 3000 habitantes. Corre el año 1837 y acaba de ser constituida la “Compañía para la cuadratura de Circleville”. El principal obstáculo para el desarrollo de la ciudad desaparecerá pronto y el futuro sólo puede deparar un crecimiento espectacular para la ciudad, o al menos eso cuentan a cualquiera que quiere escucharles.

A la mañana siguiente recorrerán los cuarenta kilómetros que les separan de su ciudad y acabarán con la principal seña de identidad y, para ellos, terrible lacra, que tiene la ciudad: sus calles.

Nos referimos a esto, claro:

Plano original de Circleville en 1836, con su inusual diseño

Realmente Circleville es un caso excepcional, una de las pocas ciudades en el efervescente desarrollo urbano de Estados Unidos que no ha sido fundada en base a una retícula ortogonal tan aburrida como rigurosa. Su fundador quiso hacer algo original, con el juzgado como centro de la ciudad y un boulevard noble alrededor. Menudo disparate. Encarece los costes de los edificios al no poder hacer paredes rectas, se desperdicia espacio y los solares son más difíciles de vender. Pronto todo ello será historia. Como historia fue Circleville, por otro lado. Nunca en el siguiente siglo llegó siquiera a los 10.000 habitantes, pero seguramente a esos empresarios no les importó. Hicieron sus negocios, recogieron beneficios y buscaron la siguiente oportunidad. Eso es Estados Unidos: el paraíso de la especulación urbanística.

Circleville una vez triunfó la mediocridad. Personality not found

La fiebre del ladrillo

Ya hemos descrito el sistema de reparto de las inmensas extensiones de tierra virgen americana. El modelo de colonización del país propiciado por la Ley de Ordenación es completamente diferente a todos los ocurridos en la historia. Hasta entonces la colonización siempre ha pivotado alrededor de la fundación de ciudades. Desde las colonias griegas hasta las ciudades españolas fundadas por toda América, la ciudad es un punto de control y comercio a partir del cuál se extiende el control del territorio. Ya no, no aquí.  Las directrices de la ley de Jefferson y la firme decisión de no ejercer ningún control sobre el libre albedrío de los ciudadanos para decidir donde o como establecerse se hacen notar.

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perspectiva de Topeka, soporífera capital de Kansas

Aparecen ciudades a intervalos regulares cada día. Partiendo de la normas tan sencillas como contundentes establecidas por Jefferson, tramas urbanas clónicas crecen de la noche a la mañana. El mundo es un lienzo en blanco y es imposible saber a priori que lugar se convertirá en una metrópoli y que lugar morirá en diez años. Si habéis leído “La ciudad de los prodigios”, de Eduardo Mendoza, quizá recordéis los capítulos dedicados a la especulación urbanística en el Ensanche barcelonés. Los rumores sobre la ubicación de paradas de ferrocarril o servicios disparan o hunden el valor de terrenos.

En este caso es exactamente igual, pero a escala país. El Gobierno de Washington está comprometido a mantener la más estricta neutralidad en este proceso, por lo cual su inversión es entre reducida y nula (tampoco es como si tuviesen dinero para hacer nada). Dejado al libre mercado, las ciudades son la jungla. Sobre el papel cualquier parcela es igual que otra y la malla cuadriculada de las ciudades es garantiza el valor de cada una, pero en la práctica eso es imposible. Simplemente llamar a una calle “Main” y a otra “Market” ya crea un centro. Basta que un inversor construya el primer hotel en cualquier lugar para que el terreno a su alrededor se dispare.

La igualdad, por tanto, no existe. Lo que si quedará de esta época es un urbanismo increíblemente pobre y simplón, y una ausencia total de cualquier clase de amenidades, desde museos hasta parques públicos, plazas o boulevares. Un parque en un lugar de la ciudad sería destinar impuestos de un ciudadano a mejorar la vida de otro, y alteraría el valor del terreno. Más bien, los terrenos vacíos se venden rápidamente al mejor postor sin reservar nada: lo que no venda la administración actual lo venderá la siguiente, así que mejor hacer caja hoy. Hasta el 60% de los presupuestos de estas ciudades de frontera venían en esos momentos de la venta de tierras.

Es sorprendente que tampoco a los inversores privados les pareciese una manera interesante de atraer clientes el construir parques, teatros y otros entretenimientos. En los archivos históricos encontramos las publicidades de la época, que insisten en terrenos “saludables” y en el “crecimiento potencial”.

La inspiración para estas ciudades es casi siempre Philadelphia, urbanísticamente una ciudad mediocre de la que su fundador estuvo a punto de renunciar porque no estaba consiguiendo los beneficios económicos esperados. La influencia es tal que hasta los nombres de las calles se copiaron en sucesivas ciudades.

El mapa de una obsesión: calles anchas para evitar incendios. No hay más ideas.

En lo que si se gastó un considerable esfuerzo fue en labores de alteración de la topografía.

A fuerza de pico y pala, millones de toneladas de tierra y roca cambiaron de lugar en la búsqueda de parcelas más planas, más fáciles de vender. Es posible que cuando habéis leído el ambicioso pero ingenuo plan de reparto hayáis pensado: en las llanuras infinitas del Midwest, pase, pero… ¿las Rocosas? Eso ya es otra cosa. Y sin embargo se hizo. Los topógrafos siguieron su recorrido, implacables, alterando sus líneas sólo para adaptarse a la curvatura de la Tierra, tan grande es la escala de la empresa.

Y en las ciudades el territorio es violentado con saña también. Manhattan, por ejemplo, una ciudad que quienes hayan visitado recordarán plana pero que en su momento tuvo más de 500 colinas, 100 kilómetros de arroyos, decenas de pantanos… Un territorio rico y unos ecosistemas complejos, todo ello aplanado sin piedad. Podéis explorar la isla con este mapa: Mannahatta

diagrama con los cambios sobre el territorio de Manhattan: rellenos, desmontes y terraplenes
Superposición de la trama urbana sobre el variado territorio original de la isla

 

No es el único caso, evidentemente, aunque tampoco tenemos que citarlos todos. Los rellenos de terrenos en Boston, las montañas aplanadas. O San Francisco, un paisaje natural extraordinario que fue miserablemente ignorado para superponerle una trama ortogonal absurda. Sólo cientos de películas después hemos llegado a encontrar cierta belleza en estos diseños monótonos y sin personalidad.

mapa de San Francisco sobre la topografía de la península, diseñado por un tabernero

Conclusiones

Es cierto que las grandes metrópolis americanas se convirtieron en ciudades vibrantes, emocionantes, donde todo podía encontrarse y todo podía pasar, pero desde luego no es una característica que le deban a su urbanismo sino a la increíble vitalidad y progreso económico de su época. Todo cambiaría a partir de los años 40-50, con la decadencia de las ciudades americanas, pero eso debe ser contado en otra ocasión.

Por ir terminando, espero que quede una idea general de cómo las bases para todo esto que he contado vienen directamente de la Ley de Ordenación Nacional. Toda la historia urbana de Estados Unidos deriva de una serie de principios ideológico-filosóficos combinados con el reconocido carácter pragmático y ante todo comercial de sus ciudadanos.

El mar a tu espalda y el horizonte infinito enfrente. Litografía de F.F. Palmer

Dos elementos principales fueron el caldo de cultivo necesario: por un lado un gobierno central con unas ideas extremadamente ambiciosas inspiradas por la necesidad de recursos pero también por unas ideas filosóficas fuertes como la libertad individual, la independencia de sus ciudadanos y la renuncia expresa y decidida a controlar su comportamiento.

Por otro, una población creciente, numerosa, volcada hacia la idea de progreso material a todo coste, con grandes ambiciones, poderoso individualismo y creencia absoluta en la bondad del mercado sobre el gobierno. Millones de personas deseando desembarazarse de todo lo antiguo combinadas con un ambiente de especulación y crecimiento como nunca el mundo ha visto, descontando quizá la China moderna.

El resultado de este proceso y estas ideas es el fondo ideológico de esa nación: el Destino Manifiesto, la idea de que América es el país elegido y que tiene una Misión sobre la Tierra. Una idea que a los descreídos europeos nos suena extraña o incluso ridícula, pero sin la cual es imposible entender la historia de Estados Unidos. Quizá otro día hablaremos de ella.

Westward Ho! Mural de Emanuel Leutze. La era del optimismo.

 

Brunelleschi, el arquitecto moderno – y V

En capítulos anteriores de esta serie tenemos la primera parte, la segunda, la tercera y la cuarta. Con esta se acaba todo ya.

Brunelleschi quedándose con la gente con lo del huevo, según Fattori

 

Final de obra

Con la obra controlada Brunelleschi empezó otras obras diversas por toda la Toscana y más allá, trabajando para los más importantes príncipes de su época y levantando iglesias y palazzos. Se movía entre lo más selecto de la sociedad y prosiguió su carrera hacia el estrato social que siempre quiso ocupar.

Adelantándose 600 años a Silicon Valley (ya, ya, tampoco es que lo inventaran allí), ordenó construir comedores y cocinas en la parte alta de la obra donde los trabajadores podían comer gratis, pues así no perderían tiempo en los desplazamientos. Externalizó la producción de la decoración a talleres lejanos, que sólo tenían que seguir sus planos y dibujos fielmente, evitando la necesidad de comprobar los resultados en persona. Privados de su libertad artística, convirtió a maestros talladores en obreros en cadena.

Dedicó mucho tiempo a promocionarse a sí mismo entre la nobleza y a fortalecer el aura de genio que todo lo sabe y de maestro que había recuperado el “saber antiguo” y vivió años obsesionado con la “propiedad intelectual” y con que no le copiasen. De hecho, si no me equivoco, la primera patente reconocida de la historia a un invento fue para él por un artefacto para transportar mármol a lo largo del río, il Badalone, patente que le concedió exclusividad y derecho a quemar cualquier nave parecida por un periodo de tres años. (El invento resultó ser una mierda y se hundió pero no vamos a cebarnos con él)

Il Badalone
Il Badalone, artefacto para transportar piedras a lo largo del río y hundirlas a mitad de camino

Desde Brunelleschi, el prestigio de un arquitecto ya no dependería de su habilidad manual, de lo bien que se le diese tallar, serrar o esculpir, sino de sus ideas. Quedaban independizados de la categoría de artesanos y pasaban a ser “otra cosa”. Ahora le llamaría “economía del conocimiento” o algo parecido.

Y mientras tanto, año a años, la cúpula siguió creciendo, irguiéndose orgullosa sobre la ciudad, la mayor obra realizada en siglos en esas tierras.

 

El último gesto de Brunelleschi es muy simbólico: consolidada su autoridad y su prestigio en la ciudad, Filippo encara a la última estructura medieval que le queda por derrotar: los Gremios.

En el año 1334, sin previo aviso, rehúsa pagar la cuota obligatoria del Gremio. Según la estrictísima norma de la época esto le debía haber costado la inhabilitación absoluta, puede que incluso la cárcel por deudas o el destierro. Pero llegados a este punto se ha hecho completamente imprescindible para que todo funcione. La Comuna y la dirección de la Catedral no quieren dejar la cúpula sin terminar a estas alturas, con la obra a la mitad y muchísimo dinero invertido y le apoyan por completo. Al Gremio no le queda otra que bajar la cabeza y quebrar sus propias normas.

Brunelleschi ha ganado, y en su obra es el rey.

Epílogo

(no pensarías que te ibas a librar ya)

 

Hay debate acerca de si Brunelleschi es responsable de la revolución en la forma de entender la arquitectura o un mero ejecutor de las tendencias inevitables de su tiempo. Quizá la complejidad de la economía y la sociedad había llegado ya al tope de lo que era posible gestionar con la estructura descentralizada de los gremios y la sociedad medieval y todo esto tenía que pasar más temprano que tarde. Ya sabemos que la historia la escriben los vencedores y la figura de Brunelleschi fue ensalzada por sus sucesores de manera interesada.

Es cuestionable hasta qué punto se puede decir que sea un “genio”. En su época no se le consideró especialmente culto pero si dotado de una gran memoria, capacidad de organización y disciplina. Desde luego no fue torpe en absoluto pero en la ejecución de los detalles y en ciertos elementos se nota que su método es todavía nuevo.

Es cierto que el relato renacentista, que es el que todo el mundo conoce, se esforzó mucho en la visión de la Edad Media como un periodo oscuro y bárbaro (falso falsísimo), y que los artistas del Renacimiento vinieron a “recuperar” las grandes habilidades de los antiguos, pero hoy en día sabemos bien que esto no es cierto. No hay ruptura en la tradición arquitectónica. Desde los romanos hasta el gótico, pasando por el románico, vemos una lenta evolución en las formas y las estructuras, no un agujero negro. Cierto que se perdieron algunas técnicas en algunas zonas, aunque habría que saber si no fue simplemente porque su necesidad desapareció: ¿era necesario hacer cúpulas como la del Panteon cuando lo que se estaba construyendo eran pequeñas parroquias en un mundo en que la gente había vuelto al campo? ¿Qué sentido habría tenido hacer Basílicas gigantescas?

Es un poco iluso pensar que Francesco Talenti, el anterior encargado de las obras, proyectó la planta de la catedral sin tener ni idea de cómo cerrarla. La forma final de la cúpula, como el propio Brunelleschi sabe, no depende de una “idea genial” sino que probablemente no hay otra manera de construirla que la que él empleó. Es, como todas las catedrales góticas, un intento más de llegar al límite posible de un sistema constructivo. La principal innovación de Brunelleschi está en el aparejo en espina de pez y en el rigor y la aproximación científica al proceso (Filippo no era un científico pero hizo venir a gente como Pablo Toscanelli para que le ayudasen con los cálculos), y también en la “intención estética” dentro de un proyecto global.

Cúpula a escala con el aparejo en espina de pez, realizada por Brunelleschi para ensayar su método

Brunelleschi rechaza totalmente el recurso al pequeño detalle, esa infinidad de gárgolas, volutas y tallas de las catedrales francesas. Este es un gran volumen de ladrillo masivo, sencillo, con aspiración de ser una semiesfera aunque no puede serlo constructivamente. Su presencia queda reforzada por las cerchas blancas que marcan los nervios del tambor de la cúpula. Pero esto no hace honor a la “verdad” constructiva. La cúpula no está construida con ocho nervios, sino con veinticuatro, y de hecho los mármoles blancos que vemos no siguen exactamente esos nervios sino la forma elíptica de la cúpula en su línea de máxima pendiente.

¿Qué quiero decir con esto?

Que Brunelleschi no busca “mostrar la construcción” sino crear una “ilusión de estructura”. Unos años después Alberti se refiere a lo mismo cuando comenta los puntos de Vitrubio (Firmitas, Utilitas, Venustas) y dice que el “firmitas” no es simplemente que el edificio se aguante (es obvio que se aguanta, pues si no, no sería un edificio), sino que además debe “aparentar que se aguanta”. Por ejemplo, poniendo pilastras que parecen enormes columnas pero no aguantan nada. Es la arquitectura como representación.

Y respecto a la decoración y la recuperación del lenguaje clásico… bueno, eso es un poco un cuento, la verdad. En realidad lo que hacen los renacentistas con sus cuadernos de bocetos es crear un sistema, un abc de detalles romanos de los que no te debes salir. Porque… ¿existe un “lenguaje clásico”?¿Acaso son iguales los capiteles de las columnas en el Orange, Francia que en Jerash, Jordania? Por supuesto que no. La “cultura clásica” abarca más de mil años y las variedades son infinitas a lo largo y ancho de un territorio vastísimo. Los renacentistas eligen una serie de elementos que les gustan a ellos, los redibujan, dicen que han encontrado la “esencia romana” y ¡chas! Ya está todo dicho. De hecho, al final Brunelleschi descarta casi todo y se limita prácticamente a una versión muy concreta del Corintio. Todo sigue un manual, una gramática.

Arco triunfo Orange
El arco de triunfo de Orange, Francia…
…y el de Jerash, en Jordania. Los romanos no tenían un estilo uniforme que se pudiera “recuperar”

En el fondo los edificios renacentistas son edificios modulares, o aspiran a serlo, con unas normas sencillas: después de columna va siempre entablamento, después siempre arco, blablablá. Reglas claras y chocolate espeso.

No es trivial este etiquetado y sistematizado, pues es el primera paso para que todo ya se puede producir con un control de calidad altísimo y el resultado final no dependa del artesano que te toque, pero forma parte de un proceso que es común es su época y está pasando con la industria textil, por ejemplo

. Un ejemplo, el último (intuyo que me estoy poniendo intensito y no creo que quede nadie leyendo esto, soy como Brunelleschi gritando cosas como un loco a los Gremios). Cuando Brunelleschi encara la construcción de los Inocentes recurre a su amigo Francesco della Luna para que lleve la obra, pues el sigue de ruta por las cortes de Italia convenciendo a nobles de que metan dineritos en hacer edificios con los que alcanzar fama inmortal como un buen Calatrava de la vida. Cuando al cabo de un tiempo va a visitar la obra, ve que ha realizado un arquitrabe al revés de como él lo había pensado y se lo echa en cara. Della Luna intenta defenderse diciendo que ese detalle lo ha tomado del tempo de San Giovanni, que es antiguo, y Filippo le contesta: “en ese templo sólo hay un error, y tú lo has copiado”

¿No es fantástico esto? El templo antiguo está mal porque no se ajusta a lo que él y otros renacentistas han establecido que es el verdadero estilo romano. Porque a Brunelleschi no le interesa el pasado de verdad sino una representación del mismo.

En fin, toca ir concluyendo porque llevo ya unas seis mil palabras sobre un señor que seguramente ni os va ni os viene. Brunelleschi, como veis, es uno de los primeros arquitectos de la historia cuyos esquemas mentales y de trabajo podemos reconocer casi como propios. Con él la arquitectura da un salto conceptual de gigante. También vemos que muchas cosas que creemos que son inventos “nuestros” puede que sean más antiguas de lo que imaginamos.

Control, sistematización, línea de producción. Huelgas obreras, ponerte un comedor en el puesto de trabajo. Separación proyecto intelectual-obrero manual. ¿Vaya, pero esto no lo habíamos inventado todo en el siglo XX? It’s very difficult todo esto.

Hay muchísimas cosas más que contar sobre Brunelleschi y sobre la arquitectura del renacimiento, claro, pero creo que de momento vamos a dejarlo aquí.

Duomo Firenze